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Revista Tlatelolco Dossier Académico

Vol. 3. Núm. 2, enero-junio 2024

Plataformas electorales y construcción de paz: el proceso discursivo del proyecto político de la presidenta Claudia Sheinbaum para enfrentar la violencia en México

Electoral platforms and peacebuilding: the discursive process of President Claudia Sheinbaum's political project to address violence in Mexico

Mariela Díaz Sandoval*
América Guadalupe Bautista Salgado**

Recibido: 22 de agosto del 2024\ Aprobado: 14 de octubre del 2024

*Doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-México). Profesora-Investigadora de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). Miembro del Núcleo Académico de la Maestría Ciencia Política en dicha institución. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, y Responsable Administrativa de la Red Latinoamericana de Estudios Subnacionales, Relades.

**Profesora-investigadora de Tiempo Completo de la Universidad Autónoma de Guerrero, adscrita a la Facultad de Derecho en Acapulco. Doctora en Derechos Humanos por la Universidad Azteca Educativo de Formación Empresarial A.C., Maestra en Comunicación y Relaciones Públicas por la Facultad de Comunicación y Mercadotecnia, y Licenciada en Derecho por la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero.

Resumen

El objetivo de este artículo es el análisis del proceso discursivo sobre las propuestas de prevención y atención a las causas de la violencia para la construcción de paz. Este proceso logró conformar un proyecto político con éxito electoral encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. A través del institucionalismo discursivo analizamos el posicionamiento de la plataforma proveniente de la izquierda partidista en México, que ha privilegiado la atención de las causas de la violencia. A partir de la revisión de fuentes documentales, afirmamos que el éxito electoral del proyecto de la actual presidenta debe ser entendido en el mediano plazo. La izquierda partidista, dirigida por Andrés Manuel López Obrador, legitimó su sello como oposición a partir de una crítica al modelo neoliberal y, en particular, a las consecuencias de las políticas de “mano dura”. El principal hallazgo de este artículo es reconocer que las dinámicas internas y externas de los partidos, desde donde son construidas, difundidas y legitimadas las plataformas electorales, el sello ideológico y el fracaso de las opciones de derecha para enfrentar la violencia generaron condiciones propicias para el éxito electoral de la izquierda.

Palabras clave:

Plataformas electorales, partidos políticos en México, construcción de paz, Claudia Sheinbaum, institucionalismo discursivo.

Abstract

The objective of this article is the analysis of the discursive process through which the ideas around prevention, attention to the causes of violence, and peacebuilding managed to shape an electorally successful political project led by President Claudia Sheinbaum. Using discursive institutionalism, we analyze the positioning of the electoral platform coming from the partisan left in Mexico, from where the attention to the causes of violence has been privileged. Based on the review of documentary sources, we affirm that the electoral success of the current president’s project must be understood in the medium term, where the partisan left, headed by Andrés Manuel López Obrador, legitimized its seal as opposition based on a critique of the neoliberal model and, in particular, the consequences of “heavy-handed” policies. The main finding of this article is to recognize that the internal and external dynamics of the parties, from where electoral platforms are constructed, disseminated, and legitimized, the ideological seal and the failure of the right-wing options to confront violence generated favorable conditions for the electoral success of the left. 

Keywords:

Electoral platforms, political parties in Mexico, peace-building, Claudia Sheinbaum, discursive institutionalism

Introducción

El proceso electoral de junio de 2024 es histórico por varias razones: en primer lugar, por el triunfo de Claudia Sheinbaum, candidata de la Coalición “Sigamos haciendo Historia” —conformada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM)—, quien se convirtió en la primera mujer electa como presidenta en la historia de México, obteniendo un 59.75% de la votación (INE, 2024). En segundo lugar, porque la coalición de izquierda logró mantener por dos períodos consecutivos el control del Ejecutivo Federal, lo cual obliga a pensar las condiciones que permitieron el afianzamiento del giro hacia la izquierda en México. La tercera razón está vinculada a los proyectos políticos enarbolados por los candidatos en este proceso electoral, donde, como en cada coyuntura de esta naturaleza, se observan variaciones y similitudes importantes entre las plataformas electorales y los actores políticos en disputa, siendo la seguridad y la violencia parte medular de la agenda de gobierno de la presidenta Sheinbaum.

