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Foto de Gabo Orozco Lucio

Divagaciones chanequiles

Número 21 / ABRIL - JUNIO 2026

El Metro guarda más secretos que estaciones

Picture of Diego Yael Hernández Rodríguez

Diego Yael Hernández Rodríguez

Facultad de Ciencias

Camino y camino más entre intermitentes vaivenes, de entre aquellas cápsulas en las que se enlatan, van y vienen; vienen y van; llegan y olvidan —si no a sí mismos— el tiempo que se les queda tirado en alguna parte entre Zapata y División del Norte. Entre las venas de este enorme gusano olvidan que son libres, olvidan de todo. Pero da igual de quién estemos hablando, al parecer, sea el pasajero que sea, lo único que jamás dejan aquí es su miseria.

¡Ah, pero humanos tenían que ser! No son como nosotros los chaneques —los extremadamente guapos y fortachones chaneques—. Y, además, ¿quién quisiera probar esa tal “Miseria”? La neta. Una vez me chismeó mi primo el Duendecio, el que vive en las autopistas gringas, que en la calle se encontró un poco de Miseria ahí tirada y, cuando le dio un mordisco, ¡naah’mbre!, sabía a lo que huele un panti en hora pico.

Duendecio es bueno, pero no sabe, así como yo, sacar la mera comida calidad gourmet; un trabajo profesional, pues. Como la vez en la que me mareé a un conductor y retrasé al sistema por media hora, nomás para acordarme de cómo son los humanos. En ese ratito ya andaban que chifle y chifle, y luego, cuando llegó el tren, los muy imbéciles estaban tan ocupados empujándose que ni vieron que dejaron en los andenes su Empatía. Ese día me eché un buffet de sabrosísima Empatía; la agarré sin que nadie se diera cuenta y en mi grieta-casa la junté con una pizca de Caridad —la cual había sacado antes cuando le recordé a un joven en un asiento sus pocas horas de descanso, mientras una viejita salía volando por los frenos— para preparar un exquisito caldo de Bondad.

¡Aaaah! Ya se me anda aguando la boca de na’más acordarme de lo bueno que estuvo. Soy un gran chef. Tal cual. Acá solo se come pura comida fresca, recién sacada del Metro, aunque, bueno, fresco y Metro no son cosas que vayan juntas en una frase. ¡Sí que he hecho un gran trabajo con mis poderes de chaneque! Con tantito calorcito pasa que, junto al sudor de olor cebolloso, caen las gotas de Paciencia a las vías, aunque apesta a hediondo estrés; ese los humanos se lo llevan pa’ su casa. Así como el amargo desamor cuando un adolescente no aguanta más y llora, muy ocupado en traerse su tristeza que olvida en los vagones su mochila llena de Esperanza. ¡Ja! Los humanos son tan idiotas que siempre se la pasan desechando sus Esperanzas, que son de las más sabrosas. En este tramito que llevo ya me encontré con muchas de esas, también varias Alegrías y una que otra Calma que a lo mejor salió volando entre empujones. ¡Más botana para el caminito!

¡Ah, pero debo dejar un pequeño espacio en la panza! No vaya a ser que, cuando recoja lo que ahora me trae bien lejos, no se me antoje… ¡Nah! No creo. Todos los buenos Duendes, Chaneques y Aluxes del mundo dicen que no hay nada más sabroso. Mira, dicen que solo los mejores lo han probado, y al fin yo conseguí un poco. ¡Y es más!, quizá descubrí cómo conseguir tanta como quisiera.

A ver, es muy fácil. Lo primero que se debe hacer es elegir a alguien. Pero no a cualquiera; debe verse desde lejitos que apenas pueda con su vida, de preferencia un estudiante de uni, y si trabaja, mejor. El caso es que te lo agarras y con los poderes de chaneque le investigas quién es. Yo elegí una estudiante que, según vi, estudiaba en una tal “UNAM” —o no lo sé, no los topo— y que disque chambeaba de medio tiempo en una tiendita. ¡Ah! Fue el material perfecto. Cuando me la encontré me di cuenta de que ya antes le había comido la Esperanza y las Energías. Ah, también que andaba haciendo tarea en pleno viaje. ¡La mejor oportunidad, ya dije! La inspeccioné por un rato y, sin pensarlo, utilicé mis poderes de chaneque para hipnotizar a un hombre sentado al lado y hacer que la acosara. Ella nomás salió corriendo cuando se dio cuenta; entonces vi cómo se acercaba a un policía, pero lo que no sabía es que yo fui rápido y, antes de que pudiera explicarle al poli la situación, le había mordisqueado su Cortesía y, sin que se levantara de su asiento, este respondió:

—Cálmese, vieja.

