Drainers
Por J. H. Jauffred
El pueblo unido siempre se mantiene
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
En estas mañanas grises todo sigue igual. Por la mañana me levanto, me doy un baño, desayuno y salgo de casa; y ya voy tarde.
Recuerdo con nostalgia cuando acompañaba a mis papás al centro, nos subíamos a una combi con destino al metro Indios Verdes con la lista de compras para el negocio familiar; y hoy me subo a la misma combi, nada ha cambiado (para mi desgracia).
Todo sigue igual. Esa vieja camioneta que llevaba a mi papá al trabajo es la misma que me transporta a la universidad. El metal crujiente de la carrocería es ensordecedor, pero no tanto como el silencio que asfixia después de un “Cámara mi gente, ya se la saben”; siempre existe el riesgo de que seas el próximo, pero nunca el último.
Alguna vez me pareció escuchar que el transporte no subiría el precio, pero fue una dulce mentira. Siempre parece que las cosas serán diferentes, que esta vez sí será la buena; tal vez sí es la buena, pero, ¿de quién fue la buena? Porque de nosotros no ha sido la buena desde hace… bueno, nunca ha sido la buena.
Alguna vez (entre sueños y promesas) me dijeron que con el aumento todo iría para mejor, me sentiría en el primer mundo.
Y me gusta pensar que con esos $2 extra tendremos nuevas camionetas, más seguras y limpias; quizás sea casi improbable terminar embarrado en un muro de contención, porque nuestro transporte iba perdiendo la carrerita; tal vez finalmente seremos tratados con un mínimo de decencia, y no como bolsas de papas que pueden “recorrerse hasta el fondo, pues todavía hay espacio”. No sé, siempre peco de soñador. Ya perdí la cuenta de cuántas veces pasé a otra micro porque ya no dio para más, o porque chocaron por ganar el pasaje. Tantas veces que parece parte de la experiencia. No entiendo cual es la lógica que hay detrás. “Son sólo $2” oigo decir, y claro que son sólo $2, pero si hago las cuentas me echaría a llorar. Sabrá Dios a dónde parará ese dinero exigido, ¿acaso será para comprar más alambre que mantenga junta la unidad? ¿Servirá para polarizar más los vidrios y que no sepas qué pasa adentro? ¿Puede que lo usen para tener aromatizante del morado? Quién sabe, porque las unidades nuevas son un mito de cuentos fantásticos, y del sueldo de los conductores mejor ni hablar. Sabrá Dios, igual y ese dinero exigido y reclamado termina en el País de las Maravillas, donde sea que quede.
No sé, siempre peco de soñador. Tal vez si me sobra dinero que antes no tenía, puede que me alcance para pagarme unos sueños, cosas locas como dormir más en mi cama que sobre el hombro de un extraño.
Y me gusta pensar que si pago $5 más puede que me alcance para que desaparezcan el transporte privado que tiene secuestrado mi estado; puede ser que con $10 más por fin construyan un metro a haya Metrobús, Trolebús y Mexibús; si peco un poco más de soñador, con $100 extra pueda pagar para que viajar 5 horas al día sea sólo un desabrido recuerdo del ayer en mi municipio, así dejaría atrás la larga marcha que es la tónica de todos los días; a lo mejor con $100 todo dejará de estar en la capital, acaso si pagamos eso tendríamos escuelas y trabajos cerca de nuestros hogares, puede que la periferia deje de ser vista como los apestados, los mexicanos de segunda, los que sobran, los del “Establo de México”. Si así fuera, pagaría ese dinero de más con mucho gusto, pero no es así.
Por Ricardo Arévalo Garzilazo
“La historia no se repite, pero rima” – Mark Twain
Por Jaziel Arath Hernández Salazar
¡Déjennos vivir nuestra propia Edad Media!
Por Salvador Padilla García
La intervención militar no puede ni debe presentarse como la solución
Por Gerardo G. Abonce
¿Realmente quién se beneficia con el aumento al transporte público?
Por Genaro Flores Paredes
Reflexiones alrededor de la geopolítica actual y la lucha de clases