Es así como la elección presidencial de 2024 nos brinda la oportunidad para analizar el sello distintivo de la candidata ganadora y de la coalición partidista que la postuló, además de los puntos de coincidencia y tensión con respecto al gobierno saliente, en tanto que ambos surgieron de Morena. Dicho esto, el objetivo de este artículo es analizar el proceso discursivo por medio del cual las ideas en torno a la prevención y la atención a las causas de la violencia se posicionaron como parte de un proyecto político con éxito electoral. 

A través de las plataformas electorales, las cuales son defendidas en la esfera pública, es posible dar cuenta del ideario compartido sobre la seguridad pública y la construcción de paz, por lo que recursos teóricos como el institucionalismo discursivo nos aportan herramientas para comprender el posicionamiento de ciertos proyectos sobre otros. A partir del análisis de documentos oficiales y fuentes biblio-hemerográficas, observamos un giro en las narrativas para atender la violencia. Esto es un proceso de largo plazo, en donde distintos actores ponen en disputa sus proyectos ante el electorado. 

Este documento se estructura en tres secciones: en la primera, se presenta una revisión de la literatura sobre el rol de las plataformas electorales de los partidos para posicionar temas en la agenda política; la segunda sección está destinada a detallar las directrices teórico-metodológicas del capítulo, y en ella exponemos la pertinencia del institucionalismo discursivo para analizar la naturaleza y posicionamiento del sello distintivo de las plataformas electorales; por último, la tercera sección se adentra en el análisis del proceso comunicativo del discurso en la construcción del proyecto político de Claudia Sheinbaum para atender la violencia en México, ubicando como un elemento clave la construcción del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Trataremos de comprobar que el levantamiento del proyecto de la presidenta comenzó a tomar forma desde las plataformas electorales impulsadas por la antigua coalición liderada por el ahora desaparecido Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo candidato presidencial en su momento fue López Obrador, y que los fracasos de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto favorecieron el posicionamiento de un proyecto alternativo que requirió la difusión constante al exterior de Morena. Aquí, las dinámicas partidistas, tanto al interior como al exterior, incidieron en el posicionamiento del proyecto político de izquierda como una opción viable y pertinente.

Partidos políticos, plataformas electorales y agenda de construcción de paz: una breve discusión de la literatura

La liberalización política mexicana y el tránsito de un partido hegemónico a un sistema de partidos pluralista moderado se tradujeron en una mayor participación de las fuerzas de oposición en la conformación de gobiernos, así como en la del Poder Legislativo (Torres-Ruiz, 2023). Por lo anterior, la competencia electoral se convirtió en una línea de investigación fecunda; sin embargo, otros artículos pusieron el acento en las plataformas que los partidos políticos ofrecen al ciudadano. Este es el hilo conductor que sigue el presente texto. 

Algunos trabajos han encontrado que el factor que explica los cambios en los resultados electorales es la designación de una plataforma electoral (Fernández-Vázquez, 2014). En el mismo orden de ideas, textos como el de Simas y Evans (2011) dan cuenta de que los ciudadanos son capaces de utilizar las plataformas de los partidos en sus evaluaciones hacia los candidatos presidenciales, y otros más han planteado que el comportamiento de los votantes y los posibles simpatizantes determinan las características ideológicas de la plataforma del partido (Poutvaara, 2003). 

En el caso de América Latina, la importancia de las plataformas reside en que pueden determinar los temas de campaña y las líneas de la discusión pública, a la vez que, en algunas ocasiones, son buenas predictoras de las políticas que implementarán los gobiernos. Además, son “instrumentos de información política brindada a los ciudadanos en los períodos electorales” (D’alessandro, 2013, p. 109). Otro aspecto a resaltar de las plataformas es que, de manera formal, permiten caracterizar a los partidos (su interpretación de la realidad) e identificar el lugar que guardan las ofertas en el espectro ideológico. De la misma manera, contribuyen a ubicar las posibles alianzas o propuestas que estarían más interesadas en construir o respaldar. 

