En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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crédito: Tima Miroshnichenko

Salud mental: privilegio disfrazado de derecho

Número 6 / AGOSTO - OCTUBRE 2022

Debemos exigir tener un mejor programa de bienestar mental al alcance de todxs

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Emma Urbina Osorio

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 2 Erasmo Castellanos Quinto

Punto uno: está bien no estar bien. Punto dos: está bien buscar ayuda. Punto tres: está bien desmentir que ir a terapia nos convierte en locos. Punto cuatro: pero no está bien no poder recibir lo que por derecho nos corresponde, derecho a la salud mental.

El bienestar psicológico se ha convertido en un tema concurrido que genera diversas preguntas entre la sociedad, debido a que suele tener opiniones contrastantes sobre cómo abordarlo. Si bien se debería considerar una prioridad, la realidad apunta a que la salud mental es un privilegio disfrazado de derecho.

En comparación a otras naciones, la mayoría de los mexicanos no suele darle la importancia que requiere este punto, minimizando su impacto en la vida diaria y desprestigiando a quienes laboran en ella. Esto, a su vez, provoca el tardío reconocimiento del bienestar psicológico como algo vital entre las personas.

Sin embargo, tras el inicio de la pandemia y el aislamiento social, diversos estados emocionales se multiplicaron entre la población generando un particular interés en la salud mental, fue así como los “psi” comenzaron su moda.

Profesiones como la psicología y psiquiatría fueron mayormente visibilizadas y concientizadas a través de redes sociales, impulsando a atender los problemas emocionales sin ser vistos como tabú. Esto ha ayudado a normalizar el buscar un bienestar mental, principalmente entre los jóvenes. Mas la percepción de la sociedad entera suele ser aún divisible.

Si bien las plataformas en internet han hecho su parte en cuanto a informar más sobre estos problemas, la realidad indica que el tratamiento lo adquiere una persona de un estado privilegiado que puede cubrir los costos; por lo que sólo una parte del total de la población que requiere ayuda realmente la obtiene.

Lo anterior sólo se podría recompensar con las diversas instituciones (públicas y privadas) junto con los programas gratuitos (algunos impulsados por la UNAM o UAM), enfocados en aquellas personas vulnerables que no poseen los recursos de adquirir un servicio privado. Si bien estos apoyos en línea están actualmente en funcionamiento, difícilmente pueden cubrir un seguimiento de caso, provocando que sirvan más como un recurso de contención temporal del estado emocional que un tratamiento real.

Entre la comunidad estudiantil es común observar jóvenes que requieren una asistencia psicológica, sin embargo, ya sea por problemas monetarios o por la falta de apoyo por parte de los padres, no es posible tenerla. Es por ello que no sólo se requiere una mayor normalización de la salud mental entre la población, sino una inversión más alta en su prevención y seguimiento.

Para finalizar, es importante no dejar de lado que la salud no sólo abarca el ámbito físico, sino también el mental, lo que por ende lo vuelve un derecho para todas las personas. Aunque si bien la percepción en la sociedad llega a ser minimizada, tras la pandemia se ha incrementado la concientización, generando que se aspire a tener un mejor programa de bienestar mental al alcance de todos.

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