Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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"Moscas" (2026, Dir. Fernando Eimbcke)

Tic tac interior

Número 23 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2026

Pensar demasiado también puede alejarnos de quienes somos

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Marisol León Díaz

Facultad de Ciencias

Los listones colgados en la pared se mecían suavemente gracias al rápido giro de las aspas del techo, pero estas no generaban el aire suficiente para evitar que gotas de sudor resbalaran por tu piel debido al calor.

Al levantar la vista encontraste, en cajas, estantes e incluso largos cilindros de plástico, tantos juguetes como libros hay en tus estanterías. Tal vez, en algún momento, tu habitación también lucía así, antes de que cambiaras los peluches, trenes y muñecas por aparatos electrónicos. Tus juguetes también se encuentran guardados en cajas, pero no recuerdas cuándo fue la última vez que las abriste. Han pasado años desde aquellas tardes en las que te perdías entre historias y ahora solo recuerdas, mediante los sueños nostálgicos que se han vuelto frecuentes, lo feliz que eras en aquellos mundos de fantasía.

La mayoría de los muñecos parecían apuntar hacia ti, pero ninguno te devolvía la mirada, recordándote que esa etapa de tu vida había terminado hace mucho tiempo. Como si supieran que ya no perteneces ahí y fueran indiferentes a tu presencia. Si algún día te asomaras a las repisas donde descansan durante largos periodos de olvido, tus juguetes tampoco te mirarían. No los culparías por eso.

Escuchaste un maullido a tu izquierda. Sentiste cómo el gato que se coló por la puerta entreabierta se restregaba contra tu tobillo mientras te pedía caricias. Era el mismo que te mordió el brazo dos noches atrás, después de que respondieras a esa misma petición de afecto. Sabías que no había sido culpa del animal; solo se había emocionado y quería jugar contigo. A pesar de ello, no pudiste evitar ignorarlo después de dirigirle una mirada recelosa.

Te sobresaltó escuchar una puerta cerrarse de golpe en otra parte de la casa donde estabas de visita. Intentaste recuperar el hilo de pensamientos que seguías antes de interrumpir tu lectura y reparar en la presencia de los juguetes a tu alrededor. O, mejor dicho, antes de darte cuenta de que no entendías lo que estabas leyendo.

Eso no te ocurría antes. No antes de los errores, arrepentimientos y pérdidas que ahora te atormentaban. Sentiste el enojo que te provocaba pensar en tu presente. Había tantas cosas que querías hacer: series que querías ver, lugares que querías visitar, proyectos que querías iniciar. Sin embargo, nunca lograbas concentrarte cuando jurabas que por fin ibas a comenzar. Siempre terminabas dejándolo para después.

Quieres volver a sentir que tienes el control de tu vida, pero lo único que puedes hacer es sentarte en medio de un mundo que ni siquiera es tuyo e, inmóvil, pensar. Huyes una vez más de la sensación de que ya no eres quien solías ser.

Los arrepentimientos del pasado y la ansiedad por el futuro hicieron que te temblara todo el cuerpo. Hay cosas que debiste haber empezado hace tiempo: ahorrar, hacer ejercicio o ponerte a estudiar en lugar de pasar horas viendo el celular.

Tienes planes, muchos planes, pero no puedes hacer otra cosa más que escuchar el tic tac del reloj sobre la estantería. Es tu reloj de muñeca, el que descansa sobre la madera blanca a tu derecha. Tu favorito.

El tic tac suena mientras tus sueños se escapan.

El tic tac suena mientras las oportunidades pasan frente a ti.

El tic tac suena mientras no haces nada.

Sientes que quizá deberías huir de todo, tal como el gato huyó cuando golpeaste el suelo con la palma de la mano, vencido por la frustración. Tu respiración se agita y sientes que ya no puedes contener las lágrimas.

De repente, la puerta se abrió por completo.

Una niña pequeña, con una enorme sonrisa y unos ojos despreocupados, ajenos a tus pensamientos, te observó durante unos segundos.

Qué afortunados son quienes aún no se enfrentan a eso que corrompe a las personas; aquello que atormenta a quienes tienen la mala costumbre de pensar demasiado, pensaste.

Con una voz dulce e inocente, te preguntó:

—¿Jugamos?

—Sí —respondiste.

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