Escuela Nacional Preparatoria Plantel 5, José Vasconcelos
Escuela Nacional Preparatoria Plantel 5, José Vasconcelos
¿Cómo describirte? Tienes tantas formas, flores y espinas. Comencé a dibujarte, primero en simples hojas opalina y después en una libreta especial.
Por mucho tiempo te observé y te admiré. Jamás te había tenido tan cerca, tanto que alguna de tus espinas me pinchó. Tardé en encontrarte y me emocioné cuando te tuve. Sin embargo, escuché las indicaciones de cómo cuidarte e indudablemente te mantuve feliz: vivo y verde.
Has tenido tropiezos conmigo, por ejemplo, cuando me tuve que mudar por un mes. Sabía que me sentiría sola, así que te llevé conmigo para acompañarme y cuidarme. Te coloqué en un lugar visible al despertar, por supuesto te cuidé, hasta llevé conmigo mis más sublimes creaciones de ti, los retratos y bocetos, e incluso los instrumentos con los que te dibujé.
Al llegar de la escuela seguías ahí, abría los ojos y tú te encontrabas ahí. De la nada, algo en ti empezó a cambiar. Ya no tenías el mismo color verde brillante de siempre, sino que ahora te tornaste amarillento, seco, frío e indiferente. Ahí fue cuando noté que algo estaba fallando; tal vez no te cuidé lo suficiente, quizás algo no hice.
Como me lo habían indicado, yo derramaba gotas de agua sobre ti cada dos semanas. A lo mejor fue poco o mucho, tanto que te sentiste encerrado e inflado, o a lo mejor, los rayos del sol dejaron de tocar tu piel. Comprendí que ya no eras feliz en aquel lugar. Podrá ser coincidencia, pero yo tampoco me encontraba feliz en aquel verano de brisa.
Pienso quizás pasamos mucho tiempo separados, así que te tomé temprano un viernes y por la tarde te regresé. Al llegar te llené de agua e inmediatamente noté tu mejoría, ahí es donde perteneces. Poco después te visité e intenté verte más seguido.
Ahora todo es diferente. ¿Te veo?, sí. ¿Te cuido?, sí. Ahora tu ya no me necesitas, yo a ti sí, pero entiendo que estás en un lugar mejor, donde hay abundante luz y mudas tus espinas a gusto, además de tomar agua a tu voluntad.
Todavía pienso que no debo aferrarme a ti. Después de todo, te sigo queriendo mucho y en momentos como hoy recuerdo que el lugar que te vio florecer es tu hogar, tu pertenencia.
Te veo y no hay ocasión para retratarte contorneado, la escuela me consume. Tenía que esforzarme en buscar a alguien más. Sinceramente, no tuve la inspiración suficiente como para dibujar a alguien más. Al intentarlo te recordé y temblé. Respiré y sin darme cuenta, por ese único instante me centré y tracé el contorno de alguien más, me esmeré y funcionó bien, pero te seguía extrañando. Te dibujé solo a ti por tanto tiempo.
Tomé una foto y aprecié cada rincón de ese lugar, los colores que se observaban, la luz, sombra, la variedad e, incluso, percibí tus sonidos de libertad y tranquilidad. Sé que jamás te extinguirás, porque seguirás vivo mientras exista y que futuras generaciones no se olvidarán de ti.
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