CDMX desde el Edomex
Por: Sharon Michell Mora Aguirre
En la periferia, no vivimos: sobrevivimos
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Me mudé.
Me mudé dos veces en mi vida, al parecer la movilidad en esta ciudad es innegable y fugaz. Irónicamente en la segunda ocasión regresé al lugar de donde me había mudado ya hace un tiempo, bendito sea que está cerca de un metro y me ahorré media hora en un camión de mala a muerte. Qué íntimo es volver, revivir e incluso olvidar detalles que sin querer vuelves a ver.
He pasado gran parte de mi vida en el metro. No me disgusta, de hecho amo observar lo que pasa ahí. Las risas, los llantos, las discusiones por cosas momentáneas como un asiento lleno de grafitis ilegibles, carteles de propaganda tapados con stickers políticos y un hedor mezclado con el olor de la humedad perpetuante del día. Cuando observas, aprendes y el aprendizaje siempre tiene una vivencia detrás.
En el metro Martín Carrera tengo muchos recuerdos y más que eso, tengo nombres; nombres de personas que si vuelvo a ver probablemente solo nos dirijamos una mirada fría y sigamos nuestro camino a destinos conocidos para ambos; en la estación Indios Verdes tengo muchas anécdotas más de las que debería porque realmente ese jamás fue mi camino a casa, lo tomaba para acompañar a quienes fueron mi hogar en su momento; el destino me jugó en contra y terminé haciendo de El Rosario mi segunda casa, ha sido mi ruta por más de 6 años y fue la primera estación que tuve que aprender a usar sola: es tan íntima que se siente como otros brazos de confianza a los cuales llegar.
El metro me hizo aprender a llegar al centro, a transbordar en Pantitlán y que la línea 3 con lluvia es un “no” rotundo. He ido al centro con más de una persona: hubo un amigo que tomó mi mano en un transbordo extenso y hubo quién en un viaje a CU me hizo reír tanto que no sentí el tiempo que se detuvo el tren en el andén. Los invito a pararse en un puente de cambio de dirección: tal vez Vallejo, tal vez Candelaria o tal vez Talismán. Sientan el viento que avisa el paso del tren, escuchen el retumbe de las vías y perciban el vibrar del suelo;pero sobre todo vean las historias que se crean a su alrededor, tan fugaces como efímeras; vean, o mejor dicho, observen los ojos de esa mujer que está preocupada por dejar a sus hijos solos en casa mientras se dirige a trabajar; vean a esa pareja tan perdida en sus miradas mutuas acompañadas de sonrisas que no ven el tiempo de su traslado; vean al hombre molesto que, detrás de ese empujón y mirada retadora, tuvo un mal día y quisiera descansar.
Aprendan a ver con amor esa estación, ese vagón y ese transborde que alguna vez cruzaron solos, que alguna vez cruzaron en compañía de quién jamás imaginaron ya no tener, que cruzaron con satisfacción o que cruzaron con la desdicha de no querer estar ahí. Pero bueno, les dejo que yo ya llegué a mi estación.
Por: Sharon Michell Mora Aguirre
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Una respuesta
Dejar atrás lo que conocemos nunca es fácil, lo desconocido siempre da miedo. Pero es también la oportunidad de descubrirnos en situaciones, lugares, que de otro modo; nunca hubiéramos tomado:)