En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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La Magdalena

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

Mitos y realidades detrás de este personaje bíblico

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Vania Loreta

Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra

Con el afán de cambiar aquello que creemos, para poner cada cosa en su lugar, y recordando que la historia la cuenta quien más poder tiene, me gustaría reivindicar a María Magdalena: aquella mujer que, por serlo, quedó en un limbo, por ser más de lo que se esperaba de ella, por tomar lo que no se le quería destinar y porque miles de años después, se sigue oyendo su nombre.

Primer misterio: las Marías y las sin nombre

A lo largo de la Biblia, y también en los textos gnósticos, se mencionan varias mujeres llamadas María. Se mencionan aproximadamente seis Marías distintas: mujeres diferentes, de distinto origen y con diversas participaciones en los textos, pero a quienes se ha mimetizado en una sola persona, haciendo de ellas una sola figura. Así, se ha dejado de lado su individualidad y representación, reduciéndolas a dos: María de Nazareth y María Magdalena.

La segunda, por su parte, comenzó a ser la representación de las Marías y de las sin nombre: mujeres mencionadas en los textos sin un origen claro, cuyo nombre no parece ser significativo y que terminaron relacionadas con Magdalena. Tal es el caso de la mujer que unge los pies de Jesús con aceite y limpia sus lágrimas con sus cabellos, o la mujer que Jesús salva de ser lapidada con la conocida frase: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. La realidad es que no hay forma de probar que esas mujeres fueran la misma persona, ni que esa persona fuera Magdalena.

Lo que podemos intuir, por otro lado, es el papel que se le permite jugar a una mujer: la madre, la hermana, la pecadora, la arrepentida… y una se pregunta, ¿con qué intención se aglomeran todas esas figuras? Para que la seguidora y aprendiz pueda ser degradada, para que la libre y pensadora tenga un hermano frente al cual debe rendir cuentas, para mantener, bajo el nombre y el estigma, la figura de la mujer.

 

Segundo misterio: la mejor discípula de Jesús

Y si no es ninguna de ellas, entonces, ¿quién es Magdalena? Aquella que, junto con los doce apóstoles, escuchó la palabra de Jesús, a quien Él consideró digna del conocimiento, y quien, fuera del canon oficial, es mencionada como la más querida entre los apóstoles, por ser aquella que mejor entendió la enseñanza divina, aquello que debía predicarse.

Tan importante fue, que de entre los doce, fue ella quien acompañó a Jesús en su crucifixión junto a su madre. Fue a ella a quien se le concedió el honor de ser la primera en presenciar la resurrección de Jesús: la mujer entre los hombres.

Uno de esos hombres fue el apóstol Pedro, con quien se cree que hubo una rivalidad, ya que el fuerte acercamiento de Jesús a Magdalena causaba molestia al hombre que no podía pensarse inferior a una mujer. Él fue después considerado el primer papa, por fundar la Iglesia y predicar el Evangelio de Dios, con el reconocimiento, el poder y la sabiduría que a María no le parecía digna de esparcir.

 

Tercer misterio: compañera y madre

En los textos gnósticos, un fragmento habla de cómo Jesús besaba repetidamente a María en… la palabra fue rayada. Esto llevó a especular sobre la relación entre Jesús y Magdalena. Pero en otros textos, los besos en la boca simbolizan el traspaso del conocimiento. Claro que, al ser algo entre un hombre y una mujer, debía tratarse de “algo más”. Y cuando se menciona entre dos hombres, sólo puede ser una alegoría al simbolismo.

Cuando Pedro comienza a instaurar su iglesia, María huye a Francia, acompañada, entre otros, por una niña llamada Sara, la supuesta hija de su relación con Jesús. Y entonces, la pecadora, no apóstol, ahora es endemoniada como la figura que profanó la castidad del Hijo de Dios.

 

Cuarto misterio: los cátaros y los cristianos gnósticos

Existieron también aquellos a los que se les llamó herejes, cuya idea de Dios era distinta a la de Pedro y fueron perseguidos por la Inquisición hasta ser desaparecidos. No quedaría de ellos más que su mención como herejes, si no fuera por aquellos textos gnósticos hallados hasta los años 40 del siglo pasado.

Entonces entran en juego los cátaros, quienes —al igual que los gnósticos— fueron perseguidos por su corriente religiosa, y que, curiosamente, se descubrió después que seguían principios muy similares. Este grupo se encontraba al sur de Francia, región del país a la que huyó Magdalena.

¿Estaban entonces los cátaros siguiendo enseñanzas gnósticas difundidas por esa predicadora preferida de Jesús, la que mejor había entendido el mensaje divino que debía esparcirse? ¿Sería entonces que, en vez de huir por ser progenitora de la sangre de Dios, huía por el legado de la palabra, cuya visión era contraria a la de aquel que los mandó a matar?

 

Quinto misterio: María de Magdalena

Y entonces la mujer se volvió misterio: con un pizarrón lleno de notas, información aislada, datos mezclados y evidencia coincidente, pero que nos deja ver la profundidad del personaje del que se habla. A quien por años se quiso ver como una mujer “impura”, con el afán de disminuir su importancia, de esconder lo valioso de su implicación en los hechos.

Yo no busco llamarla madre de nadie, ni esposa, ni siquiera apóstol. Solo busco dar a su imagen el trasfondo más detallado posible, porque su relevancia es más que la expresión “llorar como Magdalena”. Ella también vivió, aprendió, existió, fue libre, fue discípula y fue evangelista. Porque no se trata de una mujer arrepentida por sus pecados, sino de algo más profundo, con toda la complejidad de un ser humano: la mujer entre los hombres, la Magdalena.

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