Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la unam. Colabora con colectivos docentes en el desarrollo de proyectos educativos alternativos y democráticos. Su último libro publicado es: La pedagogía del capital. Empresarios, nueva derecha y reforma educativa en México. Akal, 2021. También colabora con el diario La Jornada en la sección de Opinión. Actualmente estudia en la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Glasgow.
El artículo analiza el programa, los objetivos y los alcances de los “radicales de mercado” en un México gobernado por el progresismo. Se problematizan a) programa, b) estrategias de operación política y c) presencia en el sistema político. Además, se realiza un balance de sus principales alcances y limitaciones. Los hallazgos indican que incluso en tiempos de hegemonía obradorista, los radicales de mercado están trabajando políticamente, aunque con un alcance acotado a sectores sociales muy específicos, sin hacer aún política de masas y con una retórica que no parece resultar atractiva para la mayoría de la sociedad. El artículo concluye con un llamado a impulsar, desde el progresismo y las izquierdas, un mayor conocimiento social sobre dicho fenómeno, con miras a fortalecer los procesos democratizadores en curso.
radicales de mercado, libertarios, redes neoliberales, estrategia política, 4T.
The article analyzes the program, objectives and scope of “market radicals” in Mexico, now governed by progressivism. It discusses their a) program, b) political operation strategies and c) presence in the political system. In addition, a balance is made of their main scopes and limitations. The findings indicate that even in times of obradorista hegemony, market radicals are working politically, although with a limited scope to very specific social sectors, without yet making mass politics and with a rhetoric that does not seem to be easily attractive to most of society. The article concludes with a call to promote, from progressivism and the left, greater social knowledge about this phenomenon, in order to reinforce the ongoing democratization processes.
market radicals, libertarians, neoliberal networks, political strategy, 4T.
Se ha anunciado ya oficialmente el próximo encuentro de la Mont-Pelerin Society (MPS) en México, agendado para enero del 2025. MPS es una organización conformada en 1947 con una trayectoria protagónica y creativa en la historia política e intelectual del capitalismo a lo largo del último siglo, y particularmente relevante en la defensa y “reconversión” del liberalismo desde el contexto de la posguerra (Turner, 2007). En su membresía han coincidido políticos, intelectuales y académicos de renombre que han apuntalado —en alianza con distintas fuerzas políticas— la génesis, difusión y consolidación del conjunto de políticas de mercado y regulación social neoliberales.
En el cónclave mencionado está considerada la presencia del presidente argentino Javier Milei, anticipada y anunciada con el periodista Sergio Sarmiento en Davos. Milei ha sido coronado como “el campeón de la libertad” a nivel internacional por un conjunto heterogéneo de redes, organizaciones y partidos políticos promercado, neoconservadores y neofascistas, interesados en hacer frente de forma conjunta a la amenaza política y cultural de las izquierdas. Su reputación ha sido reconocida incluso por la otra gran organización neoliberal transnacional: Atlas Network. En su número más reciente, Freedom’s Champion, muestra una caricatura del presidente argentino cargando en su espalda una gran roca que representa la cantidad de retos que enfrenta el país sudamericano. La portada dice “¿Podrá Argentina lograr un futuro más libre?”
Ambas organizaciones, MPS y Atlas, aunque no las únicas, son las estructuras públicas más importantes de lo que llamaremos aquí: “radicalismo de mercado”, recuperando la noción desarrollada por Slobodian (2024). Este concepto alude a una heterogénea tradición política y económica que ha buscado impulsar el capitalismo, protegiéndolo de la democracia y sus “excesos” (ello, para hacer frente a proyectos colectivistas de organización social y política).
La cumbre MPS en México al inicio del periodo presidencial de Claudia Sheinbaum, es un síntoma del avance paulatino, en términos de presencia pública, que el radicalismo de mercado alcanza a nivel global. Es un fenómeno de interés tanto político como académico, que requiere una observación general sobre las formas en las cuales dichas fuerzas se organizan y operan, igual que de los principios que subyacen su práctica política. En el contexto mexicano, dicho abordaje no resulta sencillo, pues la dinámica del debate político nacional ha obscurecido la pertinencia conceptual, tanto de la noción de “neoliberalismo”, como del adjetivo “neoliberal”.
Para algunos sectores afines al progresismo, son neoliberales distintos movimientos, formaciones, programas, propuestas y personas que, aunque no necesariamente vinculados a la tradición intelectual o al programa político del liberalismo, del libertarianismo, del anarcocapitalismo, o de alguna otra expresión de individualismo procapitalista, se han mostrado críticos del progresismo o las izquierdas, además de mantener conexiones orgánicas con intereses oligárquicos. “Neoliberal”, en este caso, se usa esencialmente en un sentido despectivo, con lo cual se agrieta su potencial explicativo. Bajo este marco, el término se puede referir a un funcionario promotor de políticas de desincorporación de empresas estatales, como a cuadros políticos priistas herederos del corporativismo estatal, que operan electoralmente para los partidos de oposición.
Además de las consideraciones conceptuales, el análisis del radicalismo de mercado resulta complejo debido a la cantidad de actores involucrados, así como las redes, relaciones y estrategias que despliegan durante el proceso político. A pesar de sus cumbres y organizaciones internacionales de referencia (como la propia MPS, Atlas o algunos otros think tanks de renombre internacional), su modo de operación tiende a mantenerse en clave descentralizada, salvo en coyunturas específicas, generalmente con la bandera de la defensa y promoción de la “libertad”, el Estado de derecho e, incluso, la protección de la democracia (liberal). Ello permite que, en la política del día a día, sus discursos puedan articularse con quienes parecerían compartir intereses de forma contradictoria, lo que sucede, por ejemplo, con el movimiento LGBTI+ o el feminista.
También hay que considerar que algunos sectores neoliberales apoyan públicamente ambas expresiones y llegan a participar en movilizaciones sociales con tal fin. Para ellos, por ejemplo, la libertad de las mujeres y de los individuos que integran el colectivo de las disidencias sexogenéricas deben ser respetadas, siempre y cuando no representen barreras al funcionamiento del mercado capitalista, ni un incremento en el gasto público, porque de ambos movimientos también puede “hacerse un negocio”, y porque cualquier política compensatoria del Estado requiere financiamiento público obtenido mediante impuestos, los cuales representan “un robo”, aún más si son dirigidos al capital.
Si consideramos que el desarrollo capitalista ha estado históricamente ligado al patriarcado (Federici, 2010), podemos dar cuenta de las tensiones internas de dichas posiciones que podrían, incluso, pasar como progresistas. Algo similar sucede con la defensa de la democracia, las libertades, el respeto por la ley y el acceso a la educación.
