Nuestra comunidad universitaria es muy amplia, conozcámonos más.
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CREDITO: Sebastián Freire /
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Ouali Samir Belkacemi Estrada

Facultad de Filosofía y Letras

Soy egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM) en la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas y actualmente redacto, investigo y corrijo en Gaceta UNAM. Mis intereses se encuentran en el futuro de las humanidades y la interdisciplina. Escribo y pinto para encontrar una identidad que no esté arraigada en los bienes de consumo, así como para desarrollar una forma de experienciar y habitar que no obedezca a los principios del mercado. Mi obra se encuentra en instagram como @_zar_co_.

Sayak Valencia en la UNAM

Número 14 / JULIO - SEPTIEMBRE 2024

¡Hacia la despatriarcalización de la universidad!

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Ouali Samir Belkacemi Estrada

Facultad de Filosofía y Letras

El pasado 3 de mayo, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales dio un espacio a la poeta, filósofa, teórica del feminismo, ensayista mexicana y artista de performance Sayak Valencia con motivo del proceso hacia la despatriarcalización de la universidad. Con la docente e investigadora Margarita Millán como moderadora, se teorizó junto con las y los asistentes desde una perspectiva transfeminista y descolonial.

Desde el inicio de la ponencia titulada “Grupo de Trabajo CLACSO Universidades y despatriarcalización”, Valencia planteó la pregunta sobre la cual gravitó el resto de la conferencia: ¿cómo sería una universidad despatriarcalizada? No se trata simplemente de inclusión, sino de erradicar toda forma de discriminación, creando un espacio transincluyente y antirracista que apele a los derechos de toda comunidad.

Revisitar las raíces de la educación superior nos lleva a lugares inesperados, apuntó Valencia. Si nos proponemos el ejercicio de reflexionar sobre las primeras instituciones de enseñanza, podríamos pensar en la Academia de Atenas, la cual fue fundada por Platón; también, por ejemplo, se nos viene a la mente la Universidad de Bolonia, no obstante, la verdad se aleja de los marcos predecibles, pues en realidad “la primera entidad educativa fue la aún operante Universidad de Qarawiyyin, localizada en Marruecos y fundada en el año 859 por una mujer musulmana llamada Fatima al-Fihri”. Con este significativo hecho fue que Valencia comenzó desafiando las concepciones arraigadas al origen de la educación superior, recordándonos que su génesis no estuvo marcada por el patriarcado, sino que, en cambio, este sistema de poder se fue institucionalizando gradualmente con el tiempo. 

La autora de Capitalismo Gore sostuvo que, dentro de la perspectiva descolonial, es esencial desafiar con firmeza la noción convencional de “comunidades minoritarias”, argumentando que no es que existan colectividades intrínsecamente minoritarias, sino que ciertos grupos son sistemáticamente relegados a esa posición debido a la imposición de estándares dogmáticos. En este sentido, Valencia destacó cómo estas comunidades han sido no sólo marginadas, sino también invisibilizadas en su activa creación de conocimientos. 

Contrarrestando la narrativa tradicional que infla la figura del genio único y patriarcal como máximo agente del conocimiento, Valencia señaló que las mujeres que fueron madres y compañeras de estos supuestos “genios” también han sido agentes fundamentales en la generación de saberes.

Entre otras cosas, la imaginación política fue erigida por Valencia como una imprescindible rival contra la violencia. Conceptos como la epistemo-política y la corpo-política, así como la creación de léxicos innovadores ejemplifican los frutos de esta herramienta que busca fortalecer los lazos afectivos y trascender los confines académicos en el desarrollo de la mirada revolucionaria. “A través de la senda de la imaginación política, también se vislumbran formas alternativas de institucionalización que no se adhieren a los paradigmas neoconservadores vigentes”, indicó. 

La teórica feminista propuso favorecer una visión renovada de la militancia alejada de los paradigmas bélicos y marciales que suelen asociarse con la revolución. En lugar de sucumbir ante la violencia que enfrenta la actualidad, defendió una militancia alegre que se oponga activamente a que la represión ahogue cualquier destello de vitalidad. “Esta militancia se nutre de la capacidad transformadora de la risa, el juego, la cultura y el duelo, reconociendo que la alegría no es unidimensional y puede manifestarse también como malegría (término del cantautor franco-hispano Manu Chao) o trilce (triste y dulce, referenciando al poeta peruano César Vallejo), palabras que abarcan la complejidad de los sentimientos revolucionarios, incluyendo la melancolía y la impotencia”, expresó. 

En este sentido, la militancia alegre reivindica el papel del arte como vehículo de creatividad y comunidad, convirtiendo el dolor en una fuerza organizativa. Es un llamado a explorar un amplio abanico emocional para establecer vínculos auténticos con las y los demás y trascender así la narrativa de la rabia como única emoción válida en la lucha por la transformación social.

En suma, despatriarcalizar la universidad no se limita únicamente a erradicar la violencia de sus espacios, sino que debe continuar convirtiéndose en un lugar que promueva la ejercitación de la imaginación política, la cual funge como principal erradicadora del dogma. Además, se abogó por un enfoque de justicia restaurativa en lugar de punitiva, donde se busca responsabilizar políticamente a los agresores como un paso esencial hacia la transformación y el restablecimiento del equilibrio social. 

“Es necesario continuar rescatando genealogías y desmontando estructuras de conocimiento esencialistas, así como fortalecer la micropolítica y la acción social”, subrayó Valencia para después recalcar que esta voluntad transformadora se nutre primordialmente de la solidaridad y las alianzas entre quienes buscan renovación, concientización y cambio. 

Al finalizar su intervención, la ensayista mexicana entregó a todas las asistentes la cálida certeza de que no están solas: “existe un legado de lucha que nos precede y nos acompaña”

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Sayak Valencia en la UNAM

Una respuesta

  1. Ni la violencia ni la discriminación es erradicable, independientemente de los dogmas; forman parte de la propia naturaleza humana, para la que la luz es tan propia como la oscuridad. No sé tu definición de patriarcado; pero actualmente lo que está institucionalizado es la discriminación cínica y formal hacia el hombre. Cualquier otro problema palidece comparado con eso hoy por hoy.

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