Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco
Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Azcapotzalco
Después de un año de querer conocerte, por fin llegó el día en que lo hice. No fue un primer día convencional, pero fue algo especial.
Tras pasar un primer año en línea, logré conocerte mientras terminaba el 3er semestre y ahora vislumbro el futuro que el 4to anuncia. Gracias a esa cita esperada, te conocí, ¡por fin! Y nunca olvidaré la sensación que cundió por mi cuerpo al verte por primera vez.
Mientras te recorría con la mirada, añoraba la normalidad que nos arrebataron y solo pensaba en los momentos que me aguardarán contigo. Cuántas risas retumbarán entre nosotros, cuántas experiencias viviré y tú serás testigo. Me gusta pensar que cuando la realidad se reanude, viviremos experiencias multiplicadas del año que no te conocí.
Ahí, al igual que yo, estaban mis compañeros y con los rostros ocultos por el cubrebocas pude descubrir sus ojos mientras trataba de familiarizarme con sus expresiones. Recuerdo cómo escaneaban todo a su alrededor al mirar de arriba a abajo, emocionados por estar ahí. Trataba de comparar aquellas figuras con las imágenes de Zoom que veía todos los días y de nuevo se cruzaban nuestras miradas fugaces, llenas de sorpresa y curiosidad.
No faltaron los comentarios de la expectativa incumplida, la ilusión de la virtualidad, el engaño de las cámaras, que se manifestaron en expresiones como “pensé que eras más altx”, “te veías distintx” o “te imaginaba diferente”. La realidad superó los parámetros bajo los que habíamos vivido, pinchando nuestra frágil burbuja de aquel mundo virtual, para anunciar la nueva realidad de clases presenciales.
Mientras escarbaba en los recuerdos de la antigua normalidad, me di cuenta que hace dos años no tomo una clase presencial, desde aquélla que marcó el último día en mi escuela anterior. Se me ha olvidado qué se siente tener a un maestrx en frente que vea lo que hago en tiempo real.
Las vagas memorias regresan a mí cuando mi actual maestra de matemáticas señala: “yo en presencial les hago pasar al pizarrón a resolver problemas”, entonces mi mente entró en estado de asombro. Había olvidado que existían los pizarrones reales, no aquéllos virtuales donde el poco ancho de banda congela la imagen y en un momento de descuido las operaciones se convierten en antiguos jeroglíficos imposibles de entender. Las excusas adjudicadas al internet ya no serán suficientes y ahora aprenderemos a decir: “profe, no sé, no entendí”, o por lo menos a disimularlo cara a cara.
Después de tantos retos, ¡te conocí, CCH!, y caminé por tus pasillos, canchas, explanadas, biblioteca y auditorios. Conocí tus edificios y las leyendas que los persiguen, tus murales, santuarios y escondites, mientras decenas de pensamientos invadían mi mente, llenándola de incertidumbre y esperanza sobre el futuro.
Me di cuenta de lo que dicen, tal vez la esencia completa no solo seas tú, sino aquellos quienes te definimos: los estudiantes de la UNAM que día con día hacemos de ti un recinto lleno de historias.
Sé que nos esperarás, así como aguardas que el espíritu universitario te llene de nuevo. Que sepas que todos te hemos esperado y regresaremos con un mayor entendimiento sobre la vida, porque aprendimos a entendernos al estar con nosotros mismos. Estoy segura que las mentes que volverán a ti, querido CCH, cumplirán con tu modelo, porque al igual que en el año que no te conocí, me atrevería a decir que la comunidad aprendió a aprender, aprendió a hacer y aprendió a ser.
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