Al acercarse a los planteamientos del radicalismo de mercado, resulta interesante recuperar una bien conocida reflexión de Slavoj Zizek: “para funcionar, la ideología dominante tiene que incorporar una serie de rasgos en los cuales la mayoría explotada pueda reconocer sus anhelos auténticos”. Esta ideología de dominio debe articular —e incorporar— “por lo menos dos contenidos particulares: el […] popular auténtico y la distorsión creada por las relaciones de dominación y explotación” (Zizek, 1998). Los neoliberales caminan en tal sentido: cuando critican a la burocracia estatal, las empresas gubernamentales o la educación pública, intentan recuperar la indignación popular genuina por no tener acceso a mejores servicios públicos o a una educación digna, en la cual docentes, estudiantes y familias tengan recursos y apoyo suficientes; después, intentan compatibilizar esta indignación con su programa de privatización del sector público, bajo el principio de que ello ampliará la libertad individual de la gente (ya que permitirá a las personas —en teoría— hacerse cargo de sí mismas, liberarse de las cadenas del Estado y mejorar sus condiciones de vida por medio de la elección individual de servicios privados de mayor calidad).
Lo anterior resulta todavía más evidente, por ejemplo, con el grito neoliberal de “lucha por la libertad”, que busca incorporar los anhelos genuinos del pueblo para poder ampliar el margen de decisión sobre su vida —a menudo, acotado por las condiciones materiales de existencia derivadas de un orden social injusto—, para después hacerlos compatibles con una agenda de austeridad social, donde la protección gubernamental, los derechos sociales y los mecanismos de redistribución de la riqueza son vistos como una amenaza a la libertad individual y, por lo tanto, deben ser suprimidos.
La hipótesis planteada en este trabajo considera que la presencia de “radicales de mercado” en nuestro país no es una novedad, ni consecuencia de cumbres internacionales, sino que han llegado a extenderse y diversificarse en distintos ámbitos de la vida en común desde su origen, en tiempos del cardenismo (Romero, 2016), sea dentro de las universidades, los medios de comunicación, algunos sectores del empresariado nacional y liderazgos de partidos políticos de oposición, por ejemplo.
Aunado a ello, han comenzado a expandirse a nivel retórico en sectores no afines o abiertamente contrarios al obradorismo, a través de su llamado a proteger la “libertad” de una supuesta amenaza colectivista que aparece bajo distintos nombres: “socialismo”, “comunismo”, “populismo” y “dictadura”. El radicalismo de mercado es un fenómeno que poco a poco echa raíces y, por ende, es necesario discutir al respecto. Por ello, se ha realizado un análisis de la producción y la penetración de las redes constituidas por radicales de mercado y actores de extrema derecha a nivel nacional e internacional, investigando cómo operan y hasta dónde han llegado en su proyecto político en la etapa histórica de la llamada “4T”.
El presente trabajo desarrolla un estudio de la fabricación documental, discursiva y narrativa originada por dichos sectores. Para ello se ha revisado material periodístico relacionado, informes de las organizaciones integrantes de Atlas Network y Students for Liberty (SL), pues ambas son intervenciones públicas de intelectuales antiprogresistas. También se consultó material audiovisual compuesto por documentales, entrevistas e intervenciones en medios de comunicación que hacen referencia a su agenda, intereses y alcances.
El historiador Quinn Slobodian (2024) propone que la apuesta del neoliberalismo consiste, esencialmente, en proteger a los mercados del control democrático. En efecto, para los neoliberales, la democracia con participación popular y cierto contenido social representa un problema porque una consecuencia potencial de su ejercicio podría ser la adopción estatal de políticas de corte redistributivo, que al ser sostenidas con impuestos —particularmente al capital— consistirían en un “robo” (Denga, 2023) que atenta contra la libertad individual. El neoliberalismo encuentra en la Escuela Austriaca de Economía (Ludwing von Mises, Friedrich von Hayek, Murray Rothbard, etc.) un venero de ideas fundamental. Es en los líderes de dicha escuela, a la par del trabajo de Milton Friedman y Ayn Rand, donde se puede encontrar el núcleo de sus propuestas de cambio y sus principales argumentos en favor de la propiedad y la libertad (en ese orden), así como contra el sector público y el “colectivismo” en general.
Para ellos, la intervención del Estado en la sociedad termina por atentar contra la libertad del individuo. Hayek afirma, por ejemplo, que una política tributaria progresiva, a la larga, sería “incompatible con una sociedad libre” (2021, p. 381), una reflexión cuya consecuencia actual son los señalamientos sobre la redistribución como un hurto y la justicia social como una aberración por parte del presidente argentino Javier Milei (Micheletto, 2023). Para los radicales de mercado, el liberalismo no necesita realmente de la democracia, e incluso puede verse amenazado por ella; ciertos regímenes autoritarios o monarquías pueden resultar más favorables para la “libertad individual” que la democracia misma, más aún cuando su práctica conlleva elementos de redistribución de la riqueza y el replanteamiento de las relaciones de propiedad o de justicia social.
Es posible encontrar significativos ejemplos de lo dicho a lo largo de la historia. Analizando el fascismo, Mises plantea que este había proporcionado una “salvación momentánea” frente a la amenaza comunista; que tan solo consistía en una “medida de emergencia” a la cual “si se ve como algo más sería un error fatal” (Mises, 2010, p. 77). El fascismo no parece ser deseable para el intelectual austriaco, pero definitivamente es más indeseable el comunismo. Por su parte, Hayek mostró en distintas ocasiones simpatía por la dictadura chilena: además de sus conocidas visitas a ese país a finales de los años setenta, envió una carta a The Times donde, refiriéndose explícitamente a Pinochet, menciona que bajo ciertas “circunstancias históricas” un gobierno autoritario puede resultar especialmente propicio para la preservación de la libertad a largo plazo: “hay muchos casos de gobiernos autoritarios bajo los cuales la libertad personal estuvo más segura que bajo muchas democracias” (Hayek, como se cita en Farrant et al., 2012).
En un tono similar al de los anteriores, Milton Friedman, interesado en el desarrollo capitalista de un Hong Kong no democrático, afirmó que “desafortunadamente, la democracia política tiene elementos que tienden a destruir la libertad económica” (Friedman, como se cita en Slobodian, 2024). A ellos se suma el economista Gary Becker, otro integrante de mps, para quien la dictadura chilena era “una de las mejores cosas” que le habían sucedido a Chile (Becker, como se cita en Robin, 2014). Y esta tendencia se mantiene hasta nuestros días; basta con recordar cuando el periodista Sergio Sarmiento, vinculado a distintas redes neoliberales, afirmó repentinamente “ojalá tengamos más golpes de Estado” durante una discusión en torno a la expulsión de Evo Morales de Bolivia en 2019 (Reporte Índigo, 2023), en algo que podríamos denominar como “lapsus de mercado”.
El propio CEO de Atlas plantea la relación ambigua entre su organización y gobiernos autoritarios respecto a la “lucha por la libertad” cuando menciona que distintos miembros del Instituto de Estudos Empresariais en Brasil fueron claves para lograr un “consenso intelectual” que guió las políticas de Jair Bolsonaro, orientadas hacia la obtención de mayor libertad, al contrario de los “comentarios disturbadores y antiliberales” hechos por el entonces presidente (Lips, 2020).
