El afternoon
Por Demetrio Sánchez Delgado
Reflexiones para lxs estudiantes que quedamos en la tarde
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Hipo, al principio parecías alguien bastante animado y lo seguiste siendo pese al niño que te asignaron, eres perseverante. Con el paso del tiempo, también mostraste un gran conocimiento en distintos temas y un aura de confianza, por eso sé que lograrás lo que te propongas.
– Adair, tutor del equipo Ajolote.
El Programa de Tutorías UNAM-PERAJ llamado “Adopta un Amig@”, es un proyecto albergado en la Dirección General de Orientación Académica y Estudiantil (DGOAE). Adaptado de un programa israelí de 1974, la UNAM lo asumió junto con la Asociación Peraj México A.C en 2002 para vincular a universitarios con niños de primaria con el objetivo de que los jóvenes pusieran al servicio de la comunidad sus conocimientos.
Hipo, como muchos, se sumó a él para realizar su servicio social. Es un joven de piel morena, cabello negro, cuerpo robusto y barba desaliñada, al que le encanta escuchar música y saciar su curiosidad, no importa que tan irrelevante pueda parecer un tema, si le interesa, investigará al respecto. Acababa de cumplir 25 años cuando ingresó al programa y le quedaba un año para terminar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, en el Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia de la UNAM pues reside en Tlalmanalco de Velázquez, al oriente de la Ciudad de México. Por ello este programa se perfiló como su opción ideal para realizar el Servicio Social, ya que sólo debía asistir tres veces a la semana al aula ubicada frente a la Facultad de Filosofía y Letras.
Este joven confiesa que se sintió intimidado al conocer al grupo con el que tendría que convivir y trabajar durante los siguientes meses. Al sólo asistir los sábados, creía haber olvidado cómo socializar. Sin embargo, se descubrió conversando e intentando activamente conocer a sus compañeros del servicio social, pronto olvidó el miedo a los prejuicios, burlas y al rechazo que lo habían acompañado por años: aquí sentía que podía ser él mismo y, en adelante, no dejaría de serlo.
El programa asigna a cada universitario un amiguito, un niño de entre 6 a 12 años al que acompañará dos días a la semana en sesiones personalizadas. La intervención no está obligada a rendir resultados, se prioriza la creación de un ambiente cordial y la formación de vínculos.
El trabajo binomial dio comienzo el día 14 de octubre, en aquella tarde Hipo conoció a su amiguito, Jeremy, ambos se integraron al equipo Ajolote, conformado por nueve pequeños y ocho tutores, bajo la coordinación de Adonai y Wendy.
Hipo salió de la sesión con una fuerte opresión en el pecho. Llevaba años lidiando con ansiedad, pero la carga de trabajo comenzaba a rebasarlo. A cada paso el dolor comenzaba a hacerlo hiperventilar, la música y las voces del bazar de Filosofía, se mezclaban con sus pensamientos en una cacofonía insoportable. Cuando fue insoportable, colapsó.
Una joven lo sacó de su trance, le acercó una botella, lo devolvió a la realidad. le preguntó si se encontraba bien, él no respondió. Un poco repuesto, agradeció la ayuda y decidió volver al aula, habían reiterado en las reuniones que si alguno de ellos necesitaba ayuda, no dudaran en pedirla. Al intentar volver un perro ladrando se interpuso en su camino, se rindió en el pasto, dando paso a las horribles sensaciones.
Para Hipo el trabajar con Jeremy resultó una decepción, el pequeño era apático, reticente e irresponsable. Faltaba con regularidad y se desanimaba si las actividades no eran de su agrado. Al tutor su ausencia le lastimaba, pensaba que quizá él no se esforzaba lo suficiente, que no era útil para este trabajo. Sin embargo, sus compañeros siempre le hacían salir de sus cavilaciones, con el tiempo esa decepción se convirtió en frustración, luego, en resignación. De poco sirvieron las actividades, los obsequios, las charlas, los juegos y las llamadas con su madre, Jeremy no logró cambiar durante su estancia.
Las faltas se hicieron más recurrentes, un día no volvió más. Hipo cree que nunca llegó a conocerlo, solo desea que sea capaz de cambiar sus actitudes, pues tiene potencial. El recuerdo más presente es aquel en que al preguntarle qué era lo que no le gustaba del programa, Jeremy contestó: Tú.
