Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
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La gran máquina había llegado, ese pedazo de metal con cuatro ruedas más grandes que una cabeza humana. Al entrar te recibe un chófer, una persona tan inexpresiva que realmente parece que no tuviera ni una pizca de sentimientos. Te preguntarás si es un humano como todos nosotros u otra máquina que viene con la caja metálica.
Al subir los escalones ya conoces el precio; tu libertad. Al igual que ya conoces el destino a donde llegarás al final del recorrido, cuatro paredes con barrotes. En estas paredes permanecerás muchas horas, que se convertirán en días, luego en meses, para terminar en años. Cuando te des cuenta habrá pasado gran parte de tu vida. Sentirás que estuviste atrapado todo este tiempo.
Tus compañeros de viaje, de los que ni siquiera recordarás su rostro, traen puesto el mismo traje naranja, con un número en su espalda, los catalogan como si de productos en masa se trataran. Cada uno lo intenta sobrellevar con plasmar un toque de su personalidad al color naranja: alguna prenda extra, un accesorio fuera de la regla del color que uniforma. A decir verdad el color ya habían ganado. Lo que traes en las muñecas te causa mucha comezón. El material es el que te genera irritación, desencadenará esa comezón tan inquietante, que solo te quitarás rascando esa zona hasta ver el líquido rojo salir por tus muñecas.
Solo puedes concentrarte en las miradas cansadas de los demás, viendo a la absoluta nada. Puedes escuchar los gritos en sus ojos, pidiendo solo una prórroga, levantado su bandera blanca para que todo termine. Cargan unas ojeras gigantes, debajo de sus ojos perdidos. Algunos incluso ya están visitando el plano de los sueños. Después de horas, en que las ruedas enormes giraron en una carretera, has llegado a tu parada: Universidad. ¿Listo para tu condena?
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