Violencia sin prejuicios
Por: Gustavo Cervantes Flores
Lastimosa y latente realidad
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza
La vida es un enigma,
con preguntas sin respuestas.
¿Para qué estoy aquí? Me cuestiono,
entre propuestas y apuestas.
Aprendí con la experiencia
a escapar de la tormenta,
entendiendo que no soy lo que soy,
sino lo que me dijeron que era.
El espejismo se difunde,
el empirismo me consume.
Me aferré a seguir lo establecido,
al valor adquirido con el éxito,
entre lo que se tiene y se logra,
perdiéndome en las sombras.
La facilidad de las respuestas
en lo cotidiano,
la costumbre de vivir,
sin siquiera pensarlo.
Busco un lugar al cual pertenecer,
una meta que, cuando alcance,
no sabré qué hacer.
El hedonismo adquirido,
el dolor reducido.
Llegaron excesos
y me sentí más perdida que al principio.
Entre insatisfacción y soledad,
me preguntaba cuál era la verdad.
El absurdo establecido,
el vacío elegido.
Una libertad hueca,
una lucha sin entrega.
Quizás no debía rebelarme —pensé—.
El nihilismo aceptado,
la negación aprisionando.
No había pasión,
no existía motivación.
No encontraba tranquilidad,
no me sentía en paz.
Entendí que debía vaciarme
para poder comenzar a llenar.
Me detuve un instante.
¿Será necesario creer en algo para continuar?
La libertad que me brinda la existencia,
de ser aprendiz, errante, primeriza,
no ser amnesia, fugaz ni cautiva.
Abonar a la entrega,
ser río, nebulosa y camino,
crear huellas, entregarme y sentir
a través del hecho mismo de vivir.
Por: Lesly Sarai Martínez Cárdenas
Cuando el amor persiste, aunque todo haya terminado