Así, el radicalismo de mercado plantea que la actividad del sector público para la consolidación de un gobierno democrático que intervenga en la vida social (disminuyendo las desigualdades) implica la recuperación de las ideas de sus dos eternos enemigos: Marx y Keynes. Al segundo lo critican por ser un traidor del liberalismo y proveer de elementos teóricos para el intervencionismo estatal en la vida social; pero el primero representa para ellos un “espectro” al cual hay que exorcizar, pues lo ven prácticamente en todas partes donde se habla de justicia social o desigualdad. Si el lector revisa cualquier libro, blog, reunión o intervención libertaria encontrará alusiones directas o indirectas en contra de su obra.
Hasta aquí, resulta importante señalar que, al interior del ecosistema neoliberal, integrado actualmente por distintos grupos y denominaciones (liberales clásicos, libertarianos, paleolibertarios, anarcocapitalistas), Atlas se presenta como una organización liberal clásica, que constituye de hecho la estructura pública neoliberal más extensa, aun cuando es más reciente que mps, cuyas membresías se suelen yuxtaponer. Sus orígenes nos remontan a la década de 1980, o sea, a la promoción de las ideas del pensamiento liberal y al “austrianismo” de Anthony Fisher, un empresario seguidor de las ideas de Hayek, que dedicó un gran esfuerzo a la creación de instituciones de producción intelectual procapitalistas (think tanks) con miras a construir un mundo “más libre” mediante el impulso de las ideas. El proyecto actualmente cuenta con alrededor de 500 organizaciones en todo el mundo.
En cuanto a su presencia en América Latina, Atlas se consolidó durante la década de 1990, después de que el argentino Alejandro Chafuen convocara al primer Latin American Workshop en 1987, en Jamaica (Chafuen, 2021), con la representación mexicana de Rodrigo Espinosa, quien había sido decano de la Escuela de Negocios del Instituto Tecnológico de Monterrey. Pese a ello, no fue sino hasta 2018 cuando se creó el Center for Latin America de Atlas, dirigido por Roberto Salinas León. Según la propia organización, un año después de su creación, trabajaba ya con 95 partners en 19 países de la región, donde llevaba a cabo programas de formación, apoyo, conferencias y eventos académicos de alto nivel (Center For Latin America [CLA], 2019).
En su primer informe anual, el centro publicó que, durante su primer año de gobierno, AMLO había comenzado a “deconstruir rápidamente muchas de las reformas y contrapesos que tanto había costado conseguir y habían beneficiado enormemente a México en las dos últimas décadas, un periodo en el que el país emergió con una democracia liberal, con una economía abierta y más moderna” (CLA, 2019, p. 6). Además de ello, sugeriría que el presidente mexicano seguiría “la ruta” de Hugo Chávez.
La existencia de Atlas comprende un proyecto para conformar una ecología de la libertad, donde distintas organizaciones colaboren para levantar las restricciones del “libre funcionamiento” del mercado y las condicionantes burocráticas a la vida cotidiana de las personas. Para ello, han optado por algunas acciones generales: a) impulsar desde la estructura estatal políticas públicas favorables a la acumulación de capital; b) apostar por crear un sentido común respecto a las bondades de capitalismo sin restricciones, y c) construir formas de intervención política para agrietar gobiernos de izquierda en América Latina.
Es un doble movimiento: uno creativo, de un proyecto de mundo que se origina desde tiempos previos al Coloquio Lipmann (Romo, 2018), y otro de contención y ataque frontal a las formaciones progresistas y de izquierda a lo largo del siglo XX. En este punto, es importante mencionar la creación y consolidación de redes con articulaciones liberales, como la Fundación Internacional para la Libertad (presidida por Mario Vargas Llosa), o la Red Liberal para América Latina (Relial), de cuya Junta Honorífica forma parte el propio Sergio Sarmiento.
En febrero de 2024, el entonces presidente de Morena, Mario Delgado, acusó públicamente a Atlas de generar desinformación y miedo mediante una campaña orquestada en redes sociales, así como de desprestigiar a Claudia Sheinbaum, entonces candidata presidencial (Pérez, 2024). La intervención recibió gran cobertura por parte de medios afines al obradorismo. Al parecer, se había descubierto un complot que, con financiamiento externo y vínculos con entidades estadounidenses, era dirigido por Ricardo Salinas Pliego.
Atlas respondió a la brevedad: afirmó que su financiamiento provenía de individuos y fundaciones que “apoyan las ideas de la libertad”, compartió el link a su página web e invitó abiertamente a “descubrir la verdad que está a la vista de todo el mundo”. Su respuesta es hoy significativa porque la existencia de su proyecto es un fenómeno abierto que, paradójicamente, ha sido ignorado por algunos sectores de la izquierda, que prefieren optar por la comodidad de la denuncia (de un complot que se deja ver coyunturalmente), en lugar de afrontar la complejidad que la política del capital ha logrado desarrollar frente a nuestros ojos.
Con sus más de 40 años de existencia, el radicalismo de mercado presente en Atlas ha aprendido a convivir en entornos sumamente distintos: desde las democracias liberales con un capitalismo rampante, donde la retórica del mercado es promovida por el gobierno (como en Estados Unidos), hasta países donde el gobierno mantiene una coalición de corte socialdemócrata que permite mantener ciertos derechos sociales. Así, este radicalismo se ha adaptado en contextos con sistemas “no institucionalizados” o en países donde se viven procesos álgidos de lucha social, con tentaciones autoritarias y una permanente campaña de intervención política extranjera, como en distintos países de la región latinoamericana en los últimos años. Aquí, cabe destacar que un ámbito central de las actividades políticas de la extrema derecha y los libertarianos es el ciberactivismo y el uso de bots para impulsar campañas masivas de desinformación en redes sociales. Al respecto, se han realizado análisis interesantes y útiles para comprender el modus operandi de dichas organizaciones (Once Noticias, 2024; Díez-Gutiérrez et al., 2024).
En suma, en este apartado nos referiremos a las intervenciones “sobre el terreno” de los radicales de mercado, más allá del mundo de los bots, las frases lapidarias de X y las imágenes intervenidas o generadas por Inteligencia Artificial (IA). Lo que buscamos mostrar es que su presencia se ha vuelto más constante y transparente de lo que podría pensarse, así como la diversidad de espacios que ha alcanzado su activismo, el cual, aún cuantitativamente acotado, ha permanecido en permanente movimiento. Así, el “camino hacia la libertad” que nos propone comprende dos grandes vetas: a) una batalla de ideas, donde es necesario sumar adeptos al ideario liberal y combatir el pensamiento “colectivista” y anticapitalista, y b) un “proyecto político de implementación” (Lips, 2020) que requiere una intervención directa en el terreno, las organizaciones y la política. Para avanzar en ello, lleva a cabo un conjunto de acciones que, en su despliegue, se articulan unas con otras. No obstante, con fines analíticos, aquí se presentan divididas categóricamente.
Desde su creación, la pedagogía pública es un elemento central en el trabajo político del radicalismo de mercado. Al interior de los debates libertarianos, a esto se le denomina “ruta hayekiana”, y es la difusión de las ideas liberales, tanto en las “más altas” esferas de la sociedad y la cultura, como en los sectores populares. La propia creación de Atlas responde a dicha estrategia.
