La ley de los no nacidos
Por: Isabella Vega Valero
Las ausencias también pueden volverse multitud
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
El cielo se viste de gris oscuro y pesado,
las nubes se amontonan como miedos guardados,
el relámpago tiembla y espera,
teme salir al mundo, teme no encontrar su lugar.
Él es el destello que anhela iluminar el vacío,
pero teme que al caer solo cause espanto y ruido,
se enrosca entre el aire y el agua,
preguntando si su fuerza será suficiente o será vana.
Entonces el trueno habla, con voz profunda y temblorosa,
él también tiene miedo, aunque parezca poderoso y osado,
su estruendo es un grito que lucha por ser escuchado,
un temblor en el corazón, un llanto disfrazado.
“¿Qué pasa si al caer me rompo en mil pedazos?
¿Qué pasa si mi luz no alcanza a nadie?”
Así piensan mientras se preparan para descender,
dos hermanos de la tormenta, con sentimientos al descubierto.
Ellos caen juntos, el rayo y el estruendo,
su miedo se hace grande, se expande en el silencio,
el destello se pierde en la nada sin dejar rastro,
el estruendo se desvanece como un susurro olvidado.
Nada cambia, la tierra sigue estancada,
su esfuerzo es invisible, su existencia pasajera,
siguen temiendo en cada tormenta que llega,
condenados a caer sin nunca ser comprendidos.
Por: Isabella Vega Valero
Las ausencias también pueden volverse multitud
Por: Quetzalli Torres Hernández
Preguntas desde una tristeza profunda e ira irracional