En ausencia de…
Por Alexis Boleaga
¿Qué vida puede vivirse así?
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala
Trémula. Conforme a una de las definiciones de la RAE, esta palabra define algo que constantemente parpadea o tiene movimiento de manera agitada o temblorosa. Su primer ejemplo es el brillo de una vela.
Por azares de la vida, sucede que el poder de las palabras se manifiesta en la libertad de interpretar (o en la necesidad de que tu corazón y tus emociones deseen hacerlo). Puedes tomar la palabra más modesta y convertirla en la metáfora más genuina o en el verso más detestable que hayas oído alguna vez. Cada palabra yace a partir de un punto que marca las múltiples interpretaciones de una persona y es justo ahí donde la magia del lenguaje nos regala la inflexión para plasmar y unificar el sentido.
En lo que a mí concierne, la palabra trémula fue mi punto de inflexión.
¿En qué otras circunstancias de la vida palpable si no es ahí donde reposa mi sentir, una palabra así, como temblorosa y brillosa, podría conformar un significado tan positivamente coherente?
Quizá aún no me doy a entender, por lo que permíteme explicar lo que me trajo a escribir. Comúnmente, se relaciona a todo aquello que es estable, a lo que no titubea ni vacila con la seguridad. Y no quisiera ser malinterpretada, puesto que en numerosas circunstancias he confrontado mi suerte, porque las cosas que se supone que deberían de serme seguras no perduran tanto como me gustaría: amistades, momentos felices, personas.
Cuando una luz brilla segura e intensamente, se contempla y se aprecia, pero una luz que brilla dudosa y temblorosamente casi nunca se percibe de la misma forma. A pesar de que esta luz quizás lo intenta con la misma fuerza e intención. Entonces me pregunto sobre la naturaleza de esa pequeña parpadeante e insegura luz. Y es que, las circunstancias que el destino le han impuesto a dicha luz trémula, no se definen a que no desee brillar o que no tenga el anhelo por hacerlo: en realidad lo hace, de forma diferente pero lo hace. La pobrecita luz se encadena a diferentes destinos: intentar con más fuerza complacer el deseo de los demás antes que el suyo; permitir cegarse ante el brillo ajeno; o en el peor de los casos, ser olvidada y apagarse por completo.
Cuando recobra el sentido esta luz no reconoce a nadie, ni siquiera a sí misma. Ahora, está navegando en un cosmos donde no entiende por qué todos lucen igual; pero de todas formas está cansada y melancólica. Parece que nadie la escucha a pesar de caminar junto a mucha gente, aunque agita sus manos y brinca con empeño sin demasiada suerte. Tal vez ha caído en una dimensión distorsionada. Agotada, se detiene un momento porque parece sentirse demasiado nerviosa. Aún cuando lucha incontablemente para pertenecer, nadie puede notarla. De pronto las lágrimas caen sin remedio.
Esa luz olvidó su destino. Pero eso no parece ser un problema para nadie a su alrededor y tampoco es sustancial. Sin embargo, lucha para que su felicidad pueda ser más grande. Ahí, donde es feliz existen sonidos ensordecedores que intentaron callar en vano, formas inexactas y desproporcionadas. Existen, en su felicidad, otras luces inconsistentes que irradian junto a ella cuando oscilan una detrás de la otra, incluso hay compañeras rutilantes que caminan detrás o se encuentran lejos del círculo: como luciérnagas que son admiradas por cada breve latido luminoso.
Como dije al principio, por azares de la vida el universo del lenguaje permite un sinnúmero de posibilidades. Y ahora en este caso, me da esperanza saber que así como tú o como yo, la pequeña luz temblorosa ha sabido enfrentar lo que parecía imposible. Yo sé más que nadie que a veces intentar no es suficiente, pero por fortuna, aquí, mientras conecto emociones, descubro que el horizonte es vasto y la oportunidad de encontrarse con más momentos de dicha son posibles.
Hoy la pequeña luz siente que ha llegado a un punto sin retorno, por lo que una vez que alivia sus penas y ha descansado, recupera su fuerza, limpia sus lágrimas y continúa. Aunque no sabe a dónde o por qué, mientras avanza disfruta su pequeño extravío, disfruta el camino discontinuo que ya se vuelve familiar. A medida que deambula y mira hacia arriba, observa que existen formas de brillar. Parece que se contagió de felicidad nuevamente. Por instantes, el suelo retumba cuando nuevas ondas lumínicas advierten su llegada y pese a no saber qué es este mundo, ella se siente en casa.
Y entonces las ve claramente, luces vibrantes que se apagan y encienden en el momento que más les apetece. Nadie les exige mantenerse constantes puesto que cada una brilla en el momento correcto mientras avanzan. Contempla con una mirada de anhelo y pureza todas esas luces pues en un instante, las alientan a subir a su lado. Antes de poder decir una palabra, antes de poder siquiera preguntar por qué ella, las luces le extienden la mano. Aunque vacila un poco, no desea volver a dudar más y ahí, absorta en la belleza de un mundo nuevo que acaba de conocer, la pequeña inconsistente luz abandona todo miedo que existe en ella y sin dar marcha atrás, emprende una nueva aventura, donde es libre de ser. Libre de brillar con luz trémula.
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Una respuesta
Reflejas en cada palabra una melodía que invita a tu sentir. Gracias.