Los orígenes de la pedagogía pública neoliberal en nuestro país pueden rastrearse desde la llegada de Mises en la década de 1940 (Romero, 2016), así como en décadas posteriores de relevancia tecnocrática y creación de instituciones educativas orientadas a los intereses del mercado y el sector empresarial, como el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Sin embargo, es posible observar la participación de organizaciones vinculadas a Atlas en el debate nacional desde la década de 2010, con intervenciones en medios de comunicación, presentaciones de libros en reconocidos espacios culturales y el impulso a determinadas agendas de política pública. También han llevado a cabo campañas con mucho impacto en la agenda política nacional; por ejemplo, en 2016, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) impulsó la llamada “Ley 3 de 3”, que buscaba generar mecanismos de transparencia y generó discusiones e intervenciones en sectores progresistas (Sandoval, 2016), pues no representaban un cambio sustancial en la organización política estatal.
Por otra parte, resulta importante señalar que, en 2017, Juan Pardinas (director general del Imco) y su esposa fueron espiados por el Estado mexicano (Atlas Network, 2017b) con el software Pegasus, junto a periodistas y abogados al frente de la investigación de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. En aquel momento, el propio Pardinas llegó a declarar “somos los nuevos enemigos del Estado” (Ahmed y Perlroth, 2018). Atlas reconoció su esfuerzo y el Imco resultó finalista del Templeton Freedom Award 2017 (Atlas Network, 2017a).
A partir del año 2019, con la victoria electoral de AMLO, los espacios para difundir planteamientos liberales han incrementado, generalmente de la mano de organizaciones vinculadas a Grupo Salinas. Al inicio del sexenio, las intervenciones se centraron en advertir sobre la amenaza autoritaria que se aproximaba al país; posteriormente, criticaron los excesos de un gobierno “populista”, por lo que recientemente han comenzado a plantear, al mismo tiempo que ciertas críticas, algunas incipientes alternativas. Así, en agosto de 2018, Roberto Salinas León mostró preocupación por el carácter y la formación política del recién electo presidente. Mencionó que una muestra clara de su antiliberalismo se encontraba en el nombre de la coalición, denominada Juntos Haremos Historia, con la cual logró la victoria, pues para Salinas, ese nombre encarna una “dimensión historicista” que recuerda a la onceava tesis de Marx sobre Feuerbach (“el objetivo no es interpretar la historia, sino cambiarla”) además de que —afirmaba— AMLO había usado en su carrera una retórica “leninista de lucha de clases” (Salinas, 2018).
Durante los primeros años de la 4T, las organizaciones pertenecientes a Atlas respondieron con ideas de libre mercado (CLA, 2019) al nuevo gobierno. Por su parte, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) llevó a cabo eventos para promover políticas de mercados abiertos y transparencia. Luis Rubio, presidente de México Evalúa, publicó el libro titulado Unmasked: López Obrador and the end of Make-Believe, texto que presentó en el Wilson Center, un think tank estadounidense creado en la década de 1970 dedicado en gran medida a la política interamericana, al cual han asistido voces críticas de la 4T como Denisse Dresser, aunque, también ha recibido a otro tipo de actores y liderazgos, como al propio AMLO en 2018 o a Lázaro Cárdenas Batel en distintos momentos.
Otro momento a recordar se dio cuando, debido al “clima peligroso” para el libre mercado en México (durante los primeros años del gobierno morenista), el líder del Instituto de Pensamiento Ágora, un think tank que ha impulsado campañas antimpuestos, organizó una ruta educacional para promover los valores de libertad, Estado de derecho, propiedad privada y libre emprendimiento, a menudo con intervenciones en el diario El Economista. El dirigente de Ágora argumentó en defensa del derecho a la propiedad privada: “la libertad individual y los derechos de propiedad son principios universales y fundamentales para el funcionamiento de una sociedad libre” (Regil, 2023), por lo cual el acto expropiatorio era, según su parecer, propio de gobernantes autoritarios. En consecuencia, “los derechos de propiedad son la clave para entender la diferencia entre dos sistemas, uno que multiplica la riqueza (economía de libre mercado) y otro que multiplica la pobreza (socialismo). Por ello, al término de su texto, el líder del instituto considera lo siguiente:
Hoy, México tiene un gobierno que claramente ve todo al revés, que quiere coartar la libertad de los mexicanos atentando contra sus derechos más fundamentales y su propiedad privada […] su apetito autoritario lo está llevando a atentar contra la propiedad privada pues sabe que, de lograrlo, acabará con la libertad como lo han hecho sus amigos en Cuba, Venezuela y otros países de la región. (Regil, 2023)
Tal lectura, como muchas otras en torno a la 4T, terminó siendo errónea debido a la extrapolación de su temido izquierdismo. Una vez terminado el sexenio de AMLO, puede verse cómo ese supuesto gobierno que buscaba “atentar contra la propiedad privada” fue el marco donde creció significativamente la riqueza de los multimillonarios mexicanos (Villanueva, 2024). Sin embargo, para entonces, otros integrantes de la red también publicaron opiniones en medios internacionales, particularmente situados en Estados Unidos. Por su parte, Roberto Salinas León ocupó la tribuna del Cato Institute, un importante think tank conservador con sede en Washington D.C., donde advirtió sobre la nueva ola de autoritarismo representado por AMLO. Entre otras cosas, proclamaba que las decisiones de Obrador representaban una mezcla peligrosa de “ignorancia, intolerancia y resentimiento” (Salinas, 2019).
Dichos señalamientos hacia el presidente mexicano no han sido hechos para él solamente; forman parte de una añeja tradición de pretendida y vacua superioridad intelectual con la cual la familia libertaria ha optado por responder a liderazgos populares con retóricas de justicia social, o a formulaciones teóricas en favor de patrones más justos de distribución de la riqueza. Es posible encontrar un claro ejemplo de ello en el libro La mentalidad anticapitalista de Mises (2008), donde el economista afirma que:
Desde los comienzos del movimiento socialista y de los intentos de revivir la política intervencionista de las épocas precapitalistas, tanto el socialismo como el intervencionismo fueron totalmente desacreditados a los ojos de los conocedores de la teoría económica. Pero las ideas de los revolucionarios y de los reformadores encontraron la aprobación de la inmensa mayoría de ignorantes movidos exclusivamente por las más poderosas pasiones humanas de envidia y odio. (Mises, 2008)
Para los libertarianos, tanto los “intelectuales críticos” al capitalismo, como la gente común que no disfruta vivir en un sistema económico regido por la ley del valor, son en esencia personas ignorantes. Curiosamente, los libertarianos siempre le han atribuido a los socialistas una “fatal arrogancia” (Hayek, 2010) cuando, en términos concretos, esa arrogancia parece ser parte de los supuestos de la escuela austriaca y perspectivas afines, al afirmar que la libertad de la persona “exitosa” es objeto de envidia del “mediocre”, o que el mediocre, además, no sabe en qué radica la libertad, por lo cual no puede alcanzarla. (Inclusive, se nos dice que si llega a hacerlo —como en argentina, con el gobierno de Javier Milei— no sabe cómo vivirla adecuadamente).
