Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Donde las ranas cantaban
cayeron grandes ciudades.
Ahora se levantan casas
alejadas de los mares.
Cruz incrustada en la frente
por piedad insoportable.
Las campanas rompen cielos
de pueblos crepusculares.
La luna empapa madera
en el hogar, huele a hambre.
Ignacio duerme entre sueños
donde llueven soledades.
Humo de todos los bosques,
es lenguaje inexorable
de gente que corre y canta
debajo de una luz flameante.
Ignacio despierta en un negro
anochecer de pesares.
Carmela se anuncia al fondo,
frente al brasero sin carne.
Ya no quedan ni tortillas,
cosa que Ignacio ya sabe.
No dice nada a Carmela,
Pues también ella lo sabe.
Ignacio sale de casa.
Un frío arrasa la calle.
El viento ya lo conoce,
pero el miedo llega tarde.
Bajo árboles que lo observan
el hombre busca al salvaje
animal que lo resguarda
de la vida y el combate,
salvando su pobre mente
de un gran don inevitable.
Entre ahuehuetes y nubes
ve su sombra en los agaves.
Con sus patas en silencio
su pelaje hace señales.
Caza la luna sin verla;
quiebra las serenidades
que guardan paz en el bosque
a las faldas de volcanes.
El perro negro ojos de niebla,
corre por todo el paisaje;
se busca una puerta abierta
y huele entre tantos portales.
En su hocico ya carga algo,
ahora es un nahual andante.
Comida trae para el hogar,
no tiene miedo a robarte.
Él pregunta a los fantasmas
pues como no humano, es distante
de los sabores del mundo.
La estrella va a su rescate,
pero el animal no quiere
escuchar al susurrante.
El nahual grita su pena
con sus aullidos mortales
que resuenan en el pueblo
y apagan los carrizales.
Los demás perros le temen,
saben que habla con caimanes.
Es amigo de polillas
que no duermen en petate.
Escribe rutas en bosques
junto a espectros forestales.
Una mujer le acompaña,
sigue pasos estelares.
Nahual, da tu último grito
ante rayos desbordantes,
custodios de cordilleras,
de soles sacerdotales.
Tiempo atrás, un escondite
era fácil de encontrarte,
pero el tiempo ha pasado,
ya no quedan más maizales.
Ruido adentro, ruido afuera;
sordo, no puedes escucharte.
Tractores y mariposas,
se acabaron los estanques.
Tiempo atrás, detrás de un árbol,
corrías para ocultarte.
Ahora fierros y cemento
buscan feroces atarte.
Tus ojos de perro lloran
ya no pueden escaparse
del negro, negro de noche
del negro de tu pelaje.
La persona se está yendo
en los vientos miserables
quiere correr, mas no puede
está atrapada en las calles.
¡Luna, no llores por él!
Sus aullidos inmortales
lo harán llegar hasta ti
de la mano de insoportables
noches en que triste sueñe,
con sus manos impalpables
y sus lágrimas de humano
que ya no podrán tocarse.
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4 Responses
Definitivamente es literatura de calidad, mis felicitaciones al autor
Buen trabajo. Felicidades
Encantador y lleno de sentimientos encontrados. Muchas gracias por dejarme una sensación que surge desde la raíz, con una lágrima que no pude detener.
Excelente narrativa y un tema muy bien trabajado, con sensaciones que dejan al lector estremeciéndose con cada frase.