Las plataformas son importantes, por supuesto, pero habría que poner atención no solo en su contenido, sino en la forma que se presentan ante al electorado. Es evidente el rol central que juegan los partidos políticos en la estructuración de agendas para la gestión del conflicto y la construcción de paz. Por medio de estas organizaciones, los ciudadanos pueden apoyar plataformas para atender la violencia e incidir en la consolidación de un Estado; además, pueden contribuir a visibilizar a sectores sociales excluidos como las mujeres, los jóvenes y los indígenas (Demo Finland, 2016). De hecho, en países en conflicto, abundan experiencias interesantes sobre la participación de los partidos políticos en tal construcción de paz, ya sea como mediadores para poner fin a enfrentamientos armados o en la configuración del Estado tras el conflicto. Lo anterior se da a través de la transformación de grupos armados en partidos políticos, lo que traslada la representación de sus intereses al sistema electoral (Castillejo, 2016; United Nations Development Programme, 2015). 

No obstante, si bien se reconoce su lugar central en los procesos de paz, no pueden soslayarse aquellas experiencias donde las agrupaciones mencionadas han exacerbado el conflicto violento, favoreciendo la exclusión contra sectores importantes de la población —por ejemplo, cuando los partidos inciden en la creación de grupos terroristas, o bien, establecen alianzas con estos (Danzell, 2011)—. Igualmente, destacan situaciones en que, desde los discursos y posicionamientos del partido, se incita y reproduce la discriminación y otras formas de violencia simbólica contra sectores vulnerables de la población, como es el caso del ala de ultraderecha Vox, en España (Bernárdez-Rodal et al., 2020). 

En América Latina, destaca lo ocurrido en Colombia, donde los partidos fueron partícipes de los acuerdos de construcción de paz postconflicto, ya sea como promotores o detractores. Al respecto, existe un reconocimiento de que las fuerzas políticas de izquierda son más proclives a apoyar la construcción de paz —resalta el caso de Colombia Humana, liderado por Gustavo Petro y la coalición Alianza Verde y Polo Democrático, encabezada por Sergio Fajardo—. Por su parte, los partidos políticos de derecha como Centro Democrático y Cambio Radical (con el expresidente Álvaro Uribe a la cabeza) se han opuesto a los acuerdos para la construcción de paz (De Castro, 2018).

Por lo visto, los partidos políticos son actores relevantes en los procesos de paz, pues pueden coadyuvar a su impulso o, por el contrario, obstaculizar los esfuerzos en la construcción de acuerdos y en la transformación positiva del conflicto. Es así como el institucionalismo discursivo (Schmidt, 2008a; 2014) permite analizar el proceso por el cual los candidatos, a través de las plataformas electorales impulsadas por sus agrupaciones, posicionan ideas en la agenda política con el objetivo de trasladarlas a las agendas gubernamental y legislativa. Así, las plataformas electorales brindan información sobre los proyectos en torno a la construcción de paz y la atención de las violencias defendidos por los candidatos en la competencia. Empero, es preciso situar las plataformas en un contexto institucional y político que posibilita el posicionamiento de ciertas ideas sobre otras, y es por ello que, en la siguiente sección, señalaremos el vínculo entre el institucionalismo discursivo y las ideas que se plasman en las plataformas electorales sobre la paz y la violencia.

Plataformas electorales y proyectos políticos: una propuesta de análisis desde el institucionalismo discursivo

El análisis de las plataformas electorales es relevante, pues en ellas se sintetiza la forma en que los partidos conciben el papel que debe cumplir el Estado en la sociedad y frente al mercado. Por tanto, la categoría de proyecto político es útil para distinguir las particularidades en las plataformas electorales, a la vez que puede ser analizada desde el institucionalismo discursivo. En particular, dicho institucionalismo toma las ideas seriamente, pues la gran hipótesis de este enfoque es que, por medio del proceso discursivo, se genera o inhibe el cambio institucional. En otras palabras, el contenido de las ideas y el proceso mediante el cual estas son comunicadas es fundamental para entender el éxito o fracaso de los políticos que contienden por cargos (Schmidt, 2008a). 

Las plataformas electorales emanan de la organización interna del partido y su propósito es mostrar, ante el electorado, el proyecto que podrían impulsar una vez ganada la contienda. No obstante, las ideas que se plasman en la misma responden a los intereses de la élite dirigente del partido. Ahora bien, es la naturaleza de estas organizaciones ser representativas de ciertos sectores sociales (clivajes); partiendo de Katz y Mair (1990), podemos considerar que los partidos tienen una vida interna y una externa: hacia dentro, son organizaciones con una estructura burocrática en la que se interrelacionan dirigentes y dirigidos; hacia afuera, son organizaciones de carácter electoral, gubernamental y legislativo que persiguen votos, cargos e impulsan ciertas políticas, ancladas en una plataforma electoral (Scarrow, 2005). Así, la construcción y defensa de una plataforma se desarrolla en dos áreas, donde la externa representa intereses de determinados sectores, producto de la diversidad y la heterogeneidad social (Lipset y Rokkan, 1967). 