En tiempos de la 4T, una preocupación constante para el mundo libertarianista ha sido la política energética y las condiciones de gestión de las empresas gubernamentales: Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad (Atlas Network, 2019a). Sus ideólogos buscaron impulsar medidas que disminuyeran las barreras de entrada a las empresas privadas en el sector mediante un “incremento en la transparencia y la promoción del buen gobierno corporativo”. En publicaciones de México Evalúa se podía leer que lo que buscaba el presidente era “volver al modelo fallido, populista y monopólico” del sector energético. Por ello, la organización buscaba “crear conciencia” respecto a la necesidad de “buenas prácticas” de gestión en el sector, mediante el asesoramiento a funcionarios públicos de alto nivel, y llegar a un público más amplio (Atlas, 2019b). El interés en el sector energético, particularmente en la empresa petrolera, se ha mantenido vivo en el presente.
La difusión de las ideas liberales también ha ido de la mano de la propaganda transmitida en medios de comunicación y protagonizada por una generación joven de intelectuales liberales, sobre todo en canales pertenecientes a Grupo Salinas. Un caso interesante es la periódica intervención de Gloria Álvarez dentro del programa de radio La Corneta. Activista procapitalista egresada de la Universidad Francisco Marroquín (UFM) en Guatemala, Álvarez lanzó su campaña mediática en 2019 y en 2023. En estas intervenciones, a través de una pretendida jerga popular, abordó distintos temas desde el prisma del liberalismo, como la política regional, la problemática educativa (donde ha promovido el esquema de voucher en educación, teorizado por Milton Friedman y recuperado posteriormente por otros grupos libertarianos en Perú, Colombia y Argentina) o incluso la crisis política en Venezuela. La activista ha sido igualmente invitada a dar conferencias en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Otro caso es el del chileno Axel Káiser, quien está vinculado a la Fundación para el Progreso en Chile y ha realizado trabajo propagandístico sobre la defensa del liberalismo, regularmente en el canal Adn40. En estas intervenciones, ha afirmado que “en realidad, el neoliberalismo se refiere a la libertad que tenemos las personas de hacer lo que queremos hacer” (Káiser, 2023), a lo que agrega que el que mucha gente sea crítica de ese concepto responde a que “en realidad no entienda bien” a qué hace referencia. La presencia de Káiser ha sido recurrente en dichos programas, con temas relativos a la “batalla cultural” en México y en el mundo (De Jiménez, 2024).
Recientemente, los radicales de mercado han buscado posicionar cada vez más el grito de “libertad” como un principio articulador que permita darle forma a una oposición partidista sin brújula política. Tal operación, como hemos visto, ha estado presente en cada lugar donde la plataforma libertaria ha buscado saltar abiertamente al sistema de partidos, generalmente asociándose con sectores populistas de derecha o grupos liberales que consideran más preocupantes los excesos democráticos que un “orden liberal” donde —paradójicamente— se ven afectados los derechos individuales y colectivos de las personas.
En junio de 2024, un integrante de SL publicó en el diario El Economista un artículo donde llamaba a la oposición a “adoptar una agenda que promueva la libertad” (Gallegos, 2024). Esto es reseñable porque la narrativa de la libertad aún no ha cuajado en nuestro país y ha encontrado en la hegemonía obradorista una gran barrera para su crecimiento. Pese a ello, vemos cómo avanza dicho llamado en lo que pretende ser el contenido común de la lucha partidista contra el progresismo mexicano —término que, por cierto, fue adoptado por el conjunto de las formaciones demócrata-cristianas aglutinadas en el Foro América Libre, en las cuales se encuentran activos algunos cuadros del Partido Acción Nacional (PAN)—.
Hasta aquí, es preciso señalar cómo la noción de libertad es adoptada paulatinamente por distintos grupos, con programas políticos que incluso pueden contraponerse en puntos sustanciales, pero comúnmente antipáticos con las izquierdas. En vísperas de que se lleve a cabo la cumbre 2024 de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en México, es posible ver a los sectores de extrema derecha y herederos del movimiento paleolibertario que la conforman (apoyados en nuestro país por organizaciones minoritarias neofascistas que reivindican abiertamente posiciones nazis) reconociéndose a sí mismos como “Freedom Fighters”.
Para los radicales de mercado, la organización de eventos cumple funciones de reconocimiento entre los miembros: son oportunidades de intercambio de opiniones e información, así como para abrir puertas a una mayor integración política, aunque en dichos espacios no necesariamente convergen únicamente adeptos al libertarianismo o al anarcocapitalismo. Lo que pretenden es tender puentes con perfiles afines en determinados puntos, proyectos o luchas, cosa que les permite ampliar su esfera de influencia. Por ejemplo, Atlas organiza anualmente distintos foros regionales en cuatro continentes y reuniones estratégicas en Estados Unidos. De la misma manera, otras organizaciones que orbitan o se vinculan a la red han replicado espacios de intercambio en todo el mundo.
En 2019, se llevó a cabo en nuestro país el LibertyCon, primer evento de este tipo en América Latina que fue organizado por SL. Según un reporte de Atlas, alrededor de 600 estudiantes convergieron en Ciudad de México. La organización que llevó a cabo el evento, Estudiantes por la Libertad, ganó el 2019 Award for Student Outreach in Latin America (CLA, 2019). De acuerdo con la página oficial, “La LibertyCon en México, organizada junto a Caminos de la Libertad, ofreció una serie de discusiones de propuestas liberales por parte de activistas, empresarios y tomadores de decisiones en América Latina, Norteamérica y Europa, con el objetivo de contribuir con la mejora de las condiciones de la región”. (LibertyCon, 2022). En esta edición participaron Ricardo Salinas Pliego, Sergio Sarmiento, el diputado del PAN Jorge Triana y Gloria Álvarez, entre otros.
Atlas ha impulsado el Latin America Regional Liberty Forum como un seminario de intercambio estratégico dedicado a temas específicos. Este ha contado con invitados que ocupan espacios cada vez más relevantes en el debate político regional, como María Corina Machado (2014), principal líder de oposición en Venezuela. En lo que se refiere a los “liderazgos civiles” locales, el Foro contó con la participación de Francisco Búrquez en su edición del 2019 (Atlas Network, 2019b), quien había renunciado al PAN en 2018 argumentando que era un “cascarón” disputado por mafias. Para el exmilitante panista, la llegada de AMLO a la presidencia significó que México se había “quedado sin contrapesos, gracias a los partidos corruptos tradicionales”. Una vez fuera del partido, decidió conformar la organización Ola libertad, cuyos principios parecían asociarse con el programa del liberalismo clásico promovido por la misma Atlas, con adecuaciones nacionales como un gobierno limitado que protegiera la vida, la libertad y la propiedad.
