En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Marcha Ciudad de México. Foto: Graciela López, Cuartoscuro

Violencia, incomodidad y justicia

Número 0 / ENERO - MARZO 2021

¿Y los feminicidios? ¿Y la trata, que si no es sufrimiento exclusivo de mujeres, gana tonos aún más inhumanos con nosotras? Las violaciones y los acosos, en la calle, el trabajo, la casa, ¡nos están matando y nos quieren dóciles!

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Mariel Zasso

Psicóloga

Dice un eslogan del 68: “Las chicas buenas van al cielo y las malas, a donde quieren”. Un llamado transgresor a la desobediencia. ¿Qué tanto tiene que ver con esto la incomodidad actual que genera la violencia o el vandalismo en las manifestaciones feministas? Esperan que las mujeres seamos serviles y obedientes: al padre, al marido o al Estado. Molesta la violencia, y no puedo dejar de decir que a mí también me pone incómoda, pero… ¿Y los feminicidios? ¿Y la trata, que si no es sufrimiento exclusivo de mujeres, gana tonos aún más inhumanos con nosotras?

Las violaciones y los acosos, en la calle, el trabajo, la casa, ¡nos están matando y nos quieren dóciles! Qué tanto hay –detrás de nuestras propias posturas de rechazo o incomodidad con el desenfreno de las marchas– de un sentimiento arraigado tanto en hombres como en mujeres de que nosotras debemos callar y obedecer. Pero las revoluciones no se hacen sin incomodidades. Y eso, mexicanas y mexicanos lo saben muy bien.

Por otro lado, las manifestaciones también son espacios en disputa, que se partidizan y se polarizan, y en donde sí puede haber “infiltradas” con el objetivo de generar desorden y posterior rechazo por parte de la opinión pública. ¿Cómo separar las justas demandas feministas de los intereses de otros grupos? ¿Cómo evitar que nuestras causas sean acaparadas y distorsionadas por grupos que quieren nada más subirse a la ola para desestabilizar otras esferas?

Son reflexiones que tenemos que seguir desarrollando, sin olvidarnos nunca de que la expresión más extrema de la violencia es el feminicidio, que nuestro papel de aliados de un gobierno que también desea una transformación radical de la sociedad no nos impide que seamos críticos y exigentes con ese mismo gobierno que apoyamos. Y que nunca perdamos el foco de los cambios profundos que necesitamos construir en la sociedad para que la violencia contra las mujeres, algún día, sea sólo historia.

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Violencia, incomodidad y justicia

Una respuesta

  1. “[…] la expresión más extrema de la violencia es el feminicidio […]”
    ¿De la violencia misógina? Sí, pero no de la violencia per se.
    En un país sanguinario como este donde cientos de personas (mayoritariamente varones) mueren diariamente de las maneras más surrealistas imaginables, no es más meritorio de condolencia y atención públicas el asesinato de una mujer que el de un montón de varones.
    Jamás cosechará frutos de paz aquel que siembra violencia, por pequeña que la simiente sea.

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