La plataforma electoral tiene su origen al interior del partido (en la relación entre actores políticos), mientras que su promoción implica el vínculo entre partido, candidatos y electorado. Es decir, se trata de dos caras partidistas en donde la agenda partidista es, en un primer momento, construida, y en otro, defendida y difundida ante el electorado. En este orden de ideas, el institucionalismo discursivo, heredero de la tradición histórica de esta escuela, permite centrarnos en cómo las ideas son presentadas y justificadas frente a los ciudadanos, ya que conforman proyectos políticos que los actores individuales y colectivos defienden en la esfera pública. 

Cabe señalar que, para el institucionalismo discursivo, es sumamente relevante el contenido de las ideas y su proceso de difusión en un contexto institucional determinado. De tal modo, las ideas no solo serían el texto (lo que se dice), sino el contexto (dónde, cuándo, quién, cómo y por qué son dichas). De acuerdo con Roy (2023), este enfoque ayuda a identificar la dinámica entre estructuras (instituciones) y agencia (quién lo dice). Para Schmidt (2008b), las ideas dibujan políticas, priorizando los problemas que deberán ser atendidos, los cuales son justificados como los más relevantes en la agenda pública. 

El institucionalismo discursivo distingue entre dos procesos: el discurso coordinativo y el discurso comunicativo. El primero se da entre quienes diseñan las políticas (policy construction), mientras que el segundo se produce entre actores políticos y el público (Schmidt, 2010). Para el caso de los partidos políticos, remite a las dos dimensiones: la vida interna y la externa (Katz y Mair, 1990; Kuswandoro et al. 2020). Es dentro del partido en donde tiene lugar el diseño de las plataformas (es decir, el proceso coordinativo del discurso en el que participan las élites), mientras que en la vida externa (esfera pública) (Habermas, 1989), los actores justifican decisiones y políticas ante el electorado (proceso comunicativo del discurso). En este sentido, sobre las propuestas de la presidenta Claudia Sheinbaum para atender la violencia en México, interesa comprender cómo los agentes expresan las ideas y a qué sector o público dirigen el mensaje. 

Las ideas tienen un poder transformador, siempre y cuando el discurso muestre que son adecuadas y aplicables. Los actores participantes en el proceso discursivo-comunicativo pueden ser políticos, gobiernos, partidos, actores políticos y sociales, medios de comunicación, think thanks, grupos de interés, movimientos y público en general. Es decir, las voces del electorado son escuchadas por medio de encuestas, grupos focales y foros de discusión; sin embargo, las élites son las encargadas de generar las ideas que son transmitidas al público por medio del proceso comunicativo del discurso (Roy, 2023; Schmidt, 2014; Willets, 2021). Aquí, el institucionalismo discursivo da la oportunidad de identificar las ideas que toman la forma de proyectos políticos, los cuales se enfrentan de manera conflictiva (Willets, 2021). 

Esos proyectos suelen ser constelaciones de ideas y creencias sobre cómo debe ser la vida en sociedad y permean distintas áreas de actuación de los partidos políticos. Pese a ello, podemos identificar tipos ideales en los proyectos, yendo desde posiciones en las que se privilegia la construcción de paz con un reconocimiento de lo local, de la participación ciudadana y de la atención de las causas de la violencia, hasta opciones tecnocráticas, neoliberales o autoritarias en donde las decisiones se toman desde arriba (y, en el extremo, hay una preferencia por la “mano dura” y la mercantilización). En la siguiente sección analizaremos el proceso comunicativo del discurso en torno a la plataforma de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para atender la violencia y construir paz. 

