Secuencial
Por: Yuliana Serrano Váldez
Una costumbre de pura maldad
FES Acatlán, UNAM
FES Acatlán, UNAM
Fui feliz alguna vez, algunas veces. Tuve mis tiempos para sobrellevar la existencia, este delirio taimado de Dios, calvario y sueño de mí mismo. ¡Ah, pero lo intenté, soledad, sombra mía!, juro que intenté poner la sonrisa cotidiana y encontrar, como los otros, la satisfacción de estar vivo, la ilusión de ser quien se es siendo nadie; ya te imaginarás que fracasé.
Y le temo a la muerte, a sus ojos negros, so pretexto del infierno y sus diablos, me niego a morir —¿a cuántas eternidades me condenarían por dudar de lo infinito y huir de la vida?—. Si no se equivocan esos locos, supuestos soldados del imperio cosmogónico, cuando dicen, condenándose a sí mismos: “la maldad del mundo recae en las imperfecciones del hombre”, y como pináculo ejemplo de traición para el supremo, gritan: “¡Suicidio y amor!”; uno no puede evitar preguntarse si ellos no son los más grandes suicidas con el asesinato de espíritu en sangre de fe hipócrita…
Y no lo sé. No sé si lograré tomar el cuchillo para terminar de un tajo con todo, no soporto la idea de verme, siendo ya un fantasma o vestigio de alma, tirado ahí, desangrándome. Muerto. Dirán que la daga mortal es cobardía, ¡pero cuánta valentía o dolor se necesita para hacerlo, para querer tanta vida cruda diluida en rojo!, ¿y si me ayudas, Soledad ennegrecida?
Bailando sin saber bailar, ayúdame, deja que las Gnossiennes resuenen y me reserven escalera al cielo. ¡Por favor, por favor!… suicídame ahora, Soledad, ¡que nadie más que Satie y mi canto quedará de testigo!
* Nota encontrada al lado de Abraham del Prado, hallado muerto en el motel Saudade. La policía no ha dado informes, se desconoce la causa de muerte.
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