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Foto de Kindel Media

Duelo invertido

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

La historia espiritual de una vida

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Leonardo Daniel Cordova Cordova

Facultad de Filosofía y Letras

  1. Negación

¿Sabes, Lia? Desde que tengo uso de consciencia, me he preguntado por qué estoy vivo, cuestionando la vida y a veces, sintiéndome fuera del universo, como si este no fuese mi lugar. Recuerdo una vez, cuando tenía seis años, el día en que estaba naciendo mi hermana. Yo me quedé en casa, alejado de cualquier objeto punzocortante, pero ante el filo de mi imaginación. Comenzaron a venir a mi cabeza imágenes de la infinidad del universo, tan abrumadoras que me asustaron lo suficiente como para hacerme cuestionar problemas filosóficos; la duda prematura sobre el sentido de la vida. Una duda que siempre será imprecisa y que solo se va afinando con el tiempo, engrosando la respuesta para que nadie la pueda desmontar.

Me agobiaba haber despertado la conciencia de que habitamos un lugar sin límites. Sentía como si los planetas me golpearan la cara y el sol abrumador se acercara a mí, mientras el tic-tac del reloj sonaba, y ese gran astro lo consumía todo, recordándome lo siguiente: vamos a morir. Hubiera deseado que fuera una pesadilla, pero no lo era. Todo sucedía mientras yo, simplemente, hacía mi cama.
Los siguientes tres años de mi vida los viví como si fueran un sueño, porque hoy los recuerdos me llegan nublados. Recuerdo los hechos de forma imprecisa, dudando entre lo que fue real y lo que fue falso, como si habitara dos mundos: uno tangible y otro intangible. Tengo más memorias de mis pensamientos que de lo que viví realmente. Hoy son las fotografías las que me ayudan a recordar quién fui y me permiten reconstruir aquellos sucesos que ocurrieron mientras yo permanecía absorto, rogándole a Dios que todos esos cuestionamientos desaparecieran.

  1. Ira

Durante mi infancia, siempre mantuve un fuerte apego religioso, pues en la fe encontraba la calma que necesitaba cuando nada más podía explicarme el sentido de la vida dentro de mi pequeño horizonte. Sin embargo, conforme mis preocupaciones pasaron del mundo interior al mundo externo, mi fe también comenzó a tambalearse.

Las acciones del ser humano en un mundo capitalista pusieron en duda mis creencias religiosas. La maldad a la que puede llegar el hombre, el escaso respeto por la dignidad humana reflejado en las notas rojas del periódico, me fueron alejando de aquella fe. Asuntos como la sobreproducción, la facilidad con la que los humanos reproducen y desechan los animales, la cantidad exorbitante de mascotas abandonadas, la sangre derramada en los mataderos… todo ello me perturbaba profundamente. Sobre todo, me inquietaba la idea narcisista de que solo los humanos merecemos la salvación y el descanso eterno y que el perdón divino pudiera comprarse con dinero. Aquello me quitaba el sueño por las noches.

De forma casi empírica, me fui desligando de mis creencias, de aquel nicho en el que estaba tan arraigado. Y entonces la incertidumbre comenzó a invadirme. Sentía que no había nadie cuidando de mí y que todo dependía de la fortuna. La ansiedad se volvía insoportable al pensar que todo era cuestión de suerte, que no existían méritos ni garantías para quien tuviera más fe o rezara con mayor devoción. 

Durante mucho tiempo caminé con esas ideas que no me permitían vivir plenamente. Tenía miedo de que mi vida estuviera marcada por un código de barras definitivo, y de no poder hacer nada frente a eso. En esta existencia regida por la velocidad capitalista, parece que solo hay dos caminos posibles: trabajar sin descanso hasta dejar de sobrepensar y enfocarse únicamente en el futuro, o quedarse tirado en la cama, atrapado en nostalgias pasadas, temiendo que la vida termine antes de haberla disfrutado.

  1. Negociación

Conforme llegó la adolescencia, me convertí en esa persona nostálgica que intenta revertir lo hecho en el pasado y deseando haber despertado de aquel sueño mucho antes. Solo supe que estaba vivo el día en que apareció, de forma inesperada, el miedo a la muerte.