La construcción discursiva de la estrategia para enfrentar las causas de la violencia en México

Podríamos situar el cambio de proyectos políticos para afrontar la violencia en México con el triunfo de AMLO. Precisamente, el viraje en las políticas de seguridad y construcción de paz respondería al posicionamiento de la figura de López Obrador como una opción viable para dar solución a problemas estructurales, después de la fallida gestión de Enrique Peña Nieto. Desde el institucionalismo discursivo, la respuesta se encuentra en la construcción de ideas y su ulterior transmisión por procesos coordinativos y comunicativos del discurso. Más que shocks externos, como señala la literatura institucionalista histórica, la explicación del cambio institucional son los discursos que incluyen ideas y procesos (Schmidt, 2008a, p. 316).

Con las transiciones a la democracia, presenciamos la llegada de gobiernos promercado que, como afirman Ducatenzeiler y Oxhorn (2012), concentraron el poder político de forma no democrática con una preferencia por las soluciones autoritarias provenientes, principalmente, de la derecha partidista. Con todo, a partir del año 2000 tomó forma el denominado “giro a la izquierda”, en donde fuerzas partidistas de este sello ideológico ganaron la presidencia en varios países de la región. De acuerdo con Arditi (2009), el giro implicó un cambio cognitivo, es decir, la legitimación del proyecto de izquierda como una alternativa ante el neoliberalismo. 

En el caso de la descentralización política en México, los actores del orden local (tanto de izquierda como de derecha) comenzaron a cobrar protagonismo. Destaca el caso del ya mencionado AMLO, quien escaló, desde antes del año 2000, posiciones importantes dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD) (Díaz y Espejel, 2020a). Así, desde el institucionalismo discursivo, analizar el proyecto político de Claudia Sheinbaum en materia de construcción de paz nos obliga a situar las condiciones contextuales que favorecieron el posicionamiento y la legitimidad de una plataforma electoral con énfasis en la prevención. 

Precisamente, la elección de 2006 fue el contexto en donde los distintos proyectos políticos se enfrentaron. Por parte de la Coalición “Por el Bien de Todos Primero los Pobres”, conformada por el PRD, Movimiento Ciudadano (MC) y PT, y liderada por López Obrador, se delinearon las directrices de la estrategia de seguridad y prevención que impulsó en su tercera participación como candidato presidencial; se destacó, asimismo, la necesidad de implementar políticas basadas en el bienestar en todos los ámbitos de la vida, con énfasis en la atención a los más desfavorecidos y no solo concentrarse en estrategias focalizadas para atacar la pobreza y la pobreza extrema (Plataforma Electoral 2006 Coalición “Por el bien de todos”, 2005). 

No es objetivo de este capítulo ahondar en la disputa de proyectos dentro del contexto aludido; sin embargo, la profundización de la violencia debe enmarcarse en la lógica del “populismo del miedo” (Chevigni, 2003). Con el triunfo de Felipe Calderón, se optó por políticas de seguridad inscritas en tal populismo, siendo la estrategia principal la “guerra contra el narcotráfico”. Después de la elección de 2012 —donde también participó López Obrador—, pese a que Enrique Peña Nieto apostó por una estrategia de seguridad que contempló la prevención, los problemas en su implementación y la falta de coordinación entre los tres niveles de gobierno no dieron resultados favorables (Hernández, 2021). En consecuencia, con el triunfo de la izquierda en 2018, traducido en políticas públicas, tomó forma un nuevo proyecto para atender la violencia que se centró en la identificación de las causas y la construcción de las estrategias para pacificar el país. 

Aquí cabe señalar el diagnóstico hecho por el propio AMLO. De acuerdo con el “Plan Nacional de Seguridad 2018-2024”, las causas de la violencia y la inseguridad son multifactoriales, destacándose las siguientes:

[…] la falta de empleos de calidad y la insuficiencia del sistema educativo, la descomposición institucional, el deterioro del tejido social, la crisis de valores cívicos, el fenómeno de las adicciones, disfuncionalidades y anacronismos del marco legal e incluso la resistencia de añejos conflictos intercomunitarios, agrarios y vecinales. (López, 2018)

Esta aseveración ha sido replicada por AMLO en todas las plazas públicas y escenarios, y sirvió de sustento en la construcción del andamiaje de políticas sociales denominadas “Programas para el Bienestar”, cimentando aún más el cambio cognitivo del giro a la izquierda en México. Ahora, esta retórica fue también reproducida en la vida externa del partido en sus distintas áreas de actuación: la electoral (para quienes contendieron por cargos en el proceso del 2021 en los distintos órdenes), la gubernamental y la legislativa. Es preciso mencionar que el posicionamiento en defensa de los más desfavorecidos ha sido el hilo conductor de la trayectoria política de AMLO (esto, desde las luchas por la democratización en Tabasco en la década de 1970, y sus acciones en contra de la privatización de la industria petrolera en la década de 1980). Es así que las ideas se posicionaron por medio de un proceso comunicativo del discurso (Hernández et al., 2021). 

