En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Anastasia Shuraeva
Picture of Kenya Michelle Robles López

Kenya Michelle Robles López

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Vallejo

Kenya Robles, mujer-ceiba. La encuentras en problemas bioéticos, leyendo un libro o escuchando k-pop. .

Cinco, seis años

Número 6 / AGOSTO - OCTUBRE 2022

Me di cuenta que necesitaba ayuda, pero conseguir ayuda psicológica gratuita parecía una tarea inconmensurable

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Kenya Michelle Robles López

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Vallejo

Empecemos por ser francas, yo sufrí abuso sexual de niña. A raíz de eso siempre veía a mi cuerpo como causante de mis problemas. Odiaba mi cuerpo, ¿por qué fui abusada?, ¿qué delito cometí teniendo apenas 5-6 años? Ya de adulta ese dolor sólo se acrecentó más. Necesitaba de la aprobación de los hombres, olvidé mencionarlo, soy una mujer cis (sí, es importante que sepan mi postura política), bisexual (heterosexual para mi familia), para reconocerme a través de ellos. Así mi cuerpo dejaría de parecerme horrible, sabiendo que otros me deseaban podía reafirmar que existía. Sin embargo las exigencias eran muy altas, debía ser lo suficientemente delgada, pero no de todo mi cuerpo; lo suficientemente alta, pero no más que el chico que me gustaba; lo necesariamente bella (hegemónica), pero no tanto para no llamar demasiado la atención; lo suficientemente en todo, pero nunca más que el hombre que me gustaba. Spoiler: nunca era lo suficiente.

Viví años bañándome sin ver mi cuerpo. Lo odiaba. Odiaba el sexo oral porque me recordaba a mi abusador, odiaba que tocaran mi cuerpo pero anhelaba existir en algo, en alguien.

Hace exactamente 2 años, 32 días, un ex novio trató de abusar de mí: me golpeó, me gritó, me humilló y hasta dinero me robó. ¿Qué mayor prueba de que existir en otros hombres me llevaría a mi ruina? También hace exactamente 10 meses empecé a tener pensamientos suicidas. Nunca sería lo suficiente, siempre sería un monstruo, una masa amorfa que todos repudian. Entonces inicié mi búsqueda por formas de suicidarme, y un día tomé la decisión. Después de las compras del mercado lo haría. Al llegar, mientras dejaba las cosas en la mesa mi perro Budy se acercó y comenzó a lamerme, entonces me tiré al suelo a llorar mientras él lamía mi carita. ¿Qué habría sido de mí sin Budy en ese momento? Me di cuenta que necesitaba ayuda, pero conseguir ayuda psicológica gratuita parecía una tarea inconmensurable.

Pasado un mes, llegó una alumna a mis clases, quería certificar su primaria en el INEA. La escuché, actividad que me gusta mucho realizar. Siempre comienzo por saber por qué desea continuar sus estudios, y siempre por consecuencia me terminan contando el porqué los tuvieron que dejar de lado. Mi alumna sufría acoso sexual por parte de su hermano, entonces huyó con el primer pretendiente que encontró ( a sus 14 años) y este, de 23 años, lo único que hizo fue seguir abusando de ella de maneras que por respeto a mi alumna no mencionaré. En ese momento sentí una necesidad imperiosa de encontrar ayuda para ella, y así lo hice. Pero me di cuenta que al ayudarla a ella también me ayudaba a mi. Encontré la ayuda psicológica gratuita ofertada por la UNAM (créanme, no es comercial, es una historia real). Quizá luego les cuente de mi alumna, de momento sólo es necesario que sepan que logré acceder a la ayuda terapéutica.

No quiero que sientan lástima ni tristeza, esta no es una historia triste. Tras 9 meses de terapia fui dada de alta. Quizá no sea ético contar esto, pero el último día de terapia mi psicóloga y yo lloramos, nos sentíamos satisfechas y contentas de que mi vida había cambiado por completo. Había no sólo salido de la depresión sino que abrazaba mi independencia, mi cuerpo y mi salud más que nada.

La ayuda psicológica no es un privilegio para aquellas personas que pueden pagar $500 pesos la hora, pero sí para aquellas que deben esperar 1 mes a que les respondan en las que son gratuitas, puede ser demasiado tarde. Abrazo a la psicología y a la psiquiatría.

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