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Muchas veces siento que no soy lo suficientemente feminista. Digo, ¿quién soy yo para hablar del feminismo cuando nunca en mi vida he ido a una marcha del 8 de marzo?
No conozco a detalle la historia del feminismo, no me son familiares las diferentes olas y corrientes feministas, no soy una activista de renombre que pasa su tiempo dando discursos y difundiendo información. No me siento con el derecho de hablar u opinar sobre el feminismo y muchas veces me pregunto si realmente soy bienvenida a luchar lado a lado junto con otras mujeres.
Yo soy una mujer y, lo quiera o no, el machismo y el patriarcado me afectan tanto como afectan a todas las demás. Aun así, no creo que, por el simple hecho de ser mujer, automáticamente ya eres feminista. Debes de hacer algo más, porque si te llamas a ti misma feminista, pero no haces algo grande por el movimiento, podrían acusarte de que lo haces solo por el título. Como si lo hicieras solo para llamar la atención, para que todos te vean como una justiciera valiente y desinteresada.
En mi mente está muy presente la falsa creencia de que el feminismo es una especie de club privado al cual solo puedes entrar si cumples con ciertos requisitos. Una vez que los cumples, con calma puedes empezar a defender tus derechos, sentir que formas parte de una comunidad y que tienes su apoyo. La realidad no podría ser más diferente.
Sí, tal vez no sea la persona más informada y tal vez mi activismo no tenga un gran impacto, pero puedo llamarme feminista porque no soy una persona ignorante a las problemáticas que enfrentamos las mujeres. Estoy consciente de las injusticias, maltratos y crímenes que se cometen hacia nosotras diariamente en este país.
Quiero ser feminista, pero no para llamar la atención y que todos me vean como una heroína. Quiero hacerlo para formar parte de este frente de lucha de mujeres como yo, quiero hacerlo para poder aportar a la causa mi granito de arena y hacerlo con orgullo, quiero tener el apoyo de otras personas, saber que no estoy sola en esta lucha.
Porque nadie necesita dar pláticas en foros importantes o ir a todas las marchas que existan para ser suficientemente feminista. Está bien si sigues recordándole a tu abuelo que él también puede servirse su plato a la hora de la comida, si le sigues diciendo a tu tía que no necesitas saber cocinar para poder casarte, si logras convencer a tu mamá de comprarle a tu hermano la mochila rosa con gatos y brillitos. Es suficiente seguir combatiendo los micromachismos que encontramos en nuestra vida diaria para ser suficientemente feminista.
A pesar de todo, no puedo evitar sentir una desconexión entre el movimiento feminista y yo, como si esos dos conceptos estuvieran a kilómetros de distancia. No todas tenemos el tiempo, los recursos y las oportunidades de ser feministas de tiempo completo. Me gustaría tener la certeza de que solo se necesita una voz que no pueda ser callada y un espíritu luchador para poder formar parte del movimiento feminista.
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