Riesgo de Asfixia
Por: Zaid Joao Hernández Maldonado
Una historia recurrente en Pantitlán
Escuela Nacional Preparatoria Plantel 9
Escuela Nacional Preparatoria Plantel 9
Te levantas tarde otra vez, corres para llegar a la estación, ves el Metro llegar y vuelas de los torniquetes hasta el andén. Ya no puedes permitirte llegar tarde a la escuela otra vez y, para tu suerte, logras tomar el tren. Va algo lleno, pero sí logras entrar. Además, parece ir rápido hoy.
¿Es chistoso, no? No eres el único en ese vagón. Observas a tu alrededor un vagón casi lleno de personas, pero a ninguna la reconoces. ¡Todos son extraños! ¿Son extraños de verdad? Van uno al lado del otro mientras sus cuerpos chocan entre sí y, aun así, son incapaces de voltear a verse. Cada uno se mantiene invisible ante los demás. Sus mentes tienen kilómetros de distancia entre ellas, aun estando en un lugar donde falta el aire. ¿Quién más que ellos mismos conoce sus nombres? Cada uno es una historia, es un mundo que espera ser escuchado.
En una ciudad tan numerosa, donde se encuentran todos en un espacio tan pequeño, ¿cómo no nos conocemos? Nos vemos el rostro frente a frente cada día, nos saludamos en las mañanas y vivimos en la misma rutina. ¿Cómo somos ajenos a quien va a un lado de nosotros, sentado? Se siente extraño, como si él fuera otro ser, como si fuera de otro mundo, como si fuera un ser hostil al cual no hay que molestar en su calma. Pero ahora te da curiosidad saber: ¿adónde irán siempre con tanta prisa esos seres?
¿Cuántas historias se empiezan y terminan en ese pequeño vagón? Ahora dudas sobre si es tan pequeño en realidad. El transporte es un universo entero en sí mismo. En él inician y se encuentran millones de relatos. ¿Cuántos sentimientos y emociones no se viven ahí? Pasamos tanto tiempo en él que incluso podemos construir vidas enteras. Se vuelve un lugar tan hermoso con todo lo que cada uno va dejando atrapado en sus paredes, se convierte en un maestro silencioso cuando te propones escuchar lo que tiene para decirte.
Te enseña a base de preguntas, a base de pensar: ¿por qué aquella mujer viste así?, ¿dónde trabajará aquel hombre de traje?, ¿a qué hora saldrá de su casa ese estudiante cansado? Todo parece tan profundo cuando imaginas su trasfondo. Recuerdas que tú mismo tienes tu historia, una que aún no acaba. Ves por la ventana un túnel oscuro, con algunas lámparas que lo iluminan en pequeños pedazos. ¿Cuántas historias han pasado por ellos? Te preguntas: ¿qué dirían aquellos túneles tan silenciosos si tuvieran voz?
Ves a dos adolescentes enamorados, se besan con esa fuerza que solo se tiene cuando amas mucho a alguien. Ves al otro lado a un indigente que se coló en la estación, pasa un vendedor de Bubulubu entre los vagones, un hombre en el fondo del vagón se queda dormido en su asiento. ¿Por qué habrá un policía siempre parado ahí? ¿Qué pensará esa taquillera?
¿Y si los enamorados se dan su último beso antes de un largo adiós?
¿Y si ese indigente antes fue un agricultor en su pueblo de la sierra?
Si supieras todas las historias que inician al tiempo que tú vas en un vagón, si supieras que en esas vías por las que tú vas ahora han de terminar muchas más…
En un lugar tan lleno de gente tan atrapada en sí misma, ¿cómo verías sus problemas? ¿Cómo lograrías entender su mundo y el de quienes te acompañan? ¿Quién te podría contar todas esas historias con las que se llenarían libros eternos?, esas que podrían agotar el papel del mundo y aun así no alcanzarían a contarse todas. ¿Quién nos llevaría de viaje por todas estas historias? ¿En qué estación sería su terminal? ¿Dónde transbordas para llegar a todas? Para ti, el fin del viaje es esta estación y lo que aún tienes que correr al salón.
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