La organización de Búrquez planteaba pugnar por impuestos bajos y sencillos, por la desregulación y el fomento a la actividad emprendedora, por la economía “sana” —entendida como austeridad— y “la eliminación de los privilegios de la clase política”. Es decir, Ola libertad se pronunciaba por limitar al gobierno y desfinanciar a los partidos para avanzar en el desmantelamiento del sector público e impulsar, desde el poder, políticas de expansión de la lógica de mercado. El proyecto intentó articularse con otras organizaciones promercado como México Libertario o Ciudadanos, los cuales terminaron apoyando la campaña presidencial de Xóchitl Gálvez, y hoy se mantienen activos en el campo de la autonombrada “oposición ciudadana a la 4T”. Originalmente, la organización de Búrquez había planteado presentarse a las elecciones del 2021, pero al final desistió y su fundador dejó de aparecer en la discusión pública nacional.
Cabe señalar que, aunque en 2020 se tenía proyectado el Foro regional de Atlas en Ciudad de México, coorganizado por México Evalúa, no fue posible concretarlo entonces debido a la pandemia. Consecuentemente, el encuentro presencial del foro en nuestro país llegó en el año 2022, con la participación de Francis Fukuyama, integrantes de organizaciones conservadoras y promercado de Estados Unidos y América Latina, representantes de SL y académicos liberales (Atlas Network, 2022).
Otro evento que resulta destacable fue uno recientemente realizado en la ciudad de Puebla: el Festival de las Ideas, organizado por el Centro Ricardo Salinas Pliego y el Gobierno de Puebla, con la participación, nuevamente, de Francis Fukuyama y la polémica intervención de la conservadora española Cayetana Álvarez, integrante del patronato de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), dirigida por José María Aznar y vinculada a Atlas, quien hiciera en su intervención un “llamamiento a los jóvenes mexicanos” para participar de la política —además de hablar del mérito, el populismo, las políticas identitarias y AMLO— (Festival de las Ideas, 2022).
Los foros organizados por Atlas con socios de su red y empresarios ligados a tales organizaciones suelen mantener un grupo de oradores no muy amplio. No obstante, lo interesante de dichos encuentros no es necesariamente quiénes hablan, sino quiénes les escuchan y asisten. Tales espacios no son precisamente instancias de formación política, sino cumbres asociativas que permiten generar alianzas, mayor cercanía y agendas políticas conjuntas.
Junto con una estrategia de pedagogía pública de larga data, los promotores del neoliberalismo han encontrado en la educación formal —de distintos niveles educativos— un polo estratégico sobre el cual operar políticamente, con el fin de coadyuvar en la formación de un sentido común favorable a la lógica del mercado y a la reproducción de una forma de vida capitalista (Romo, 2024). En educación básica, dicho proyecto ha resultado claro: a lo largo de las últimas cuatro décadas, sectores empresariales, organizaciones civiles, fundaciones, think tanks e intelectuales orgánicos del sector empresarial (o vinculados estrechamente con este) han mantenido una campaña política mediante la cual buscan realizar un conjunto de cambios fundamentales en el sistema educativo.
Dicha apuesta ha intentado impulsar elementos del “emprendedurismo” dentro del currículo nacional, como orientar la carrera docente hacia esquemas de mayor competencia individual al interior del gremio magisterial; impulsar formas empresariales de organización escolar; establecer evaluaciones centralizadas instrumentales y consolidar un gobierno del sistema educativo en donde las alianzas público-privadas y la representación “ciudadana” de sectores dominantes converjan en un orden gerencial en educación (Jarquín-Ramírez, 2021). El plan ha tenido éxito por momentos, por ejemplo, con la promulgación de la Reforma Educativa del 2013; además, sus actores han generado alianzas estrechas con radicales de mercado interesados en el área educativa, como cuando Gary Becker prologó un libro producido por la organización civil Mexicanos Primero (Chacón y Peña, 2014).
La presencia de radicales de mercado en el debate educativo se extiende también a nivel regional de manera clara, particularmente, en el papel de Atlas y organizaciones articuladas dentro de Latinoamérica, así como en su impulso a “soluciones de mercado” para un conjunto heterogéneo de problemáticas educativas, que ha resultado evidente y documentado (Jarquín-Ramírez y Díez-Gutiérrez, 2024). El ejemplo más claro es la agenda educativa de Javier Milei en Argentina, en gran medida difundida un par de años atrás por la organización argentina Libertad y Progreso, asociada a Atlas.
De vuelta en el ámbito nacional, falta un análisis sobre el neoliberalismo del activismo estudiantil promercado en las universidades. Poca luz se ha dirigido al rubro universitario en el cual operan los promotores del capitalismo, y a las nuevas generaciones de intelectuales promercado que, desde las aulas, difunden la buena nueva libertariana, aunque su ámbito de operación vaya más allá. En México, como a nivel global, el principal enclave de activismo universitario procapitalista es la organización SL, creada en Estados Unidos en 2008 y poseedora de una extensa red que actualmente alcanza a más de 130 países. Su fin es la intervención en campus universitarios para promover los elementos centrales del liberalismo clásico.
De cualquier manera, la función de SL es mucho más compleja que la simple propaganda y agitación, pues desarrolla un programa en tres instancias llamado Educate-Develop-Empower, a partir del que busca educar a jóvenes en las ideas liberales o profundizar su formación sobre ellas, desarrollar “habilidades fundamentales que todos los líderes deben conocer” y, posteriormente, brindarles recursos, acceso a redes, capacitación, infraestructura y cualquier otro apoyo para “avanzar en la causa de la libertad” (Students for Liberty [SL], s. f.). La organización prepara jóvenes en la promoción del liberalismo, permitiéndoles además viajar a distintos países, conformar una comunidad internacional y constituirse como auténticos portavoces de la lucha contra el estatismo y el colectivismo.
Esta apuesta universitaria ha generado resultados a nivel global. Según la propia organización, 105 países son alcanzados por las actividades de la red, once exalumnos de SL han ocupado cargos públicos y otros cuatro han sido añadidos a la lista de los 30 under 30 de Forbes (SL, s. f.). Realmente, nombres de liderazgos vinculados a SL pueden resultar familiares para quienes estudian la política latinoamericana, sean Lucas Ghersi, en Perú, Kim Kataguiri, en Brasil, o el mismo Javier Milei.
Ahora bien, es importante destacar que en México SL ha mantenido un activismo constante, aunque no ha generado necesariamente el interés de los sectores progresistas. Mediante un programa de Coordinación Local, SL ha logrado expandir su estructura a distintas partes de la república, operando en universidades públicas con momentos de mayor presencia en instituciones como la UNAM. El conjunto de actividades realizadas por SL desde hace alrededor de una década es amplio e incluye lo siguiente:
Si bien la organización no lleva a cabo política de masas, sí ha logrado articularse en distintos momentos con otros actores sociales mediante iniciativas ciudadanas (consigue esto al colaborar con sectores de la sociedad civil para atender problemas locales específicos).
