Facultad de Psicología
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Fumar consiste en aspirar y despedir el humo producido por la combustión del tabaco o de otra sustancia herbácea preparada (opio o marihuana, entre otras) en forma de cigarro, cigarrillo, pipas, puros, y/o narguile. A través de esta práctica, el fumador absorbe diversas sustancias activas. Fumar se ha propagado por todo el mundo a lo largo de la historia, ha habido culturas y temporalidades remotas que han manejado referencias en las que se describe el inicio de la práctica desde siglos antes de Cristo. A lo largo de los años, la percepción sociocultural y los motivos por los que se fuma han variado y se han diversificado enormemente, sin embargo, a pesar de la forma positiva con que se muestra y manifiesta en los medios de comunicación, los efectos sobre la salud son bastante claros y difundidos.
Se ha estimado que el humo del tabaco contiene al menos 70 sustancias químicas causantes de muchos tipos de cáncer, de entre los cuales sobresalen los de pulmón, boca, esófago, estómago y páncreas. En los últimos años se ha incrementado de 5 a 10 veces la posibilidad de contraer alguno de esos tipos de cáncer y también ha aumentado la probabilidad de desarrollar comorbilidades como diabetes tipo 2, asma, enfermedades pulmonares como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), bronquitis crónica, enfisema y problemas de visión.
Organizaciones e institutos nacionales e internacionales como la Organización Mundial de la Salud, la Biblioteca Nacional de Medicina, el Instituto Nacional de Abuso de Drogas y el National Institute of Health (por decir algunos), se han encargado de estimar, investigar, concientizar y difundir las consecuencias de su práctica en la vida del ser humano (tanto del fumador activo como del pasivo). Por décadas ha sido claro el mensaje mundial de que fumar es un hábito dañino para la salud, sobre todo porque estudios han definido el fumar como un factor que disminuye la calidad de vida de las personas, sobre todo si el consumo es muy recurrente en cantidades considerables y, el deterioro es mayor cuanto más joven es la persona y el inicio de la práctica. Sumado a factores contextuales, psicológicos, educativos y ambientales, fumar puede causar adicción a la nicotina, su principal elemento estimulante. Así se desarrolla el tabaquismo en el individuo.
Es complejo describir el impacto que el fumar tiene en la vida de numerosas especies y del medio ambiente, además de la repercusión que manifiesta en la economía, cultura, política y en el desarrollo social mundial, lo que lo convierte en un tema largo y de debate extenso, en el cual parece haber un “claro” villano, sin embargo, ¿lo es del todo?, ¿ fumar tendrá, de algún modo, un beneficio?.
Estudios recientes publicados en Archives of Neurology y revistas indexadas internacionales sugieren y dejan entre ver que fumar se ha asociado a un menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson; se ha dilucidado un posible patrón donde curiosamente los fumadores activos con historiales intensos y de larga duración son menos propensos a desarrollar el trastorno neurodegenerativo, inclusive se propone que la reducción del riesgo a padecer esa enfermedad está relacionado con la dosis consumida. Si bien no varía la asociación en función de sexo (esa cuestión aún sigue en estudio, no obstante hasta ahora el sexo femenino ha presentado mayor significancia para la correlación inversa de fumar y padecer Parkinson), tampoco hay definida una correlación con el estatus socioeconómico, ni con la escolaridad, aunque sí la hay con la edad (sobre todo en personas que desde jóvenes iniciaron a fumar), no obstante hay que destaca que es necesario indagar y precisar mejor esta información con posteriores investigaciones y contemplando multifactores personales, biológicos y contextuales.
Hasta la fecha, 2023, no se han definido por completo las bases biofisioquímicas participantes en las que fumar parece ser un papel preventivo, sin embargo sí se proponen algunas teorías de mecanismo: por una parte se menciona que tal vez alguna sustancia del cigarrillo (probablemente la misma nicotina o el monóxido de carbono) producen un efecto protector que promueve la estabilidad y mantenimiento de las neuronas dopaminérgicas (mismas que se ven afectadas durante la evolución del Parkinson). La segunda propuesta es que el consumo de cigarrillos altera la actividad metabólica de enzimas y la producción de metabolitos tóxicos endógenos (igualmente asociadas a la dopamina, la cual se ve degradada durante el Parkinson). La tercera teoría es que el TH beta C (tetrahidro-beta-carbolin), factor neurotóxico relacionado con el desarrollo de la enfermedad, se ve inhibido por la presencia del cigarro, más específicamente, por la nicotina, que es un alcaloide natural estimulante del Sistema Nervioso Central.
Fumar definitivamente es un hábito que afecta al fumador, al ambiente en el que se encuentra y a los organismos vivos cercanos a él al momento de llevar a cabo la actividad, de eso no tenemos duda alguna, sin embargo, parece ser más criminalizado de lo que tal vez debería serlo, brindándonos no únicamente otro recurso para entender y describir mejor la evolución y trayectoria de la Enfermedad de Parkinson. La pregunta es: ¿vale la pena la exposición a la droga con tal de prevenir un trastorno sin cura aún? Eso aún no lo sabemos.
Referencias
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