Así de fácil se le cayó su Seguridad aquí en el Metro.

Aunque no era suficiente. Sospechaba que necesitaba más. Cada que pasaba aquí utilizaba mis poderes de chaneque para hacer que no se pudiera concentrar. De a poquito me comí toda su Confianza. Enojaba a sus profesores. Le hacía recordar todos los errores de su vida. El chiste es hacer de todo pa’ que ya no tuviera nada, y el resto salía solo. Literal. Varias veces supe, porque leí sus pensamientos, que por algo que llamaba “calificación” dejó de hacer sus hobbies y abandonó a las personas que quería. ¡Dan risa los humanos! Por algo inexistente me dio por sí misma su Felicidad y su Pasión. ¡Por su cuenta me suplicaba perder su Felicidad y Pasión! En esos días llené mi despensa de pura variedad: colmé de Autoestima robada todo el comedor, igual de Serenidad la tarja y boté el Amor en una esquina. En unos meses ya no se me ocurría qué otra cosa podía quitarle.

Fue en esta mañana cuando escuché de la radio de un poli que lo había logrado, si bien quiso hacerlo muy lejos de mi casa-grieta. Pa’ mí me da lo mismo. Va a valer la pena si es que de ahí consigo el alimento favorito de todo chaneque respetable: su Humanidad.

¡Por fin he llegado! Y es todo como un sueño. Ella se empuja para lanzarse a las vías, pero es sostenida entre desconocidos. ¡Esos humanos muy egoístas deben saber que si cae retrasarán el Metro por horas, y no quieren llegar tarde! ¡No quieren que sea un chaneque honorable! ¡Ya sé! Me meteré a sus cabezas. Les diré que esta mujer está loca; ¡oh!, mejor les haré pensar que solo está haciendo un drama, que está “en sus días” y que, si la sueltan, no va a pasar nada; o qué tal si hago que crean que se merece ser aplastada por un tren por… yo qué sé. ¡Son ideas muy buenas! Sí, haré todo eso.

¡No la sueltan!

¿Por qué resisten todos? Si puedo ver cómo hasta hace un ratito se andaban empujando como animales. ¡No ha cambiado nada! Esto es lo mismo que había hecho desde siempre…

¡Pronto vendrá el tren, veo las luces y ella todavía no está cerca! ¿Y ahora? Me meteré en su conciencia y le daré un poco de fuerza. ¡Que recuerde el estrés, el desprecio de otros, todas las cosas buenas que perdió y que ahora andan en mi panza! ¡Patalea! ¡Patalea más! Que las luces se hacen más grandes y queda poco tiempo. Ve y lánzate. Acércate más. ¡Así es! Justo así. Pronto me alimentaré.

El tren no frenó al pasar por los andenes; empujó el aire las cabezas de los extraños que quisieron detenerla. Me acerqué al silencio que se hizo después de que se abrieran las puertas. Por chaparro, lo primero que vi fue un par de piernas sin zarandearse. ¿Lo había logrado? ¡Nah! Mis poderes de chaneque dejaron de funcionar. No supe cuánto grité. ¡Tanto por nada! ¡Tanto por nada! Entre las venas de este enorme gusano todos salieron sin saber que ahí andaba. Algunos esquivaron la escena, otros nada más veían mientras caminaban hacia otro lado. La mujer chillaba, dejaba caer lágrimas, ¡pero no su Humanidad! Evacuaron la estación; de ahí salió cada humano. Otra vez grité de furia. Hasta que, por alguna razón, volteé mi cabeza chanequil al tren. Jamás había visto tanta Empatía abandonada.

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