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Foto de Engin Akyurt / Pexels

Efímera existencia

Número 9 / ABRIL - JUNIO 2023

A estos versos los desgarra el dolor y la rabia por la violencia que persiste en contra de las mujeres

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Lorie Stacy Domínguez Mújica

Facultad de Filosofía y Letras

Año nuevo, esperanza vieja; deseos de tener una vida libre de violencia, libre de miedo y de llanto por la injusticia que aqueja a nuestro país feminicida. Pero hay cambios que no se logran en un año ni en dos, requieren esfuerzo, “hay que resistir y hacer frente a la miseria que nos rodea”, dicen los que hablan de resiliencia cual discurso de coaching mercantil. Con un nudo en la garganta, me detengo y escribo:

Vivir sin miedo,
vivir como si nada pasara y olvidar,
sobre todo olvidar el dolor,
porque así somos lindas,
porque sin ruido somos bellas,
unas damas.

Me dan ganas de salir corriendo
porque las cifras de muertas van en aumento,
pero recuerdo que no puedo
porque si lo hago me pongo en riesgo,
porque estoy un poco ebria ahora
y traigo puesto mi vestido corto favorito;
porque si lo hago todos dirán que fue mi culpa
si alguien afuera me cosifica, me hiere,
o si de pronto alguien logra que jamás regrese.

¡Al demonio el Estado!
De las venas del sufrimiento nacemos
heridas, dolidas y sin miedo.
Por ello persisto, por mis hermanas muertas,
porque hasta mi madre y amigas pueden ser un día ellas.

Aquí nos tienen miserables y cansadas,
pero jamás calladas.

A mí ya me han herido demasiado por no ser como ellos querían:
por comer mucho o por no comer suficiente,
por maquillarme tanto o por lucir como enferma al no hacerlo,
por mostrar mi cuerpo, por no mostrarlo,
por decir que sí y por decir que no, en fin.
Tanto me juzgaron que me cansé de satisfacer sus exigencias,
de tratar de ser linda y agradable.

Ahora sé que basta con ser quien soy
y no he de pedir perdón por ser mujer,
como si de nacer como soy tuviese la culpa,
como si mi existencia fuese efímera en este mundo
y como si para vivir necesitara sufrir.

Hace falta nuestra voz,
hasta que el suelo se agriete por su fuerza,
para que cada varón depredador,
cada misógino y acosador
pague con dureza y tema a la justicia.
Aunque nos cuenten como números,
aunque olviden nuestros nombres,
el recuerdo de cada una perdurará en nuestras familias
y gritaremos hasta que les sangren los oídos,
juntas y enardecidas, vivas y sin miedo
hasta lograr el mundo que merecemos.

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