Facultad de Estudios Superiores Acatlán
Facultad de Estudios Superiores Acatlán
La música es diferente para cada persona, a algunas les gusta el pop, a otras las rancheras, a algunas el rave. Sin embargo, sin importar el tipo de música que escuchemos, indiscutiblemente usamos una plataforma para oírla, ya sea Spotify, Apple Music, Deezer, YouTube o sus variantes, o, a veces de formas no muy legales.
Cada año este tipo de plataformas lanza un Wrapped, un resumen que recopila las estadísticas de la música escuchada a lo largo del año, personalizado para cada individuo. Esta experiencia inició con Spotify en 2016. Según El Espectador, la plataforma cuenta con más de 640 millones de usuarios activos al mes y busca generar conversación en torno a la música.
Este resumen está personalizado por persona, país y género musical. Y aunque todos los años nos divertimos al descubrir que escuchamos sin parar a Enjambre o a Taylor Swift, surge la pregunta, ¿qué significa la música para nosotros al finalizar el año?
Para Jesús Arcos, estudiante de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, la emoción de saber cuál fue el artista más escuchado de su año le genera curiosidad. Aunque puede adivinar algunos nombres, también recalca la importancia de dar visibilidad a los artistas con su “top más escuchado”. Durante todo este año, la música lo acompañó en los buenos y malos momentos: “La música que escuché me ayudará a recordar estos momentos en el futuro”, comentó.
Pero, ¿qué sucede con la música en nuestra mente? La música activa nuestro cerebro emocional. Según un artículo de la Universidad del Rosario en Colombia, las notas son capaces de aumentar nuestro ritmo cardíaco y respiratorio, producen sensación de escalofríos y pueden conmovernos hasta el llanto o el júbilo. Esto se debe a que escuchar música activa áreas del sistema límbico, la estructura central encargada del procesamiento emocional.
Además, la música evoca recuerdos. Por esta razón, se ha utilizado para ayudar a personas con Alzheimer, como se describe en el documental Alive Inside (2014), en el que la fundación Music and Memory se dedica a mejorar la calidad de vida de adultos mayores en asilos mediante la música.
Por otro lado, para Violeta Ortiz, maestra de distintas disciplinas artísticas en el Centro Cultural José Martí, ubicado en la estación de metro Hidalgo, la música son ritmos que conectan a las personas y unen a las comunidades. Además, al mezclarse los instrumentos, se crean piezas que son del disfrute para todos.“La música no es algo que existe, es algo que sucede”, afirma uno de sus alumnos, César Mondragón.
La recapitulación musical es importante para entendernos a nosotros mismos, saber a quiénes escuchamos y recordar aquello que nos hizo felices durante el año. Para algunos, también es una vía de escape, gritar en un concierto a todo pulmón puede aliviar el estrés y la fatiga (aunque deje dolor de garganta al día siguiente). Existen incluso terapias musicales y sonidos específicos para concentrarse, e incluso quienes escuchan ondas para atraer la fortuna o el dinero.
A pesar de los cambios de ritmo, las estadísticas y las hormonas que se liberan al escuchar nuestra canción favorita, todos concordamos en algo, la música alivia nuestra alma, llena los espacios caóticos y ruidosos con melodías que nos recordarán por siempre momentos como nuestro primer beso, o la primera vez que terminamos con nuestra expareja.
Por esto, la música, aunque ahora sea capitalizada y utilizada por diferentes empresas para ganar suscriptores o reproducciones que pretenden ofrecer solo entretenimiento, sigue siendo una experiencia emocional que conecta con nuestra identidad, memoria y comunidad. El resumen anual se convierte, entonces, en un reflejo de quiénes fuimos este año y lo que construimos. Al final, más allá de las estadísticas y las listas, genera un impacto tanto personal como colectivo, ya que este compendio lleva consigo nuestras emociones y experiencias.
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