Un indígena en la UNAM
Por: Víctor Emmanuel Hernández Figueroa
Entre el orgullo de mi origen y la lucha contra la discriminación
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
La identidad indígena, en su complejidad y riqueza, es un tema que a menudo se aborda desde perspectivas superficiales y reduccionistas. La historia de Citlaly, una mujer mixe del Istmo de Tehuantepec que estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica, desde la perspectiva de la interseccionalidad, cómo múltiples dimensiones de desigualdad se entrelazan en su vida diaria y examina, desde su experiencia, las opresiones que enfrenta al ser una mujer indígena.
Mi nombre es Citlaly y soy una mujer mixe del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Mi vida ha estado marcada por una profunda conexión con mi comunidad indígena y mi lengua materna, el mixe. Desde pequeña, he sido testigo de las dificultades que enfrentan mis paisanos debido a la marginación social y económica. A pesar de los desafíos, mi comunidad ha preservado nuestras tradiciones y costumbres con orgullo. Ahora, como estudiante en la UNAM, me encuentro en un entorno académico que, aunque abierto a la diversidad, a menudo perpetúa las mismas desigualdades que enfrentamos en nuestras comunidades rurales.
Para mí, ser mixe no es una elección que se pueda tomar a la ligera. Es una identidad cargada de opresión, pero también de orgullo. Mi lengua y mis costumbres son una fuente de resistencia frente a un mundo que constantemente trata de eliminar todo rastro de la cultura indígena. Sin embargo, este sentido de identidad no ha venido sin costo. En la UNAM, me he enfrentado al prejuicio de compañeros y profesores que ven a los indígenas como sujetos de estudio, no como colegas. A menudo, me han preguntado si “de verdad” soy indígena, como si mi capacidad académica no fuera compatible con mi origen.
La opresión que enfrento no se limita a un solo aspecto de mi identidad. Como mujer indígena, soy objeto de discriminación racial, de género y del sistema patriarcal. La confluencia de estas opresiones ha moldeado mi experiencia en la universidad, donde a menudo me siento entre dos mundos: el de mi hogar en el Istmo y el de la vida académica en la ciudad. En la UNAM, mi identidad mixe a veces es vista como una curiosidad exótica más que como una parte integral de mi ser, lo que me lleva a sentirme marginada en ambos espacios: el rural y el urbano.
He visto, sobre todo en redes sociales y en espacios académicos, cómo algunas personas se apropian de la identidad indígena sin haber experimentado las opresiones que nos definen en gran parte. Se visten con ropa “inspirada” en nuestras tradiciones, celebran ceremonias que no comprenden y afirman que son “parte” de nuestra cultura por simple afinidad o porque han estado cerca de nuestras comunidades. Pero ser indígena no es una elección que puedas tomar según te convenga o cuando te parezca exótico. Ser indígena significa vivir con las consecuencias de un sistema racista, clasista y sexista que nos ha marginado desde la colonización.
Estas personas pueden decir que “se sienten” indígenas, pero no experimentan el racismo que enfrentamos cada día. No son rechazadas en las entrevistas de trabajo por hablar una lengua indígena, ni son vistas con desprecio cuando hablan su lengua materna en espacios públicos. Tampoco sufren el desplazamiento forzado de sus tierras ni la pérdida de sus recursos naturales por proyectos de desarrollo que solo traen beneficios a quienes no son de nuestras comunidades.
Para mí, identificarse como indígena implica cargar con una historia de dolor y resistencia. No es algo que se pueda asumir solo por usar nuestra vestimenta o participar en nuestras ceremonias. Es una vivencia diaria de opresión, pero también de lucha por la supervivencia de nuestras costumbres, de nuestra lengua y de nuestros derechos. Quien no ha vivido esto, quien no ha sido oprimido por las mismas fuerzas, no puede realmente identificarse como indígena. Por lo que no acepto que alguien externo quiera identificarse como indígena sin conocer todo el trasfondo de lo que realmente es ser indígena.
La investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Siobahn Guerrero, explica que “la idea de identificarse como indígena sin haber sido parte de una comunidad indígena desde el nacimiento puede ser percibida como un insulto, una falta de respeto o incluso una forma de violencia cultural”. Esta apropiación superficial ignora las realidades históricas y actuales de las comunidades indígenas, que han enfrentado siglos de opresión, despojo y marginación. La adopción de elementos culturales indígenas sin una comprensión genuina de las experiencias y sufrimientos asociados con esa identidad puede trivializar y deslegitimar la lucha continua de las comunidades indígenas por reconocimiento y justicia.
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