Cuatro minutos para llorar con vanidad
Por: Elizabeh López Gómez
A veces la música sabe lo que sentimos
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
Desciendo por las escaleras que siempre desciendo,
mas ahora las desciendo con el corazón deshecho,
trato de rearmarlo,
pero mi intento es interrumpido
por el súbito y estruendoso ruido
que advierte la llegada
de una gran caja naranja
a la estación Copilco.
Hoy has confirmado mis más trágicas suposiciones;
hoy me has informado que te diriges a otra dirección
y las vías suponen una gran seducción.
Hoy me has dicho que mi vagón no te corresponde,
que ya no puedes acompañarme en este viaje
ni siquiera por un par de estaciones.
En Miguel Ángel de Quevedo
tus viejos mensajes releo.
Llegando a Viveros,
en mí brotan los recuerdos.
Hacia Coyoacán quisiera escapar,
mas las rápidas
y furiosas puertas
no me dejan bajar.
Busco el apoyo fraterno en Zapata,
pero solo encuentro
desahogo bruto
y una desolada plaza.
División del Norte es tu estación favorita,
llena de música
y hoy tan silenciosa.
Pasando Eugenia trato de ya no pensarte;
en Copilco, con mi corazón, dejarte.
Yo me bajo en Etiopía,
plaza de la Transparencia;
me quedo en mi tristeza.
Por: Elizabeh López Gómez
A veces la música sabe lo que sentimos