Un ejemplo más de estas agrupaciones es Kybernus, programa de liderazgo implementado por el Centro Salinas Pliego, que lleva a cabo una ambiciosa campaña de difusión del programa libertario llamado nuevamente Ruta por la Libertad, en la cual está programada la visita a 50 universidades en quince estados de la república (aunque también han participado instituciones de educación media superior), y cuya misión es “derribar las barreras que limitan el espíritu del liderazgo positivo” mediante la “promoción de la importancia de la libertad, el libre mercado y el Estado de derecho”, teniendo como “herramienta secreta” el “mensaje de la libertad” (Kybernus, 2024).
Ha habido otros experimentos en el medio universitario que han operado en distintos lugares del país, como lo fue en su momento Se busca gente libre. Este tipo de grupos han terminado por mostrar claramente nexos con liderazgos de partidos de oposición, particularmente el PAN; empero, no han logrado mantenerse en la educación superior de la misma forma que la filial nacional de SL, la “academia de héroes” del capitalismo.
Es preciso señalar que la intervención de los radicales de mercado en las universidades no únicamente ha ido de la mano del activismo o la organización de charlas con académicos liberales, sino que también puede verse en la creación de una universidad “libertaria”. En marzo de 2023, Atlas anunció una nueva alianza con el Centro Salinas Pliego y la Universidad de la Libertad para crear una institución universitaria basada en los principios del “libre mercado” (Atlas Network, 2023); será una institución con un proyecto que asemeja la UFM en Guatemala, y que se sumará a otros centros universitarios asociados a Atlas, en los cuales el liberalismo es la ideología oficial.
Para promotores liberales asociados a la UFM, el nuevo centro educativo en México llevará a cabo una “pedagogía de la libertad” (De Jiménez, 2024) consistente en “enseñar a ser libres”. Será interesante ver el lugar que puede llegar a ocupar tal institución en el sector educativo nacional; conocidos referentes promercado y enemigos del “colectivismo” en la región han sido anunciados como futuros académicos. Aún no sabemos el impacto que ello pueda tener en la generación de nuevos cuadros intelectuales protectores de las causas del capitalismo.
La presencia de los radicales de mercado en el sistema político no es sencilla de rastrear. Sin embargo, actores políticos relevantes en los últimos años, como el diputado panista Jorge Triana, han colaborado en distintos momentos en eventos, podcasts o intercambios con integrantes de Atlas y SL. No obstante, hay que considerar que, al poner atención en los discursos, ideas y supuestos centrales del debate político nacional y regional, resulta posible ver un paulatino avance de la bandera de la libertad en sectores que, así no tengan una formación política sólida, comparten su rechazo al progresismo y, en general, al campo de las izquierdas. La estrategia hayekiana del convencimiento ideológico parece tener razón por el momento, principalmente en la esfera de las élites partidistas, estén ellas conscientes o no del trayecto histórico de las ideas que han adoptado como un paraguas conceptual, bajo el cual buscan colocar su proyecto alternativo al obradorismo.
La tendencia a contraponer libertad a populismo o a autoritarismo, poco a poco toma forma en un sector de la élite política nacional, aunque no sea de una forma muy estructurada. Así, Alejandro Moreno, presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), denunciaba que “una corriente demagógico-populista tiene en riesgo a la democracia y a todas las libertades de los mexicanos”, para después llamar a ir con la bandera de la “democracia, los derechos y las libertades para vencer al populismo autoritario” en tiempos electorales (PRI, 2020). Por su parte, Jesús Zambrano, exlíder del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), otrora agrupación política de izquierda, terminó por asegurar en sus redes sociales que si los jóvenes no votaban (en el proceso electoral de 2024) estarían “contribuyendo a que derivemos hacia una dictadura que es enemiga de las libertades, entre otras, la de emprender…”.
La idea de la “libertad” que ampara estos discursos es aún más clara entre miembros del PAN. El foro América Libre, llevado a cabo el 26 de octubre de 2023, es buena muestra de ello: las formaciones demócrata-cristianas del continente se aglutinaron en este para hablar de la imperiosa necesidad de la defensa regional de la libertad. La representación mexicana fue conformada por Marko Cortés, Mariana Gómez del Campo y Xochitl Gálvez, entre otros. A la par de la apropiación de la idea promercado de libertad, en los objetivos del encuentro regional se encontraron los puntos referidos a continuación: hacer frente al “acecho autoritario” y motivar a amantes de la democracia liberal a participar de la “batalla de las ideas” (Foro América Libre, 2023). De hecho, la plataforma electoral de Xóchitl Gálvez fue acompañada por algunos actores vinculados a Atlas, como Juan Pardinas, quien se integró a su equipo de campaña (Meza, 2024). No obstante, el alcance de los market radicals en México parece todavía no ser tan claro como en otros países de la región.
De esta forma, los partidos de oposición mexicanos han experimentado un progresivo vaciamiento programático que se ha llenado con una ambigua reivindicación del discurso de la libertad, particularmente con ciertas dosis del mainstream liberal clásico, como la defensa de las libertades o el Estado de derecho. Es notorio que, hasta el momento, esa veta de libre mercado ha resultado más exitosa que otras versiones más radicales, como el anarcocapitalismo. No obstante, para distintos sectores antipopulistas, anticomunistas y libertarianos, los partidos existentes actualmente son insuficientes para lograr cambios raigales en el funcionamiento del país en favor de las “libertades” (una posición compartida tanto por aquellos que afirman defender las instituciones y los modos de organización liberales, como por quienes se adscriben al movimiento “trumpista” internacional, cuyo principal rostro en México ha sido Eduardo Verástegui).
En este contexto, existen diversos llamados, nuevamente, a la creación de un partido libertario (después del fallido intento del ex-panista Búrquez): hay formaciones pequeñas, a modo de sectas, ubicadas en el centro y norte del país, que se denominan o han denominado Partido Libertario y que dedican esfuerzos a la organización de foros, la producción de material audiovisual y, principalmente, al ciberactivismo (Partido Libertario Mexicano, 2019). A pesar de que estos grupos han desarrollado documentos de trabajo, con declaraciones de principios e intereses compartidos, un escenario en el que logren construir plataformas políticas electoralmente competitivas no parece viable por el momento.
Detrás de la hegemonía “obradorista” y la crisis orgánica, programática e intelectual de los partidos de oposición, los radicales de mercado en México están trabajando políticamente, así lo hagan con un alcance acotado a sectores sociales muy específicos, sin hacer aún política de masas y con una retórica que no parece resultar fácilmente atractiva para la mayoría de la sociedad… Sin embargo, se mueven, y luchan desde distintos ángulos: activismo universitario, trabajo ideológico, intervención en medios de comunicación, incipiente articulación político-partidista y ciberactivismo. Todo ello, en una coyuntura donde organizaciones como Atlas adquieren relativo protagonismo en su pugna contra determinados gobiernos regionales, con el apoyo actual a la oposición en Venezuela liderada por Corina Machado, o con al acercamiento a gobiernos cuyos líderes se adscriben o coquetean políticamente con el radicalismo de mercado.
