Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creativdad.
crédito: Ana María López García / ENP Plantel 9

El funeral

Número 8 / ENERO - MARZO 2023

Un cuento de terror y surrealismo…

Picture of Eduardo Acevedo Martínez

Eduardo Acevedo Martínez

Facultad de Filosofía y Letras

Fue en su funeral donde descubrí por qué Lulú estaba tan obsesionada con hacer amigos. Se suicidó cortándose la garganta en la primavera del último año de su adolescencia, y quiso someterse a lo que se conoce como un funeral por trasplante, en el que su cuerpo se divide y se implanta en alguien cercano a ella.

—Ese había sido su sueño desde que era una niña— nos dijo su madre, llorando. Detrás de ella, los imponentes restos de Lulú sobresalían, estaba sonriendo, rodeada de flores. Cuando mis ojos rodaron hasta esa sonrisa sentí que mi corazón se iba a detener. Era una chica angelical. Era brillante, dinámica, olía a limón y, cuando reía, su voz ondulaba el aire como el impacto con un cristal.

—¿Alguno de sus amigos estaría dispuesto a ayudar en el entierro por trasplante de mi hija?

—Me encantaría.

Yo fui el primero en postularse. Los otros compañeros siguieron, uno tras otro, levantando sus manos, siguiendo mi ejemplo.

Así, el cuerpo de Lulú iba a ser repartido entre 111 de sus amigos más queridos. Me dieron el derecho a elegir primero. Después de muchas dudas, escogí el dedo meñique de la mano derecha. Es pequeño, pero no estorba cuando me pongo la ropa y siempre lo veo. Mi mano derecha tiene ahora seis dedos. Su dedo, que fue colocado del lado de mi meñique, es delgado y recto; se mueve cuando menos lo espero, lo cual me encanta. Esta es la pequeña lápida de Lulú, yo soy su tumba.

Todos nos convertimos en su tumba y salimos del hospital con la cara llena de realización.

—Seguro que por eso quería ser trasplantada, murmuró Elena a mi lado. También era su amiga. Los globos oculares de Lulú, incrustados en sus mejillas y protegidos por los párpados de piel de Elena, se movían lentamente.

—Sí, es probable.

—Y ahora también está con mi hermana. Creo que estará contenta, dijo Elena y me mostró la otra oreja que tenía implantada detrás de la suya. En su espalda hay, al parecer, una palma de su bisabuela, que heredó de su abuela. Ella no es sólo la tumba de Lulú, sino también la de su hermana y la de su bisabuela.

Puede que alguien más utilice como tumba a Elena en el futuro. No es para tanto, pero probablemente yo no trasplante a nadie más. Quiero ser la única tumba de Lulú.

Desafortunadamente sus cuerdas vocales fueron cortadas. Si hubieran sobrevivido definitivamente habría elegido eso. Pero Lulú se llevó esa voz al cielo. Me sentí muy triste por eso.

Era una tarde soleada. Mientras volvía a casa, se me pasó el efecto de la anestesia y me empezó a doler la mano. La sujeté y deseé poder recordar este dolor durante mucho tiempo, porque un día desaparecerá.

Más sobre Ventana Interior

Entre velos y máscaras

Entre velos y máscaras

Por: Marlon Hiroshi De la Rosa Reyes
Cuando los disfraces se visten de personas

Leer
Frankenstein y su criatura

Frankenstein y su criatura

Por: José Ramírez Leñero
¿Quién es el verdadero monstruo aquí?

Leer
Apoptosis existencial

Apoptosis existencial

Por: Úrsula Desireé Paez Torres
¿A dónde van los pensamientos que se suicidan?

Leer
Eres lo que haces

Eres lo que haces

Por: Raquel Noyola
Aprende a mirar dentro de ti

Leer
Efímero y sin aviso

Efímero y sin aviso

Por: Sofia Cruz Huerta
Poema sobre las segundas oportunidades y el paso del tiempo

Leer
Leviatán

Leviatán

Por: Verónica Hernández Carapia
Monstruos que matan al “príncipe azul”

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

El funeral

Una respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

sixteen − fifteen =