Escuela Nacional Preparatoria Plantel 5
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Lo recuerdo muy bien: aquella oscura y agobiante noche la luna no estaba. A pesar de mis súplicas, de mis llantos, de mis promesas, ella simplemente no estaba; igual que los demás me había abandonado dejándome a merced de mi miserable suerte, tampoco había estrellas, simplemente no había nadie…
¿Algo podría haber cambiado? Aún si me hubiera encontrado en compañía de alguien, nada puede asegurar que las cosas de diferente forma se hubieran presentado. Ya nada importa, siempre estuve en soledad, no veo problemas en quedarme así eternamente, pero, ¿puedo asegurar que esto será eterno? Simplemente así lo creo, así es como lo han presentado en las películas al menos.
Aquí yace mi cuerpo, un miserable ser que luce tan etéreo: sus ojos, aquellos que alguna vez fueron míos ahora se encuentran semiabiertos, en ellos ya no hay miedo, ya no hay sueños… Finas gotas se encuentran esparcidas por todo el rostro que hasta hace unos instantes se encontraba bajo mi dominio, las susodichas gotas contornean mi rostro a la par que se deslizan por el mismo. Un líquido carmesí hace aparición desde mi par de labios, pareciese que hace un pobre y vano intento de demostrar que, alguna vez formó parte de un ser vivo. La lluvia ha borrado todo rastro de su color vivo, al menos del rostro…
Aquel mísero cuerpo parece estar viendo al cielo, supongo que incluso al final se mantuvo presente mi deseo, solo quería tener a alguien, solo quería… ¿Qué era lo que quería? Ya no lo recuerdo, una bruma de desesperación cubría todo mi cuerpo, supongo que cubría más que eso.
Creo que ya he pasado aquí mucho tiempo, miro por última vez al cielo, aún no aparece la luna, aún me encuentro en una oscuridad profunda. Empiezo a avanzar, no siento nada, la fría acera ya no es áspera, mis piernas, mi cuerpo, mi espalda, ya no se sienten con cargas, parece que finalmente mi lucha acaba.
Camino, o eso es lo que creo, hay un lugar al que quiero ir, quiero creer que al menos algo debería suceder, que al menos mi presencia tenga un lugar al cual pertenecer. Qué iluso de mi parte es creer que había un lugar donde volver, si ya sabía que esto pasaría, fue por eso que mi alma se siente liberada al dejar todo atrás.
Al interior de aquella casa a lo lejos, mi presencia parece significar nada, aún si no me encuentro físicamente, no hay nadie que me recuerde. Ya han pasado unos meses y no hubo alguien a quien le afecte, es como aquel sueño mío recurrente, donde muero y nadie manifiesta pizca de sufrimiento.
He recorrido las mismas calles tal como lo hacía antes, sigo con la rutina que mantenía estando en vida. Hoy pareciese ser solo otro cotidiano día, camino y me siento, avanzo y finjo que duermo, siempre manteniéndome en silencio, ya he olvidado mi voz, mi nombre, quién fui, cuáles eran mis sueños o cuáles creí que eran. Entonces lo escucho, es mi nombre, ¿realmente puede autodenominarse como mío? Empieza como un bajo melifluo, pero con el pasar del tiempo se convierte en un esplendoroso estruendo…
Fue entonces cuando desperté: mi cuerpo dolía, mi visión era borrosa, creo que había sangre en mi frente, pero eso no importaba realmente. Al intentar mover mis manos, sentí algo distinto, algo raro, una sensación tan familiar y de mi pecho intentaba brotar un un sentimiento cálido, tal vez demasiado, de que en mi boca se instalaba un sabor amargo. A duras penas, y realizando mi mayor esfuerzo, mi rostro ligeramente giró y fue ahí cuando recordé todo.
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Una respuesta
Que ritmo tan sublime… Me encantó