Las ideas y materiales libertarianos cada vez resultan de mayor interés entre estudiantes y jóvenes que encuentran en los gritos de libertad una vía para mejorar sus condiciones de vida, así como para liberarse de las ataduras del poder político y la autoridad de la existencia cotidiana. Algunos materiales han llegado a difundirse incluso entre ciertos sectores progresistas; un ejemplo es la difusión acrítica del documental Utopía Roja, los sueños perdidos, producido por TV Azteca, en donde participan intelectuales neoliberales e integrantes de organizaciones como México Libertario, entre otros. El material aborda con muy poco rigor distintos procesos históricos (fascismo italiano, nazismo, experiencia soviética, régimen posrevolucionario mexicano, etc.) que tienen su propia especificidad, como si respondiera a un solo fenómeno: la historia socialista. Su propósito resulta claro con la primera imagen, donde puede leerse:
Libertad: Condición natural del ser humano. Coartarla es la gran tentación de gobernantes autoritarios. Su herramienta, el colectivismo que anula a cada individuo. Un sistema profundamente inmoral que da paso a tragedias humanas y abusos. Así desaparecen los derechos, el libre mercado, la competencia, la libre expresión y el desarrollo del pensamiento crítico. (ADN Opinión, 2022)
En esencia, lo anterior es propaganda liberal. Más allá del interés pedagógico, un material de este tipo no debería resultar tan problemático de no ser porque, en su momento, y por alguna razón que se desconoce, fue difundido también por actores políticos que posteriormente se integrarían al equipo de campaña de la hoy mandataria Claudia Sheinbaum. Aunque actualmente en México los libertarianos y quienes se reconocen como liberales clásicos no se muestran como orgánicamente fuertes, su apuesta política sigue expresándose a nivel del convencimiento ideológico y en torno a la “batalla cultural”.
No obstante, con todo y el contexto complejo que el progresismo y las izquierdas enfrentan respecto a la diversidad del campo político nacional, algunos medios de comunicación afines al obradorismo han optado por seguir la ruta del complot, expuesta por Mario Delgado. Así, muestran al movimiento libertariano y sus organizaciones de una forma superficial y amarillista. Dichos análisis terminan, lamentablemente, por construir un debate público poco cuidadoso, del cual son los mismos neoliberales quienes resultan beneficiados, al no permitir discutir con mayor profundidad sus supuestos y alcances, y con ello, generar estrategias para contrarrestarles políticamente desde todos los ángulos necesarios.
En agosto de 2023, discutía en Buenos Aires con unos colegas —peronistas de izquierda unos, trotskistas otros— sobre la contienda electoral que Argentina enfrentaría pronto. Cuando se tocó el tema de Javier Milei, ambas posturas coincidieron en que el ahora presidente no tendría oportunidad de ganar, esencialmente porque “no tenía estructura”, una perspectiva compartida ante lo que se consideraba como un personaje irrelevante en la política argentina. Según el propio Milei, la única voz pública que pensaba distinto era Patricia Bullrich, quien posteriormente se integró a su equipo de trabajo como ministra de Seguridad. Ella afirmó: “miren, habría que prestarle un poco más de atención, porque alguien que se ponga a hablar frente a 20 mil personas de Hayek no es algo normal” (Milei, 2024). Tiempo después de su victoria electoral, distintos grupos de izquierda y académicos comenzaron a discutir sistemáticamente el ascenso de la “derecha libertaria” (Semán, 2023).
Aunque a muchos les tomó por sorpresa la victoria de La Libertad Avanza, el movimiento libertariano, que funcionó al modo de soporte ideológico y cuyo marco se presentó como una alternativa a las líneas políticas vigentes del sistema, se encontraba listo y operando desde la década de 1950 (Raisbeck, 2023). Si bien siempre mantuvo una posición marginal respecto a los peronismos, construyó organizaciones y redes e intentó formar cuadros. De tal modo, buscó aprovechar una coyuntura que le permitiera crecer y colocar su proyecto de cambio en el centro de las soluciones posibles a la diversidad de problemas que enfrentaba Argentina. En ese país, en circunstancias específicas de una coyuntura determinada, con un liderazgo mediático sui generis, el proyecto de ocupar un espacio abierto en el sistema político y de partidos parece rendir frutos.
Regresando a México, valdría la pena reflexionar las potenciales implicaciones de una campaña educativa abiertamente libertarianista en instituciones de educación media superior de todo el país. Esto, desde la intervención de intelectuales públicos en medios de comunicación, hasta la disputa por construir un nuevo espacio organizativo de respuesta al progresismo, y ante el desdibujamiento y vaciamiento político de los partidos actuales de oposición al régimen de izquierda. Por ello, en un contexto donde no existe disputa real del campo popular debido al gran consenso obradorista, es buen momento para reflexionar respecto a dichas tendencias, grupos y proyectos, porque, aunque en una posición claramente periférica, el radicalismo de mercado está también entre nosotros.
La actividad política de los grupos neoliberales por lo general no ha tenido una dimensión de masas, salvo en momentos y casos específicos. Es una tendencia que ha buscado reactivarse en la última década con el impulso al paleolibertarismo (Rothbard, 1992) y México es uno de sus escenarios. El trabajo político que los radicales de mercado llevan a cabo se desarrolla en un sentido de movilización programática: impulsar un proyecto de oposición fundado en un marco categorial establecido por ellos, el de la “libertad”; buscan que dicho marco, cuyo paraguas conceptual puede abarcar un amplio conjunto de políticas, encuentre lugar paulatinamente en el sentido común de la sociedad y les permita construir, desde ahí, opciones de salida del marco político actual. Esto puede requerir mucho tiempo y por ello se apuesta, tanto por el potencial agrietamiento del progresismo —derivado de sus propias pugnas internas—, como por el eventual surgimiento de un liderazgo político que logre articular las distintas posiciones antiprogresistas, antizquierda, antifeministas, conservadoras y neoliberales, así como sectores sociales que simplemente prefieran optar por una opción político-electoral que parezca distinta a las ya conocidas.
Hasta la fecha, los intentos por consolidar una fuerza política libertaria no han cuajado. Los rostros del gran capital nacional que financian y apoyan el proyecto de mercado en México (¿liderados por Ricardo Salinas Pliego?) son muy conocidos, pero en general no han logrado “conectar” con las grandes mayorías que integran la sociedad mexicana. Los liderazgos jóvenes de SL, aún con cierta formación política, no distan mucho en su participación social de aquellos cuadros de nueva generación en los partidos de oposición o de otros grupos políticos con menor exposición pública. Las agrupaciones libertarias o intentos de partidos libertarios no han logrado crecer cuantitativamente y el programa de la libertad, por más sencillo de transmitir y fácil de adoptar que parezca, aún no puede disputar terreno frente a la retórica de la justicia social y la transformación impulsada por la llamada 4T. No obstante, pese a que la mayoría del pueblo se encuentre del lado del obradorismo, siempre es importante tener en mente a René Zavaleta (2009) cuando afirmaba que “en la política, el sueño de las victorias totales es tan absurdo como en la guerra”.
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