En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
CRÉDITO: Eileen Espinosa Ortiz / ENP Plantel 9

Nahual o el rito del sabio Ignacio

Número 12 / ENERO - MARZO 2024

Si la naturaleza se extingue, ¿qué cuidarán sus guardianes?

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Sergio Romero Muñoz

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Donde las ranas cantaban

cayeron grandes ciudades.

Ahora se levantan casas

alejadas de los mares.

 

Cruz incrustada en la frente

por piedad insoportable.

Las campanas rompen cielos

de pueblos crepusculares.

 

La luna empapa madera

en el hogar, huele a hambre.

Ignacio duerme entre sueños

donde llueven soledades.

 

Humo de todos los bosques,

es lenguaje inexorable

de gente que corre y canta

debajo de una luz flameante.

 

Ignacio despierta en un negro

anochecer de pesares.

Carmela se anuncia al fondo,

frente al brasero sin carne.

 

Ya no quedan ni tortillas,

cosa que Ignacio ya sabe.

No dice nada a Carmela,

Pues también ella lo sabe.

 

Ignacio sale de casa.

Un frío arrasa la calle.

El viento ya lo conoce,

pero el miedo llega tarde.

 

Bajo árboles que lo observan

el hombre busca al salvaje

animal que lo resguarda

de la vida y el combate,

salvando su pobre mente

de un gran don inevitable.

 

Entre ahuehuetes y nubes

ve su sombra en los agaves.

Con sus patas en silencio

su pelaje hace señales.

 

Caza la luna sin verla;

quiebra las serenidades

que guardan paz en el bosque

a las faldas de volcanes.

 

El perro negro ojos de niebla,

corre por todo el paisaje;

se busca una puerta abierta

y huele entre tantos portales.

En su hocico ya carga algo,

ahora es un nahual andante.

Comida trae para el hogar,

no tiene miedo a robarte.

 

Él pregunta a los fantasmas

pues como no humano, es distante

de los sabores del mundo.

La estrella va a su rescate,

pero el animal no quiere

escuchar al susurrante.

 

El nahual grita su pena

con sus aullidos mortales

que resuenan en el pueblo

y apagan los carrizales.

 

Los demás perros le temen,

saben que habla con caimanes.

Es amigo de polillas

que no duermen en petate.

 

Escribe rutas en bosques

junto a espectros forestales.

Una mujer le acompaña,

sigue pasos estelares.

 

Nahual, da tu último grito

ante rayos desbordantes,

custodios de cordilleras,

de soles sacerdotales.

Tiempo atrás, un escondite

era fácil de encontrarte,

pero el tiempo ha pasado,

ya no quedan más maizales.

 

Ruido adentro, ruido afuera;

sordo, no puedes escucharte.

Tractores y mariposas,

se acabaron los estanques.

 

Tiempo atrás, detrás de un árbol,

corrías para ocultarte.

Ahora fierros y cemento

buscan feroces atarte.

 

Tus ojos de perro lloran

ya no pueden escaparse

del negro, negro de noche

del negro de tu pelaje.

 

La persona se está yendo

en los vientos miserables

quiere correr, mas no puede

está atrapada en las calles.

 

¡Luna, no llores por él!

Sus aullidos inmortales

lo harán llegar hasta ti

de la mano de insoportables

noches en que triste sueñe,

con sus manos impalpables 

y sus lágrimas de humano

que ya no podrán tocarse.

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Nahual o el rito del sabio Ignacio

4 Responses

  1. Encantador y lleno de sentimientos encontrados. Muchas gracias por dejarme una sensación que surge desde la raíz, con una lágrima que no pude detener.

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