Secuencial
Por: Yuliana Serrano Váldez
Una costumbre de pura maldad
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
Vea ante usted desplegada una larga tarima de duelas negras o amarillas o blancas o marrones, figúrese ahora que tal duela se encuentra en uno de esos elegantes salones de baile tan retratados en las películas. Sé que puede ser difícil, puesto que no hay paredes, y al parecer nos encontramos suspendidos sobre el vacío, a una distancia apreciable del suelo, tampoco hay barandillas ni cualquier tipo de barrera que impida una desgraciada caída. ¡Que imagine!, le he dicho, haga el esfuerzo.
¿Ya lo hizo?, excelente, ahora camine hasta el final de la tarima, tranquilo, es bastante firme. Vaya muy lento, con pasos cortos, acostúmbrese al ancho del camino, sea muy preciso para no resbalar ni tropezar con sus propios pies. ¿Que ya sabía caminar y no necesita mis indicaciones?, entonces en verdad necesita hacerlo como le estoy diciendo, esta caminata no es como allá abajo, aquí es necesario afianzar los talones y las puntas en el suelo, no muy fuerte, que se cansará pronto, sólo lo necesario para estar seguro de dónde pone los pies.
Cuando su memoria parezca estar lista cierre los ojos, mire hacia arriba o hacia un lado, de modo que la tarima no entre en su campo de visión, en este punto necesita mucha concentración para no caer ni confundir el pie con el pie, siga atentamente la siguiente coreografía: primero de dos en dos; uno, dos, uno, dos; luego de tres en tres, uno, dos, tres, uno, dos, tres; de cuatro en cuatro, uno, dos, tres, cuatro; si le es posible hacerla de cinco pasos, adelante, está en todo su derecho, pero le advierto desde ahora que se le hará complicado si no tiene la técnica o la fisiología, aunque no es imposible. Si dispone de tiempo y cabeza puede intentar de seis, siete e incluso ocho, aunque no es necesario con su condición de neófito.
Pruebe ahora con saltos, primero de dos, luego de tres, primero muy lento, seguro de sí mismo. Luego combine saltos y pasos, aprenda muchos ejercicios coreográficos, que le servirán para aprender danzas propiamente dichas, de vez en cuando puede intentar patinar, taconear y zapatear, hacer piruetas varias, como el pino, maromas hacia adelante y hacia atrás, saltos mortales, de longitud, volteretas, split. Lo que importa es que pueda hacerlas cómodamente y que expresen exactamente lo que quiere decir, en otras palabras: si cree que la coreografía que está interpretando tiene muchas florituras, o es desagradablemente barroca, pare un momento a pensar cómo puede simplificar los movimientos sin perder expresividad. Si por el contrario cree que la danza es sosa y sin chiste, experimente con pequeños detalles que ayuden a embellecerla.
La mayoría de estos bailes no fueron hechos para hacerse en solitario, sino para acompañar y ser acompañado por otros bailarines entarimados, e incluso bailarines sobre el suelo, que motivados por las coreografías aéreas también se levantarán a mover los pies. También se enterará de que existen más estilos de baile, está uno en el que se debe abrazar el viento encapsulado, otro donde los pasos se hacen sobre plataformas móviles, tablones delgados, o directamente en el aire, otros donde los ejecutantes se encaraman en largas pértigas o visten sus pies con zapatos duros para resaltar los taconazos, e incluso uno dónde sólo se oye el sonido de los pasos mientras el intérprete se imagina que mueve su cuerpo.
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