Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Luis Fernando Ramírez Zepeda | Facultad de Artes y Diseño

Magnesio

Número 16 / ENERO - MARZO 2025

Mis recuerdos como bufón, ahora eran de magnesio

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Marco Sauza Hernández

Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón

Todo empezó a los 13

yo estaba delgado

muy delgado

demasiado delgado.

 

Mi cabello, rapado

encerrado en paredes verdes

concretos y uniformes

demasiado jóvenes.

 

Tras abrir las puertas de mi clóset

yo solía tener un castillo por fuera

en cuanto lo hice, todo cayó

y la persona que me admiraba, empezó a odiarme.

 

Su nombre era Pitágoras

junto con el hombre más pequeño del mundo

solían pasar su tiempo conversando

caminando como los nuevos reyes del castillo.

 

Haciendo:

  1. a) Hablando del cuerpo de las mujeres
  2. b) Gritándome, insultándome
  3. c) Convirtiéndo a sus amigos en mis enemigos
  4. d) Hablando de mi cuerpo

 

Caminé toda mi vida como el fenómeno

y ellos como el típico “chico americano”

en un mundo americano normal

lejos de una carrera musical.

 

Con ellos, estaba Voz Fuerte

Voz Fuerte, era el chico que era el encargado de gritarme

y también estaba Balón

Balón, fue quién más me hizo daño.

 

Un día, Voz Fuerte, en medio de una clase terapéutica

hablé de que había pasado después de salir del clóset

era un chico bulleado sin amigos de verdad

con etiquetas sobre sus piernas.

 

En esa clase, hablé de querer haberme ido de este mundo 2 veces

voz Fuerte gritó “la tercera sería la vencida”

Pitágoras, el hombre más pequeño del mundo y Balón rieron primero

y todo el pueblo también lo hizo.

 

El rey era el bufón ahora.

 

El tiempo pasó y salí de ahí a mis 14 años.

El castillo de castillos, cambió de color.

Mis recuerdos como bufón, ahora eran de magnesio.

Magnesio como el blanco de las nubes.

 

Pasaron muchos años.

Y un día, a mis 18 y de regreso a casa, después de recibir protección

protección para mi cuerpo en invierno

escuché a alguien saludar a mi madre.

 

Era la mamá de Pitágoras, quien no me reconoció

preguntando qué había sido de mi vida.

Fue ahí que me di cuenta que me había comido al mundo

después de salir de mi antiguo reino.

 

Me había redimido

ya no era una víctima.

No era más el bufón del reino.

Me había convertido en un chico americano

en un mundo americano normal.

 

Y finalmente,

no era quien yo era a mis 13

y mucho menos a mis 14

Finalmente, pude triunfar.

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