En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
CRÉDITO: Alejandra Contreras Caballero | Facultad de Artes y Diseño

Libertad responsable en la UNAM

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

La paz requiere de promover empatía, ética y respeto

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Sonia Torres Campa

Facultad Ciencias Políticas y Sociales

Hablar de paz en una sociedad como la nuestra exige, necesariamente, hablar de libertad. La libertad es uno de los valores más preciados para el ser humano, reconocido en múltiples marcos jurídicos y éticos universales. Sin embargo, también es un concepto que genera tensión cuando no se ejerce con responsabilidad. La violencia cotidiana que se manifiesta en nuestras calles, escuelas y comunidades, desde la burla y la exclusión, hasta los crímenes más atroces, es un recordatorio de que la libertad, cuando se transforma en libertinaje, puede convertirse en un arma.  

El reciente asesinato de un alumno, a manos de otro, en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur de la UNAM es un ejemplo doloroso: la autodeterminación se utilizó para quitarle la vida al otra persona, arrebatándole también su capacidad de estudiar, de expresarse y de soñar. Ante esto surge la pregunta, ¿dónde termina mi libertad y empieza la de los demás?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su Artículo 1 que: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, y en el Artículo 3 afirma que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Estas afirmaciones no sólo reconocen la libertad como universal, sino también como inseparable de la vida y la dignidad. En México, la Constitución protege este principio en su Artículo 1º, donde señala que “…todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte”, destacando la universalidad e inalienabilidad. Es decir, la libertad es un derecho que nadie debería poder arrebatarnos.

No obstante, la libertad no es absoluta. Como escribió en 1859 John Stuart Mill en su ensayo “Sobre  la libertad”, la única justificación válida para limitarla es cuando se convierte en un daño hacia los demás. El derecho a expresarse, actuar o decidir encuentra un límite ético y social cuando afecta la vida, la dignidad o la libertad de otro ser humano. Las violencias cotidianas como insultos, discriminaciones o exclusiones parecen pequeñas, pero generan un ambiente que legitima violencias más graves. Estas prácticas son el terreno fértil de discursos de odio que, en la historia, derivaron en tragedias colectivas: el Holocausto perpetrado por el regimen nazi, el genocidio en Ruanda, la guerra de los Balcanes, y en la actualidad, el genocidio en Palestina. En todos los casos anteriores se invocó discursos de poder o supuestos derechos de unos sobre otros, que terminaron por negar lo más esencial: el derecho de existir.

En la UNAM la libertad de expresión y de organización es una de nuestras mayores riquezas, mas estas libertades deben de asumirse con responsabilidad. Cuando las protestas o disputas estudiantiles cruzan la línea hacia la violencia, dejan de ser un ejercicio de libertad y se convierten en un ataque a la paz universitaria. El caso del CCH Sur no es aislado: nos revela cómo el odio, disfrazado de libertad, puede despojar a alguien de su derecho más básico, la vida. Construir la paz implica entonces un equilibrio delicado, reconocer que todos somos libres solo se sostiene si respetamos al otro. La paz se logra educando en el ejercicio responsable de ella. Esto requiere promover la empatía, la ética y el respeto en cada espacio de convivencia. En este sentido, la comunidad universitaria tiene una responsabilidad histórica: demostrar que la libertad puede vivirse como un derecho compartido y no como un privilegio individual.

Para transformar las violencias cotidianas y evitar que escalen hacia crímenes mayores es necesario construir una cultura de paz basada en la libertad responsable. La UNESCO afirma que la paz no se reduce a la ausencia de guerra, sino que implica un proceso de respeto a la vida, la dignidad y los derechos humanos de todas las personas. Promover en la UNAM, y en la sociedad mexicana, la idea de que “mi libertad depende de tu libertad” es comprender que no hay paz si no aprendemos a cuidar la vida y la dignidad de los demás. La libertad es un derecho inalienable, pero también una responsabilidad. Cuando se usa para dañar deja de ser libertad y se transforma en violencia. El reto de nuestra sociedad es aprender a convivir en un marco donde mi libertad no anule la tuya, sino que ambas puedan coexistir en dignidad. La paz solo puede construirse desde esta conciencia. La pregunta que queda es: ¿cómo logramos, como universidad y como país, educar a las nuevas generaciones para que la libertad nunca se ejerza contra los demás sino con los demás?

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