En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
Luis Villareal de concepto.de

El origen del mundo

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

Creencias y vibraciones

Picture of Edgar Humberto Soto Monrroy

Edgar Humberto Soto Monrroy

Facultad de Filosofía y Letras

Para el Dr. L.R.U. y para Paul, por inspiración y motivación respectivamente

Érase una vez un Uno: animal único, solo e indivisible; infinito e indeterminado. Llenaba el vacío con su presencia absoluta. Dirá alguien avispado: “si el vacío contiene algo, entonces no está propiamente vacío y deja de existir como tal”, a lo cual yo responderé que deje de ser tan aguafiestas y conceda una buena dosis de fantasía al texto.

Continuando con el relato, estaba este animal majestuoso existiendo en su llana uniformidad, sin órganos sensores para sentir su ambiente, aunque no había mucho para sentir; por ende, no creía tener carencia alguna y vivía plenamente en su condición de ente que rodea a otro ente.

—¡Un momento! —pensó Uno—. ¿Acaso estaré desvariando, pues siento yo que rodeo a algo? ¿Acaso existe otro ser en este espacio? ¿Acaso estoy sintiendo su presencia en todos mis bordes, de los cuales me acabo de percatar con esta nueva habilidad llamada sentir?

Porque, en efecto, por causas de la existencia infinita, ilimitada e indefinida, puede suceder que sucedan ciertas cosas que bien podrían no suceder nunca y mantener el estado imperturbable de lo existente, que solo era Uno, pero ahora hay otro Uno.

Por el impacto de tal noticia, Uno no se preguntó por el hecho de haber iniciado también el proceso llamado ahora pensamiento, cuyos misterios mantendrán ocupados a los académicos en discusiones interminables en cuanto llegue su momento de existir. Pero hablar de eso sería saltarnos buena parte de la historia y repetir otra bien sabida, así que lo dejaremos para otra ocasión.

Pero si mis únicos bordes están todos en contacto con Uno —pensó Uno— y no conozco otros bordes sino aquellos, entonces no podría estar seguro de si en verdad existo alrededor de Uno. Es posible que Uno me rodee a mí, pues también él tiene todos sus bordes sobre mí. Puede también que ocupemos mitades equivalentes del espacio infinito, aunque ello sería imposible o muy difícil de saber.

En este punto, Uno se dio cuenta de que estaba dialogando con Uno —o mejor dicho, pensando con Uno—, pues Uno no tenía boca y Uno tampoco, y ambos tampoco tenían orejas para escucharse mutuamente. Entonces Uno le pensó a Uno y Uno le contestó, y tuvieron una conversación en el pensamiento, ya que no podían hacer de otro modo. Se dieron cuenta de su gran parentesco y su abismal diferencia: ambos eran Uno, pero Uno era Uno y no podía ser Uno. A su vez, Uno solamente podía ser Uno y no Uno, cada quien poseedor de la infinidad en un lado y la finitud del otro, justo donde Uno y Uno estaban en contacto.

Llegado a este punto, espero con todo mi ser que el lector haya desistido de sus esfuerzos por saber diferenciar entre Uno y Uno, pues en realidad no sabemos si Uno fue quien inició la “conversación”, o por el contrario, fue Uno. Y no importa, en realidad, pues los hechos funcionan de la misma manera tanto si Uno o Uno realizaran cualquier acción.

Estaban los dos coexistiendo en su propia indefinición cuando, por la misma fuerza providencial que los hizo percatarse de sus respectivas presencias, a Uno le dieron ganas de respirar. Se lo comunicó a Uno, y antes de cualquier otro pensamiento ocurrieron los sucesos que acabaron con Uno y Uno.

Uno (o Uno, ¿qué más da?) respiró, pero como entonces no había aire y lo único que llenaba el vacío del espacio era Uno… al pobre Uno. Usted se imaginará que en una existencia plena en tanto infinita, no hace falta introducirse entes externos al interior de uno mismo, pues si uno mismo es todo lo que había existido hasta el momento, entonces uno mismo no necesita nada, ni siquiera cavidades que permitan la entrada de cualquier agente externo, que no era necesario en tanto material. Concluimos fácilmente que fue catastrófico para Uno ser respirado por Uno, por carecer ambos de las características necesarias para cualquiera de las dos acciones: inhalar y ser inhalado.

Fue así que Uno se dividió en infinitos pedazos finitos para poder ser respirado por Uno, que estalló de igual fantástica manera para poder dar cabida a Uno. Y por esta acción de hacer finito lo infinito, de manera tan violenta y contradictoria, Uno y Uno perecieron, o al menos lo creyeron por una cantidad finita de tiempo que, para ellos, es insignificante. Fue en realidad que cayeron en un profundo estado de aturdimiento, durante el cual los fragmentos de Uno se mezclaron con los pedazos de Uno, y se hicieron infinitas diferencias entre cada uno; se mezclaron, combinaron y recombinaron infinitas veces, de infinitas maneras. Mientras tanto, Uno seguía siendo respirado por Uno. Pareciera que estaban preparándose para algo impresionante, si tan solo hubiesen sido conscientes de ello.

Entonces llegó el día en que la inhalación paró y dio paso a la exhalación, pero para ese punto las partículas de Uno y Uno se hallaban tan mezcladas entre sí que, en realidad, parecía que tenían los movimientos propios del aire, porque efectivamente era aire lo que se movía: aire hecho de ambos seres infinitos, partidos infinitamente en partículas finitas infinitamente pequeñas; aire que salía y volvía a entrar, dividiéndose, volviéndose a unir y a dividir en infinitos hilos, enganchándose en los orificios diminutos que lo filtran y lo devuelven con las impurezas que no se emplean. Se pasa haciendo vibrar una membrana que, con el movimiento, produce sonido que capta un oído.

Entonces Uno y Uno, tan diferentes entre sí, vuelven a inhalar profundamente, y cuando exhalan hacen vibrar diferentes membranas, y el aire hecho de ellos pasa a través de conductos, pistones, fuelles, válvulas, cañas, lengüetas, biseles, campanas. Mientras, vibra en ondas armónicas de media, tercia, cuarta, quinta, con sus infinitas combinaciones.

Lee aquí más artículos relacionados

Reír también es sanar

Reír también es sanar

Por: Mia Eleonor Antonio
Medicina para un corazón cansado de tanto vivir

Leer
El cuidado como acto político

El cuidado como acto político

Por: Jessica Leonor Salazar Rodríguez
La ternura radical ante el individualismo

Leer
La rebeldía me encontró

La rebeldía me encontró

Por: Rubén Benicio
Cómo el punk rock me salvó la vida

Leer
Punks vs Emos

Punks vs Emos

Por: Eska Paez
En un sistema violento, cuidarnos es resistir

Leer
El espejo del dolor ajeno

El espejo del dolor ajeno

Por: Heyel Samael Salgado Velázquez
La empatía es el acto más radical para sanar en comunidad

Leer
Hacer el bien también nos hace mal

Hacer el bien también nos hace mal

Por: Christian Alejandro (Kira) Castellanos
¿Sabes qué es el trauma vicario?

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

El origen del mundo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 + 9 =