Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Olya Kobruseva/Pexels

Ayer

Número 3 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2021

Carta de amor para anónimo: “Llegó la noche acompañada del frío de la soledad. Junto con ella, también se aproxima la despedida a todos los pensamientos nostálgicos que se ahogan en el silencio”.

Picture of Daniela Jaqueline Pantaleón Flores

Daniela Jaqueline Pantaleón Flores

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 9, Pedro de Alba

Ayer soñé de nuevo contigo. Soñé con tu silueta que se dibujó en cada uno de los momentos que compartimos. Momentos que quedaron impregnados en el infinito de mis recuerdos y en la eternidad de mí ser. Momentos que se desvanecieron en tu olvido y se perdieron en la inexistencia de tu futuro.

En mi sueño recorrí la vida a tu lado, observando la alegría que desprendía tu sonrisa y la ilusión de tus ojos, mirada que demostraban la bondad y el resplandor de tu alma. Atravesé el regocijo que creía sería eterno. Me encontraba en la euforia que pensaba había dejado en el ayer, la que creía se había ido para siempre. Sin embargo, llegó el momento de despertar de aquellos dulces susurros del pasado. Despertar en un mundo rodeado de tristeza que hace unos segundos había sido irreal. Despertar en la tristeza que pensé había abandonado al vacío y al rechazo.

Me levanté de la cama en la oscuridad de mi habitación. Tenía mi boca amarga, amarga no solo en el sentido del sabor mañanero de no haberme lavado los dientes todavía, sino que, era la amargura por las palabras que no pude pronunciarte y se quedaron mudas en mi voz. Palabras que se combinaron con mis labios secos, secos de emociones y carentes de expresividad. Mientras intentaba continuar con la rutina que llegó después de tu partida, una lagrima brotó de mis ojos infelices. En esa lagrima iba algo de tu recuerdo, pero también iba algo del sobrante de mi alma. Porque eso fuiste, fuiste el ser que se impregnó en mí y se convirtió en mi todo.

Por la tarde, el sentimiento de querer verte, de querer abrazarte, de querer sostenerte entre la existencia de mi sobrevivir, invadió cada parte de mi cuerpo y de mi mente. Pero, se desmoronaron ante la verdad de la ausencia de tu vivir.

Con las pocas energías que me quedaban me dirigí a casa. Casa que nunca se sintió más vacía que el día en el que emprendiste tu marcha hacia el final de tu respiración. Casa que alberga cada una de las huellas de nuestro pasado. Casa que guarda cada una de las risas que compartimos. Casa que guarda cada una de las cosas que superamos sujetados de las manos y en compañía uno del otro. Casa que en cada rincón en el que me encuentre te siento.

Llegó la noche acompañada del frío de la soledad. Junto con ella, también se aproxima la despedida a todos los pensamientos nostálgicos que se ahogan en el silencio. Llega el tiempo en el que esperó no soñarte de nuevo y poder olvidar un rato el pesar de no tener cada uno de tus suspiros y cada palpitar de tu corazón a mi lado.

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4 Responses

  1. Impresionante, me hizo sentir la desesperación y tristeza de querer algo que es imposible poseer. Toda esa ola de sentimientos te inundan y es imposible no sumergirse en el sentir de la persona, me gustó mucho <3

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