Las ausencias tuvieron un lado positivo, Hipo pudo conocer y trabajar con otros niños del programa, pequeños que disfrutaban de sus actividades y acompañamiento, el 20 de noviembre tras preparar una ensalada que no pudo entregar, le asignaron trabajar con Héctor, cuyo tutor faltó. Aquellas dos horas pasaron volando entre risas, juegos y relatos, pronto se formó entre ellos un vínculo que se fortaleció en los meses venideros. Ambos vivieron buenos momentos juntos, los paseos, las charlas, los consejos, las fotos, los juegos, los abrazos, las comidas y las risas compartidas son su tesoro.
–¿No se suponía que los papás iban a comprar pizza para todos? –Preguntó Elaine, tutora del equipo Ajolote furiosa.
–Esa era la idea pero al final se optó por solo repartir a los que cooperaron. –Respondió Wendy, su coordinadora, visiblemente molesta.
–Así que los demás nos quedaremos viendo como comen.
No todo fue grato, una anécdota que aún le causa aversión ocurrió la noche anterior a la excursión a el Papalote Museo del Niño. Antes, Jeremy había declinado la invitación por lo que no entregó los documentos solicitados, lo que Hipo no esperaba era que la madre le llamara para confirmar la asistencia, ella tomó a mal la negativa, por lo que Hipo colgó la llamada de manera cortés con la excusa de que hablaría con los coordinadores y luego de calmarse, así lo hizo.
Otro momento que le decepcionó fue la clausura, el 12 de mayo fue el último día en que convivieron tutores y amiguitos, por ello, la comida del evento sería proveída por los padres de familia. Para ese punto, Jeremy llevaba tiempo sin asistir, por lo que Hipo se sentía preocupado respecto a su participación. Lo que aconteció después fue un desastre, en especial para los miembros de su equipo, varios no recibieron comida. Esto generó indignación y desató la rabia de Elayne, tutora de los ajolotes, quien despotricó con justificada cólera. Pese al esfuerzo de los demás por calmar los ánimos y retomar una sana conclusión al evento, lo que se logró ese día fue marcar la falta de organización y autoridad.
Los tutores del equipo Ajolote parecían distintos a los demás, eran bulliciosos, afectuosos y entregados a su oficio. Pese a sus diferencias, forjaron un vínculo real. Hipo se sentía cómodo con todos, pero en especial con ellos por la camaradería que le ofrecían. Allí podía experimentar, fracasar, triunfar, llorar y reír sin represión. Se sintió amado y amó a todos con los que convivió. Siempre intentó demostrar cuánto significaban para él a través de sus actos y discursos, pero cree que no hay palabras para expresar cuánto le importan.
En cuanto a los amiguitos del equipo, recuerda con especial cariño a Carlitos y a su primo, Ángel Tenoch, un pequeño de 12 años lleno de curiosidad científica. Un niño sumamente amable que siempre le sonreía cuando le veía, atento a sus exposiciones, al que le gustaba tanto jugar como aprender, al que Hipo jamás olvidará y que espera, sea un sentimiento mutuo. Y aunque no tuvo momentos así de emotivos con Carlitos, recordar la competitividad del pequeño, sus enseñanzas, su aprobación, los retos y sus bromas en las actividades lúdicas, siempre le hacen sonreír.
All the love that I ever lost came back to me!
–Katy Perry.
Hipo llegó sumamente desanimado; la ansiedad lo carcomía, pero no estaba dispuesto a faltar aun sabiendo que Jeremy no iría. Vio a sus amigos sentados, platicando. Saludó y tomó asiento, intentando ocultar sus síntomas. Rocío, tutora del equipo Ajolote, preguntó si se sentía bien. Él lo negó, quería explicarles lo que sentía, quizá lo hizo, pero no importó, porque de pronto lo inundó una ola de abrazos y palabras de aliento. La calidez que le abrasó en aquel momento evaporó todo pensamiento y le devolvieron a la realidad con suavidad. Solo fueron unos segundos, pero bastaron para marcar la diferencia por el resto de su vida.
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