Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
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Ha pasado más de una semana del proceso electoral en México y ya han sido elegidos 9 gobernadores, se ha renovado la cámara de diputados y senadores, y se ha definido quién será la nueva presidenta. Los resultados no fueron muy diferentes a la expectativa de los líderes de opinión, analistas, ni a la proyección de las encuestadoras: el resultado fue contundente para Claudia Sheinbaum.
La alianza de la 4T sigue con mucha fuerza, como se pudo observar en los distintos estados que se pintaron de guinda, tanto en las presidencias municipales, como en las diputaciones locales, gubernaturas, senadurías y diputaciones federales. El control de MORENA que tendrán durante el siguiente sexenio será inevitable y prácticamente imparable. La fuerza política de oposición se concentra en el Partido Acción Nacional (PAN) que carga con otros dos partidos dentro de los cuales, el PRD, perderá su registro a nivel nacional por no tener el mínimo de votos del 3%. Sin embargo la derecha en México no lo perdió todo: consiguió mantener Guanajuato bajo su mando para la siguiente administración, y en el caso de la CDMX reticente las 5 alcaldías con mayor plusvalía: Cuauhtémoc, Cuajimalpa, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Coyoacán.
¿Quienes votaron por Morena?
Es claro que responder a la pregunta sobre quienes votaron por Morena, es muy compleja, pero a su vez, reduce la capacidad de crítica y el análisis a prejuicios y argumentos sin fundamentos. El electorado que votó por un partido en específico, no importa cuál, está muy bien delimitado en cuanto a una ideología y una narrativa sobre el acontecer actual de la política mexicana muy bien establecida, es lo que en la publicidad se le llama “Target” refiriéndose al Público Objetivo. Empero, para ciertos sectores, las condiciones de producción ideológica no son suficientes, existe el afán por revelar al sector social y económico que eligió masivamente a un proyecto de nación.
Estas discusiones pasan por alto un principio democrático que es ignorado, pero que debemos tener muy presente a la hora de generar una conversación al respecto: EL VOTO ES LIBRE Y SECRETO. Indagar quien votó por Morena en una discusión pública lleva a niveles individuales a una persecución en nuestro entorno, una persecución sin sentido. ¿Que caso tiene señalar a mis vecinos, a mis amigos y a mi familia por haber votado por el partido que no es el que me representa y con el que simpatizo? A partir de esta discusión es que se generan ambientes de polarización, que deja de ser mediática para convertirse en un tema personal. En una sociedad tan politizada, lo personal es político, lo político es público y lo libre y secreto no tiene cabida para generar un entorno de consensos.
“No voy a apoyar a quien votó por Morena”: discusiones reducidas al clasismo
En el contexto que se atraviesa actualmente en México, han surgido narrativas y discursos preocupantes que suman a un clima de polarización frente al enojo de quienes simpatizan con la derecha mexicana, derrotada en las urnas. En redes sociales, principalmente Instagram y X, circuló durante la última semana una imagen con texto que dice lo siguiente: A partir de hoy… Ya no le daré propina al “viene viene”. Ya no le dejaré el 10% al mesero. Ya no voy a darle al “limpia parabrisas”. Ya no voy a donar cuando haya un desastre natural o un terremoto. Ya no le voy a dar $10 al “cerillo” del súper, aunque sea un adulto mayor. Ellos votaron por Morena, que les ayude Morena.
Varios usuarios de redes sociales, líderes de opinión y analistas reprodujeron dicha imagen con este texto, promoviendo así un efecto discursivo de descontento. Usuarios escondidos en el anonimato de un perfil en X o Instagram, culparon directamente a la clase trabajadora y a las personas que viven en condiciones de vulnerabilidad bajo el solo prejuicio que nace de la afirmación: “Son pobres, por tanto votaron por Morena”.
La imagen que indica que todos los meseros, los “viene viene”, los “cerillos” del súper y los “limpia parabrisas” votaron por Morena por ser pobres, asume muchas cosas sin ningún fundamento. En primera instancia, esa idea se deduce a partir de ocupaciones que son resultado de la precariedad y situaciones de segregación. El sector social que se opone a todo lo que representa la 4T, se coloca en un escenario en el que se ilustra a sí mismo como la clase media acomodada que formaría parte del sector empresarial, propietario y empleador. Quienes creen esa narrativa, no conciben que existan personas distantes a sus esferas económicas y que pudieran simpatizar con la derecha (lo cual sería completamente respetable).
