CDMX desde el Edomex
Por: Sharon Michell Mora Aguirre
En la periferia, no vivimos: sobrevivimos
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
Dedico este ensayo a todxs lxs personas que pasan tragos amargos, momentos de suspenso y gratos recuerdos en la intimidad del tiempo y acompañados del Sistema de Transporte Colectivo (STC) “Metro”.
Me es complejo describir tantas cosas con palabras que, si bien acompañan el sentimiento, no logran externarlo en su más puro néctar llegando a ser carentes de sentido si no has viajado en la extensión subterránea de trenes ya sea para llegar al trabajo, a una reunión, a casa o a tu lugar de estudio, pues la lejanía y los horarios hacen inevitable su uso.
Asimismo, en mi segundo semestre de carrera he observado y vivido muchas cosas, donde se ha vuelto cotidiano pasar un par de horas de mi vida, tratando de distraerme u ocuparme con lo que sea posible, desde conocer más sobre el metro hasta disfrutar de la música en mis audífonos. Compartir espacio con alguien que aprecias puede volver el camino más ameno; ir charlando de las cosas más banales hasta las más importantes. Pero me atrevería a decir que la mayor parte del tiempo que pasamos en este medio de transporte estamos “solos”. Coexistiendo en un espacio masivo donde podemos observar a nuestro alrededor y ver una gran cantidad de personas con diversos destinos inmersos en su propio mundo.
Esto me hace recordar que en una ocasión mientras el metro avanzaba entre estaciones, una persona frente a mí lloraba en silencio con los audífonos puestos. Nadie dijo nada, algunas personas miraban por segundos y después desviaba la mirada regresando a su propio mundo. El sonido de las puertas, el rechinar de los rieles y la música filtrándose de otros audífonos parecían acompañar aquel momento. A veces el metro funciona así: como un espacio donde el dolor se vuelve público y privado al mismo tiempo, podemos vernos mutuamente sin saber por lo que cada quien pasa y si bien de puede verse parte del sentimiento no sabemos por lo que cada quien vive o que pasa por su mente .
De igual forma recuerdo estar en un trayecto largo con compañeros y amigos haciendo compañía, ellos bajaron mucho antes que yo, cuando las puertas cerraron cambió la sensación del entorno, nuevamente era solo yo, fue inevitable pensar e introducirme a mis pensamientos como era costumbre, muchas veces se vuelve eterno y muchas otras como de un momento fugaz se tratara, verse a uno mismo reflejado en quienes están ocupando el mismo espacio pero no hablan, con ganas de simplemente llegar a casa.
Malos momentos, noticias inoportunas, bellas sorpresas, reflexiones profundas, recuerdos de nostalgia, tragos amargos, despechos… y así podría seguir con tan vastas experiencias, muchas de ellas se limitan a quien las vive y al lugar donde las vive.
Así, en muchas ocasiones, el mismo metro te acoge y es inevitable llorar o carcajear; como si el ambiente invitara a expresar aquello que resulta insostenible, hay quienes viven y disfrutan este espacio para hacerlo, y hay quienes lo evitan a toda costa. En lo personal, suelo ir con música de fondo reflexionando sobre todo esto que comento.
Hay personas sentadas a mi lado o frente a mí; nos acompañamos sin hablarnos ni interactuar. Desde lo externo se sienten las miradas de quienes comparten ese espacio. Caras largas, emociones que contagian, cansancio y silencio. Nadie sabrá realmente lo que uno vive y siente, a fin de cuentas, es eso…
Solo un camino que cotidianamente solemos recorrer.
Por: Sharon Michell Mora Aguirre
En la periferia, no vivimos: sobrevivimos
Por: Marcos Josafat Ramos Vizcarra
Una odisea entre peleas, gritos y empujones
Por: Jocelyn Gabriela Blasco Gómez
Deficiencia y resistencia en el transporte público
Por: Israel Maximiliano Centeno
La necesidad de mejorar el transporte público del Estado de México
Por: María Esther Martinez Soria
La desesperación en el metro es de lo más común