En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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crédito: Nilay Ramoliya

Salud mental en tiempos capitalistas

Número 6 / AGOSTO - OCTUBRE 2022

Mucha de la ansiedad y depresión que las juventudes están padeciendo encuentran su causa en el sistema económico en el que vivimos

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Ethan Balanzar

Facultad de Filosofía y Letras

El estrés y la depresión son las enfermedades que definen el mundo consumista fugaz.

El estrés es resultado de la falta de oportunidades en el mundo, consterna porque estamos frente a la sociedad global que más produce riqueza, pero que peor la distribuye. El sistema nos obliga a la autoexplotación, en favor de una mayor instrumentalización del ser humano. Debes ser útil al capital, incluso fuera de la estructura. Asimismo un nuevo malthusianismo ha tomado fuerza en el discurso público, culpando a la sobrepoblación de todos los males de la sociedad, y no a la mala distribución de la riqueza. Los pobres no pueden tener hijos, deben autoexplotarse y trabajar como mulas. “Si no puedes mantener a tus hijos, no deberías tenerlos”, rezan los privilegiados. La reproducción es un lujo que sólo algunos pueden ostentar.

En otras palabras, la estructura tiene aporofobia. Los pobres no entran en la dinámica consumista: “tener para ser”, por el contrario, son un estorbo porque no son personas que consumen adecuadamente.

La proliferación de la depresión en los jóvenes es fruto de la carga heredada. Es decir, el calentamiento global, la enorme desigualdad económica, la falta de oportunidades de desarrollo y las proyecciones poco alentadoras de las condiciones de vida conforman un fondo estructural para la problemática. En efecto, la depresión también posee raíces sistémicas.

Ciertamente, hemos resignificado la importancia de la higiene mental, incluso las definiciones sobre la salud mental han sufrido cambios importantes, gracias en parte a las aportaciones de Foucault, pero sigo francamente preocupado por la proliferación de los males anteriores entre los jóvenes. Mi generación va a tener que sufrir la ansiedad, en carne propia, por los errores del pasado.

Los jóvenes hemos heredado un mundo en pleno cambio abrupto, el avance tecnológico ha sido el más vertiginoso y dinámico en toda la historia de la humanidad, todo ello desarrollado en un periodo corto de tiempo. A pesar de ello, hay males que siguen superviviendo en la estructura social.

El progreso tecnológico no implica desarrollo social.

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