Después de haber caminado tanto tiempo sintiéndome desprotegido por lo divino y perdido en una vida sin propósito, llegó prematuramente ese temor que siente quien no ha dejado huella en el mundo. Ante esa idea barroquísima de desaparecer y de un tempus fugit implacable, comencé a decorar lo que me rodeaba, dejando stickers por toda la ciudad y compartiendo en internet todo lo que me pasaba día a día, como si así pudiera fijar una parte de mí en el mundo.

Además, mi adolescencia estuvo naturalmente marcada por el consumo de alcohol y las fiestas con amigos. Tal vez ese no era el verdadero motivo por el cual asistía, pero me gustaba la sensación de embriaguez, ese olvido momentáneo de la vida. En esos instantes, el desapego a la existencia se disolvía y daba paso a una experiencia casi dionisíaca, el cuerpo rendido al baile hasta la madrugada, mientras entre corridos que hablan de la muerte, entre tragos y brindis, se lograba silenciar, aunque fuera por un momento, ese pensamiento latente que siempre reposa en el pecho.

Varias veces he “muerto” y he vuelto a despertar, después de un blackout en plena borrachera. Al día siguiente, suelo reflexionar sobre cómo todo sucedió sin que yo lo notara, sin haberlo querido siquiera. Me asusta pensar que uno podría no ser consciente de su propia muerte, que simplemente se vaya de la vida sin darse cuenta. Pero, al mismo tiempo, esa idea me tranquiliza, porque reduce todo a una simplicidad brutal y, quizás, después de todo, la vida no necesita tantas explicaciones.

  1. Depresión

Desde que apareció este miedo repentino a la muerte, empecé a sentir que tal vez la vida no tenía un sentido verdadero. ¿Para qué hacer tantos planes si podías irte en cualquier momento? Me abrumaba la idea de trabajar por algo que tal vez no vería terminado, de emocionarme demasiado con un plan antes de la cuenta. Eso me hacía evitar, sin darme cuenta, muchas cosas que me daban alegría.

Y conforme llegaba la resaca, aquel goce se transformaba nuevamente en ansiedad. No podía dormir, y me preguntaba si a los demás les pasaba lo mismo. Recuerdo una madrugada en particular durante la pandemia, cuando estaba solo en casa y me desperté tras una pesadilla. Incapaz de volver a conciliar el sueño, pensamientos oscuros comenzaron a invadirme. Imaginé llegar a la vejez y enfrentar la muerte sin escapatoria. Sentí un nudo en el pecho y un malestar extraño en la nuca. Al no encontrar alivio, me levanté de golpe, caminé por toda la casa intentando calmarme y finalmente me envolví en varias cobijas, como si así pudiera protegerme de algún enemigo. 

Después de aquello, me prometí no volver a sentirme así, aunque sabía que a veces eso no dependía de mí. Aquella noche, sin querer, me sentí como fuera de este universo, como el día que nació mi hermana, desalineado con el mundo que me rodea. Durante algún tiempo, salía de casa con temor, siendo más consciente de la fragilidad de la vida.

  1. Aceptación

Hoy en día, muchas personas dicen que ven en mí a alguien con templanza, alguien a quien nada parece preocupar. Yo solo asiento; y entre risa y algo de ternura, me sorprende que piensen eso de mí. A veces me descubro solo, sentado a la mesa, agradeciendo por la vida, como si al hacerlo también estuviera confiando en que hay algo o alguien allá arriba cuidando de mí y de los que amo.

Ahora los días de resaca son menos frecuentes, y quedan reservados para momentos especiales. Vivo contento, compartiendo posadas decembrinas, asistiendo a fiestas patronales en Veracruz, reconciliado con una religiosidad que no nace del dogma, sino de lo colectivo. Ya no me obsesiona dejar un legado post mortem que nunca veré florecer; prefiero coexistir con quienes hoy me acompañan, abrazar a quien tengo al lado. Aun si ninguna de las versiones de lo que hay después de la muerte me termina de convencer, he entendido que esa duda es lo que da sentido a seguir viviendo. Que mientras esté vivo, nunca lo sabré. He aprendido a caminar con la incertidumbre sin intentar resolverla. Y hoy soy consciente de que la única certeza que tengo es el hoy, es el ahora.

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