Moverse sin soltarse
Por: Maia Ximena Maia Moreno
Lo que perdemos mientras seguimos avanzando
Facultad de Artes y Diseño
Facultad de Artes y Diseño
Hoy el transporte iba lleno de cuerpos y de prisa.
De manos que se sostienen, de miradas que no se encuentran.
Todo avanzaba, pero nadie estaba realmente en calma.
En algún punto, sin ruido ni alboroto, algo dejó de ser mío.
No hubo aviso.
Solo ese instante después, cuando buscas y ya no está.
Un vacío pequeño, pero preciso, como si alguien hubiera tomado más que un objeto: un fragmento del día, del esfuerzo, del tiempo.
Aquí el cuerpo aprende.
Se encoge, se ajusta, se anticipa.
Aprende a no confiar del todo, pero tampoco a soltarse.
Aprende a proteger los bolsillos, a sentir el movimiento ajeno, a reconocer una mano que no debería estar ahí. Aprende que, en medio de tanta gente, también puede desaparecer algo sin que nadie lo note.
Nos movemos juntos, apretados, anónimos, compartiendo el mismo trayecto y, a veces, la misma carencia.
Cada quien lleva algo consigo, una pertenencia, una preocupación, un cansancio, algo que no quiere perder. Y aun así, algo se rompe en ese gesto invisible de quitarle al otro.
Porque no desaparece solamente un objeto.
También se pierde, aunque sea por un instante, la sensación de estar a salvo entre los demás.
El transporte no solo desplaza, desgasta, afila los sentidos, nos convierte en presencia alerta.
El cuerpo aprende a desconfiar mientras sigue avanzando.
Y entonces avanzar ya no es solo llegar,
es resistir sin perderse,
es sostener lo poco que es propio
mientras todo alrededor empuja.
Moverse sin soltarse.
Por: Elizabeh López Gómez
A veces la música sabe lo que sentimos