En lo que refiere a la construcción de paz, López Obrador reconoció la responsabilidad del tráfico de drogas en la exacerbación de la violencia, así como la necesidad de iniciar “un proceso de pacificación con las organizaciones delictivas y adoptar modelos de justicia transicional que garanticen los derechos de las víctimas, esto es, de leyes especiales para poner fin a las confrontaciones armadas” (López, 2018, p. 11). Además, propuso el desarme de participantes de grupos criminales y el establecimiento del Consejo de Construcción de la Paz (el cual nunca fue instalado, quedando como uno de los grandes pendientes de este gobierno). Sin embargo, una gran crítica recibida por el presidente fue la justificación, vía discurso comunicativo, para atender la corrupción de las policías estatales y municipales por medio de la creación de la Guardia Nacional, posible gracias a lo que Serrano Carreto denomina el “escuálido pie de fuerza de la Policía Federal”, heredado de la administración de Enrique Peña Nieto.

De esta forma, el fracaso de “la guerra contra el narcotráfico” es solo un elemento en el posicionamiento del proyecto de Sheinbaum. En las dinámicas organizativas del partido de la izquierda, ya fuera el PRD o, posteriormente, Morena, se construyó la propuesta para afrontar la situación (es decir, el proceso coordinativo del discurso); no obstante, las particularidades de la vida interna de ambas fuerzas políticas jugaron un papel importante en la definición de una línea programática apoyada por distintos actores al interior y al exterior. Ambos partidos compartieron tendencias como la dirección de un líder dominante de izquierda que delineó el rumbo de la organización y esta situación permitió imprimirles el sello ideológico del dirigente que, a la postre, se convertiría en candidato presidencial (en ambos partidos). El posicionamiento de este, además, sería producto de la retórica discursiva que, siendo aún oposición, enarboló la lucha por la democracia y en contra del neoliberalismo (Espejel y Díaz, 2022). Se trató de un cambio cognitivo que fue construido por medio del proceso comunicativo del discurso dirigido hacia un sector del electorado afectado por la pobreza y la violencia. 

  • Plataformas electorales y proyectos políticos: las particularidades de la propuesta de Claudia Sheinbaum para atender la violencia

En términos generales, hemos situado las ideas que López Obrador ha construido en torno a la violencia en México, y la atención de sus causas es una dimensión central para él. Sheinbaum, por su parte, tiene una historia propia, y sobre su proyecto político es posible distinguir peculiaridades. Si bien ambos actores jugaron un rol significativo en la génesis de Morena, es decir, en la vida interna del partido, la historia de la política puede rastrearse desde la década de 1980, en que siendo estudiante de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), participó activamente en el Consejo Estudiantil Universitario. En cuanto a su experiencia como funcionaria, esta comenzó en el año 2000, con el triunfo de AMLO como Jefe de gobierno de la Ciudad de México, en cuya administración fungió como Secretaria del Medio Ambiente, dependencia desde donde se criticó la construcción del aeropuerto internacional que planeaba desarrollarse en Texcoco (Ramírez, 2001). 

Siguiendo con su recorrido, para 2006, Claudia Sheimbaum se convirtió en la vocera de campaña de AMLO y, al igual que este, rompió con el PRD el 12 de septiembre de 2012 para construir las bases del nuevo partido de izquierda (Díaz y Espejel, 2020a). Con la obtención del registro de Morena en 2015, la política y científica logró la candidatura como jefa delegacional en Tlalpan, Ciudad de México, permaneciendo en el cargo hasta 2017, y solicitó la licencia para contender por la Jefatura de gobierno de la Ciudad de México en la elección de 2018. Posteriormente, el proceso interno de Morena para elegir Coordinador(a) Nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación (es decir, candidato(a) presidencial) se caracterizó por la tensión entre dos actores: Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de AMLO y Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. El debate se concentró, por tanto, en qué liderazgo aseguraría la continuidad y la construcción del “Segundo Piso de la Cuarta Transformación”, y quien resultó electa fue Sheinbaum. 

