En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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CRÉDITO: Humberto Santiago Martinez Arazo / Facultad de Artes y Diseño

Nuevas religiosidades

Número 12 / ENERO - MARZO 2024

Los horóscopos y los totemismos, las creencias de las juventudes de hoy

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Rodrigo Chávez Herrera

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

El anhelo renacentista del oxidado positivismo quedó no solo en el olvido sino en una franca descomposición, después de que asumimos que poco de lo que nos rodea se puede explicar de manera científica o metódica sin caer en la simplificación de las cosas.

El sueño de Durkheim, pero, sobre todo el incesante bombardeo -cuasi enfermo- de Comte de crear una sociedad basada en principios científicos se desmoronó cuando la ciencia se convirtió en la nueva religión cuyo Dios se volvió el dinero.

Durante todo el siglo XIX y el siglo XX los avances tecnológicos fueron usados para producir más, para acrecentar las ganancias y finalmente para acribillar a las personas en guerras por el control territorial y económico. La ciencia fue la herramienta más rentable del Dios dinero.

Ya entrado el siglo XXI, las nuevas generaciones cuestionan el fracaso del positivismo al verse inmersas en dinámicas que dinamitan el presente y futuro y truncan todas las posibilidades de subsistencia personal en nombre de la bonanza económica. Ahora vuelve la necesidad de tener fe para solventar la cotidianidad. 

La de ahora no es una fe católica o formal, por el contrario, es una fe que busca dentro de los bagajes humanos, es flexible y no sobredemanda de lo mundano una adhesión completa ni exige de sí más que un par de minutos al levantarse por la mañana. Al final del día uno no tiene el tiempo de ir al templo, la mezquita o a otro lugar que no sea un centro de producción.

Así fue como dimos, de nueva cuenta, con los horóscopos, los totemismos y aquellas formas religiosas que el propio Durkheim catalogó en algún momento como primitivas y condenadas a desaparecer por la modernidad. Hoy son esas formas elementales las que ayudan a paliar los estragos de la modernidad y del capitalismo tardío.

Hoy las juventudes leen los horóscopos semanales como un ritual de adecuación que no determina sus vidas, ahora se lee el horóscopo como en otros tiempos se rezaba. No cambian su vida en función de los horóscopos pero, por si acaso, se previenen con las suertes.

La religión sigue siendo un punto nodal de la sociedad aunque esta se haya vuelto más laxa y retome lo elemental únicamente para dar sensaciones paliativas. No es sensato creer que la religiosidad o los mitos son innecesarios en la vida, tampoco se trata de creer que lo determinan todo. Creo, de manera temeraria, que las juventudes han aprendido a jugar a dos bandas: por un lado entienden la materialidad críticamente, con metodología y rigor, pero por el otro lado, de manera irrenunciable, entregan su incertidumbre a nuevas religiones que además no buscan limitar su vida cotidiana.

Alguna vez un profesor nos instó a entender que todo aquello cuyo efecto en la sociedad sea real, existe; por consecuencia la religión y toda creencia es verdadera en cuanto nos paramos a cuestionar o a dedicarle lectura y pensamiento. Comte se revuelca en su tumba positivista ante la nueva relación entre religión, sociedad y ciencia que se edifica en nuestras manos.

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