El discurso construido a partir del argumento: “los pobres fueron quienes votaron por Morena” no ofrece una crítica seria respecto al gran poder que obtendrá la 4T en el siguiente sexenio, por el contrario, busca señalar responsables, perseguir a quienes simpatizan con este proyecto y en el acto, sin desearlo, se ponen en evidencia las verdaderas intenciones de la oposición: los fines electorales de las campañas.
Una oposición por conveniencia
Durante las campañas electorales, todos los partidos políticos le hablaron a los diferentes sectores sociales para atraer su voto. Su público objetivo fue designado de diferente forma según el polo del escenario político. La oposición llama “Sociedad Civil” a lo que el oficialismo designa “Pueblo”.
Durante la avalancha de propaganda, todos los partidos apelaron a la simpatía y a las emociones de todo el electorado, sin hacer ninguna distinción de clases sociales, formación académica, raza, identidad sexo-generica, ni etnia. Con sus propuestas y promesas, todos los partidos hicieron un respectivo llamado a votar por las coaliciones, y a que la gente se apropiara de discurso y defendiera sus proyectos. Sin lugar a dudas, esto cambió después de los resultados electorales, hubieron grupos políticos y militantes que se enojaron con el electorado que no votó por ellos, el mismo electorado que no creyó en su proyecto pero que en campañas quisieron apapachar con propuestas y promesas.
Se trata entonces de una oposición que actúa por conveniencia, que aparece en el juego de la política haciendo movimientos en sus cartas, tirando los dados, acomodando sus fichas, aunque no parece un juego de ajedrez que se lleva a cabo con inteligencia, sino un juego de casino en donde hay grandes apuestas, aspiraciones por ganar y frustraciones al perder. Esa oposición que insulta a quienes no votaron por su proyecto y que en campañas quiso convencer con un discurso casi romántico, fue la misma oposición que durante meses “defendió la democracia” pero que no estuvo de acuerdo con los resultados oficiales del árbitro electoral, ese mismo árbitro que defendieron a capa y espada.
Polarización o reconciliación
Aquellos que se molestaron ante la victoria contundente de la 4T y que dirigieron su enojo hacia la sociedad, ignoran que no solamente se trata del “viene viene”, del “cerillo” o del “limpiaparabrisas”, sino de un sector mucho más amplio. No hay un criterio que indique que más de 30 millones de votos hayan sido emitidos solamente por meseros.
Es inútil delimitar a la población que simpatiza con la 4T y que desconfía de la oposición a partir de datos estadísticos sin fundamentos. Es errónea la afirmación de que “los pobres votaron por Morena” pues según datos del CONEVAL, la población considerada en situaciones de pobreza y rezago económico componen el 12.8% de la población mexicana. El discurso clasista se ve rebasado por los datos reales que no confirman el supuesto de quienes creen que el estatus económico determinó la confianza hacia los partidos políticos en la sociedad.
En realidad, la clase media, cuya supuesta amistad y alianza esgrime la oposición, posiblemente fue el sector social que definió la derrota de la derecha, pues según los datos más recientes del INEGI, lo que se considera como clase media en México está compuesta por 44 millones de personas. Como sea el caso, intentar definir qué grupos, qué comunidad, qué sector y qué fragmento de la sociedad votó por un proyecto político y no por otro, no suma en nada a la discusión pública. La persecución y la especulación influenciadas por discursos de odio como el clasismo, generan un entorno de polarización aún más arraigado a la sociedad cada vez más politizada. No dar propinas ni donar cuando haya desastres naturales en un afán de culpar a quienes creen en un partido político, es de los peores escenarios para la polarización en nuestro país.
En un momento de reflexión respecto a los procesos democráticos, la discusión se orilló al clasismo de grupos elitistas que reaccionaron ante las tendencias que no favorecieron a los candidatos y candidatas de la derecha. Sin embargo, este es un momento en que debería existir una reconciliación, no sólo a nivel social y colectivo, sino a nivel individual, debemos aprender a convivir con tolerancia, a ejercer nuestro derecho al disenso, pero también a fundamentar nuestras opiniones en criterios claros, para no buscar un responsable individual de la situación actual y futura del país. Se trata pues, de un asunto de colectividad. Día con día debemos construir una sociedad en donde comencemos a respetarnos aún con posturas diferentes. Si bien existen intentos y esfuerzos por llegar a la reconciliación nacional, también existen discursos emergentes que, sustentados en prejuicios clasistas, promueven el odio a una sociedad que no entienden, pero a la que culpan de los resultados que no les favorecen y que no les son satisfactorios. Ese sector clasista es una pequeña parte de la sociedad que no pudo consolidarse masivamente en las urnas.
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