La ahora presidenta es un personaje vinculado estrechamente al proyecto de López Obrador, actor que ha delineado la vida interna y externa (las tendencias organizacionales) del partido Morena (Espejel y Díaz, 2022). La narrativa del partido se ha configurado a partir de las ideas defendidas por el expresidente, y en ella los grupos vulnerables —en particular, los pobres— forman parte de la plataforma y los documentos básicos de la organización (Hernández et al., 2021). De hecho, en el programa del partido se afirma que la construcción de paz, junto con la atención a las causas de la violencia y la restauración del tejido social, suplirán el uso de la fuerza policial o militar (Morena, 2024b). Con todo, Sheinbaum también ha impulsado su propio proyecto para atender la violencia: cuando fue jefa de gobierno de la Ciudad de México, entre sus principales logros destacan la disminución de la incidencia delictiva y del número de homicidios dolosos; son de reseñar, también, las dos universidades públicas que creó en la Ciudad de México, así como los llamados Pilares (Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes) —ambos proyectos encaminados nuevamente a atender las causas del crimen (Sheinbaum Pardo, 2022)—. 

Por otro lado, en la vida externa del partido existe una preferencia por la prevención y la atención de problemáticas en lo local, por lo que es posible identificar un proyecto político que privilegia las dinámicas democrático-participativas, antes que las medidas de “mano dura” para atender la violencia, mismo que se ha fundamentado en las bases de Morena, así como en la lucha política enarbolada por AMLO frente a la mercantilización y el ejercicio de la represión. 

Ya como candidata presidencial, en su propuesta para atender la violencia, Sheinbaum puso énfasis en la prevención del delito, incorporando acciones realizadas en el Gobierno de la Ciudad de México como el desarme, los programas sociales, la reinserción social, y la recuperación y dignificación de las cárceles. Además, propuso la capacitación de los policías como una de sus cartas más fuertes, prometiendo mejorar sus condiciones laborales y su profesionalización (Morena, 2024a). 

En problemas añejos vinculados a la construcción de paz, propuso fortalecer la búsqueda de personas desaparecidas con un “programa nacional de recuperación de carpetas de investigación extraviadas o abandonadas” (Morena, 2024a, p. 54); aunado a ello, se planteó el apoyo integral a familiares, garantizando su participación en tal búsqueda y en la justicia. Nuevamente, la desigualdad social, la falta de oportunidades y el acceso a servicios básicos son centrales en su proyecto y, en adición, “la paz construida desde abajo” también se encuentra en su propuesta, lo cual es relevante, pues la literatura especializada en el campo sostiene que las estrategias “desde arriba” pueden ser menos efectivas al olvidar los contextos específicos. 

Dentro de este tema, la justicia transicional también es una pieza primordial, y plantea la implementación de mecanismos que garanticen la reparación del daño a las víctimas, así como los procesos de reconciliación en comunidades y garantías de no repetición (Morena, 2024a). La aplicación de una justicia de esta índole resulta urgente en aquellas localidades azotadas por los conflictos violentos de diversa clase. Se trata de elementos neurálgicos en la construcción de democracias democratizadoras, en términos de Tilly (2007). Aquí, cabe destacar esa otra agenda pendiente que son los reclusorios, por lo que se apuesta al mejoramiento de la seguridad en su interior, la capacitación del personal y la prevención de la violencia y el hacinamiento. Sobre las prisiones, se planteó que la reinserción social es una tarea que deben atender los gobiernos en sus distintos órdenes, por lo que algunas estrategias son la capacitación, la implementación de programas educativos y laborales, así como la atención psicológica y comunitaria (Morena, 2024a). 

Pese a todo lo enumerado, las estrategias para enfrentar al crimen organizado podrían convertirse en el talón de Aquiles del próximo gobierno, en tanto que las actividades de estos grupos tienen un carácter transnacional, a la vez que están enraizados en las comunidades locales, estableciendo tipos de gobernanza criminal (Duque, 2021). En este sentido, es urgente implementar programas sociales y construir oportunidades para los jóvenes y, por ello, es uno de los elementos del proyecto encabezado por Sheinbaum para atender la violencia (Morena, 2024a). 

