CTM: bienestar emocional
Por: Esther Gómez Parra
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Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón
Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón
Tanta cultura que hay en nuestra rica tierra, que ignoramos lo que realmente dio sentido a la vida: grandes dioses y míticas historias.
Debemos escuchar aquellas voces del saber, grandes voces de la experiencia, nuestros ancestros clamando ser escuchados con una casi inaudible voz del pasado.
Tradiciones que cambian con el paso del tiempo, las raíces de la tierra que pisamos ahora antes eran rondadas por grandes guerreros con ricas historias, criaturas míticas y deidades poderosas como Huehuecóyotl, el coyote anciano, dios de la sabiduría, las artes, el baile y la música, dios fiestero y divertido, bondadoso y generoso; esta antigua deidad bromista y sabia, sin tabúes de lo que ahora es mal visto, dios de la sexualidad desinhibida, el sarcasmo y la discordia. Extensión de Tezcatlipoca, el espejo humeante, el gran dios dual, destrucción y creación, control y caos, hermano de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl, la gran serpiente de los cielos, señor de los vientos y el conocimiento, padre de los hombres, aquellos que somos hijos del maíz de esta tierra dorada, dador de la cultura y el conocimiento al humano; aquel que viajó al territorio de la muerte, dominio de Mictlantecuhtli, dios del inframundo y el cambio.
Grandes historias de nuestro pasado, arrebatadas por invasores de otra tierra, que sin hablar el idioma cambiaron la cultura, imponiendo sus propios ideales y obligándonos a olvidar por completo nuestras raíces, incluso funcionando como insulto.
Hijos de mestizos y mulatos, nuestros orígenes están en una tierra mítica de nombre hermoso: México, el ombligo de la luna.
Y no debemos olvidar a Tenochtitlán, la magnífica capital del imperio mexica, que ahora yace bajo tierra. La gran urbe que alguna vez fue defendida por guerreros de la talla de esta monumental ciudad, como el imbatible Tzilacatzin, reconocido por ser el terror de aquellos invasores; hábil guerrero que ahora solo habita en la mente de aquellos conocedores de la historia.
Pero no por eso las leyendas son olvidadas. Algunas de estas grandes historias fueron adaptadas y sobrevivieron hasta la actualidad. Tal como las llamadas cihuateteo, mujeres de la nobleza azteca fallecidas tras una gran batalla. La dualidad de la vida y la muerte: mujeres que murieron tras dar a luz, encargadas de guiar al gran dios sol, Tonatiuh, para iniciar un nuevo ciclo en el cielo y así poder tener el tan merecido descanso eterno. Esta gran historia fue transformada y actualmente la conocemos como La Llorona.
Incluso en nuestro tiempo hay grandes historias y mitos, como La Planchada, espíritu bondadoso que ayuda a los enfermos en hospitales.
Pero así como hay mitos de bondadosas almas, también podemos encontrarnos con malévolos espectros como La Cegua, una aparente bella mujer vestida de blanco y poseedora de hermosa figura, pero con una repulsiva cabeza de caballo; aquella que atormenta a quienes son incapaces de cumplir la promesa del matrimonio: hombres mujeriegos.
Grandes leyendas para una gran tierra, alumbrada por la cálida luz del sol Tonatiuh y nuestra resplandeciente luna Mayáhuel, iluminando las calles nocturnas de este nuestro vasto territorio, regido por las fuerzas de la naturaleza, con las indómitas lluvias del gran Tláloc y los acaudalados ríos de la bella Chalchiuhtlicue, las montañas protectoras de nuestra hermosa Sierra Madre y hasta personas hechas volcanes: un guerrero de renombre como Popocatépetl y su amada Iztaccíhuatl; historias del pasado que llegan hasta hoy en día.
Escuchemos a aquellos que aún tienen que contarnos. Escuchemos a nuestros mayores, que atesoran grandes historias y vivencias de cosas paranormales y sobrenaturales.
Escuchemos las paredes de nuestros magníficos pueblos. Las voces de la experiencia tienen muchas cosas que platicarnos. Leamos las piedras talladas y las memorias de aquellos que ya no están, míticas historias esperando volver a la vida con las voces de nuestros ancestros.
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