En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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CREDITO: Jose M. Peral Photography / Shutterstock
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Luis Trejo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Soy estudiante de Ciencias de la Comunicación, en el área terminal de Periodismo. Disfruto bailar, andar en bicicleta y cualquier historia que se pueda contar a través de las fotografías.

Psalmos, un camino de tristeza

Número 10 / JULIO - SEPTIEMBRE 2023

Sobre la catarsis emocional de José Madero

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Luis Trejo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

La historia de Cadmen, un pueblo de Maine, siempre se ha reducido a las minorías. Es de los pocos lugares en Estados Unidos donde aún prepondera la esencia de un pueblo al puro estilo cowboy y solitario. Casas de madera color caoba, calles de poca duración, establecimientos donde suena una campana para avisar que un cliente llegó, las vacas modelan sus manchas en los kilométricos campos verdes. Y, sin duda, un sello es que sus habitantes son contados. Tan solo lo habitan 4 mil almas. Su aire, de soledad.

En ese diminuto espacio de Norteamérica, José Madero Vizcaíno, cantante, compositor y músico mexicano, encontró inspiración para su cuarta producción musical. Entre sentimientos amargos y un episodio depresivo, halló el camino en un disco dedicado a su proceso de duelo, adentrándose a cada etapa. Su pluma escribió doce canciones que abordan el suicidio, el auto-sabotaje, la resignación y, en un alto contraste y en unas cuantas líneas, el tema de la esperanza. Durante un mes, José vivió alejado de cualquier persona para tener un encuentro consigo mismo y, según él, “colorear lo gris”. Así nació Psalmos. 

El arte de significar la tristeza

Desde la portada, Madero nos dice algo. En el centro está una persona que apenas y se distingue el comienzo de cada parte de su cuerpo. Hay un hombre en posición fetal, apretando con una mano su rodilla fuertemente y su hombro con la otra, ocultando su rostro. El cuarto está desamueblado, mientras que el sujeto es iluminado con un tono azul rey que, según la psicología de colores, evoca a la tristeza. 

Psalmos recibe a los escuchas con Lamentable, track dedicado al suicidio. “El barandal del balcón me hace entrar en razón”, se escucha en las líneas de la obertura. Según el regiomontano, es la canción más pesada del álbum.

A esta le siguen Violencia, Chambelán (nunca fui), Codependientes y O discordia que mantienen firme el aura de la aflicción y tirar la toalla. Violencia fue promocionada con un vídeo musical particular. En él se muestra al cantante frente a un teatro vacío a la par de un sujeto que está haciéndose daño; se quema las manos, coloca una cadena de púas por todo su cuerpo y presenta crisis de ansiedad severa. José le entona al teatro desolado: “Siento que cada momento que me ahoga el recuerdo se me apaga el motor”.

A ese lista le continúan Sin ampersand y Padre nuestro, canciones que también cuentan con videoclip. Esta primera parte está plagada de desesperanza y desilusión, hablando líricamente. Aunque las letras se camuflajean detrás de una instrumentalización enérgica y estruendosa, como un rock pop. Esto es un equilibrio en todo Psalmos.

La segunda sección se comparta más serena. Luego de toparse con la sensibilidad, Pepe hace las paces y le escribe a la ilusión. SSDD, por sus siglas en inglés, Same Shit, Diferent Day, una referencia al libro El cazador de los sueños de Stephen King, es el claro ejemplo. Madero canta en la canción:

Mi enemigo fue otra vez superior; mi inseguridad seguro venció; mi cuento de hadas era ficción. De todo esto ya me cansé, prometo que mañana estaré bien.

El dolor anidado en Psalmos llega a su final con Imposible; un relámpago en la oscuridad, esa luz al final del túnel que, como si fuera combustible, te hace seguir adelante. Por fin llega la aceptación. En los últimos 20 segundos del CD, Pepe menciona un proverbio que, precisamente, se usa para dar esperanza: “Dicen que nada es imposible”.

De esta manera, José Madero culminó su proyecto más personal, pues cada canción recuerda una etapa que atravesó; desde la depresión más pura a la negación de sus emociones y aceptar su estado anímico para, finalmente, hacer catarsis musical. Toda la anatomía del disco perfila a Psalmos como un compañero para momentos difíciles, especialmente en la exploración de las emociones y un duelo. 

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