Si comparamos el proyecto político de Morena con el de las otras dos fuerzas partidistas que participaron en la contienda, así existan algunos puntos de coincidencia, hay diferencias relevantes por notar. Precisamente, la categoría de “proyecto político” implica la disputa entre distintas creencias sobre lo que debe ser la vida en sociedad, y fue en esa lucha discursiva donde se profundizó el apoyo hacia el proyecto de izquierda para atender la violencia. 

En el documento 100 pasos para la Transformación. Claudia Sheinbaum, 2024-2030 pueden verse algunos aspectos significativos del inicio de la nueva presidencia: se pone otra vez énfasis en el terreno de la construcción de paz, en el fortalecimiento de la Guardia Nacional (lo cual ha desatado críticas, pues dicho organismo no ha disminuido la violencia en el orden subnacional, destacando los recientes casos de Guerrero, Guanajuato y Sinaloa). Otro rasgo importante es que la retórica en torno a la construcción de paz se conecta con el debate sobre la reforma del poder judicial y, en adición, la idea de “bienestar” es una constante, por lo que se propone fortalecer las atribuciones de la Secretaría del Bienestar, así como la creación del Sistema Integral de Atención a las Causas (Sistac), que actuará como detector de problemas a nivel comunitario. Aunado a ello, se anuncia que el fortalecimiento de capacidades de investigación en delitos, la implementación de un modelo policial de profesionalización de elementos, y una estrecha coordinación entre órdenes de gobierno mediante la instalación de mesas de paz serán ejes del gobierno (Morena, 2024a). 

Finalmente, es importante destacar que el éxito de un proyecto político no implica que sea efectivo en sus resultados de manera automática. No obstante, la aceptación de atender las causas de la violencia es un hecho incuestionable, pues el éxito de la plataforma electoral de la presidenta forma parte de una larga lucha política y discursiva protagonizada por la izquierda partidista.

Conclusiones

El proyecto de la presidenta se ha posicionado de manera exitosa frente al electorado, situación favorecida por los cambios en el contexto político e institucional. El análisis del proceso comunicativo del discurso permite dar cuenta de la preeminencia de ciertas ideas a lo largo del tiempo, y aquí partimos de que la atención a la violencia, con el reconocimiento y abordaje de sus causas, forma parte de una larga lucha, donde la actual presidenta y AMLO son piezas fundamentales. El tardío giro a la izquierda en México implicó un cambio cognitivo que cuestionó las estrategias de seguridad impulsadas desde los otros partidos mayoritarios (PRI y PAN). Sabemos que la defensa del proyecto se puede rastrear desde el 2006; sin embargo, el franco fracaso de la guerra contra las drogas favoreció su posicionamiento actual.

Afirmamos, por tanto, que el perfil ideológico del partido puede ser un elemento que imprima un sello en la plataforma electoral, más allá de la discusión en torno a los partidos “atrapa todo” (catch-all), los cuales prefieren no comprometerse ideológicamente con el objetivo de llegar a un amplio electorado. A diferencia del prd, partido que ha perdido el registro en la elección del 2024, la situación propicia de Morena en términos de votación (que se traduce en ganar importantes espacios a nivel municipal, estatal y en el Congreso de la Unión), le ha permitido posicionar una agenda propia. De tal modo, en la vida interna y externa del partido, las ideas en torno a la atención de la violencia a partir del reconocimiento de sus causas son legitimadoras de trayectorias políticas; o sea, que no solo son replicadas al interior de la organización, en elecciones, en el gobierno y en el legislativo, sino que, además, quienes aspiran a algún cargo en el partido se apresuran a adoptarlas. 

Ahora bien, Claudia Sheinbaum, aunque vinculada a esta transformación discursiva, también ha sentado las bases para que su proyecto se enmarque en la llamada “Cuarta Transformación”. Se puede reconocer que su experiencia en el ejercicio de gobierno sentó las bases para construir un proyecto que atienda la violencia con énfasis en las desigualdades y en contra de la mercantilización y la subordinación, pues se avanzará por la senda de la democratización en la medida en que la justicia social y la lucha contra las desigualdades formen parte de las acciones de los Estados. Empero, los retos son mayúsculos, pues nuevamente se avizora que el Ejército tendrá un lugar central en las acciones para controlar la violencia vinculada a los grupos del crimen organizado.

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