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Pixabay/Pexels

La urraca malvada

Número 3 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2021

Cuento de final feliz y moraleja; la del pajarillo pecho amarillo

Picture of Mayra Yaretzi Eslava Vázquez

Mayra Yaretzi Eslava Vázquez

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 5, José Vasconcelos

Érase  una vez una urraca malvada que vivía en lo alto de un verde pino.  Esta ave disfrutaba de burlarse de las personas que pasaban por la calle en donde ella habitaba. Cada vez que un vecino caminaba por ahí, la urraca bajaba la cabeza para soltar una estruendosa carcajada a través de su puntiagudo pico:

— ¡Jajaja! que niño tan feo — se mofaba — ¡jajaja! que señora tan gorda — volvía a burlarse la urraca.

Y así pasó mucho tiempo, hasta que cierto día, un bonito pajarillo de pecho amarillo, apareció en un frondoso fresno que se encontraba frente al hogar de la nefasta urraca. En un principio la urraca se molestó porque no quería compartir la calle con otras aves, y justo cuando estaba preparando la mejor carcajada para lanzarle a su nuevo vecino, se llevó una gran sorpresa, pues quedó maravillada ante la belleza de aquel pajarillo de pecho amarillo.

— ¡Buenos días señora urraca! — exclamó el pajarillo con entusiasmo.

— ¿Qué tal caballero? — dijo la urraca intentando disimular su asombro.

— ¿Sabrá usted donde puedo encontrar unas lombrices frescas para desayunar? Ha sido un largo camino y me muero de hambre.

  • Conozco un prado muy bello en donde siempre hay unas lombrices deliciosas y jugosas. Si gusta usted lo puedo acompañar, digo, no sea que se vaya a perder — dijo la urraca pretenciosa para poder conocer mejor a su nuevo amigo.

Y así fueron estas dos aves hasta aquel prado que prometía un suculento desayuno. Charlaron durante todo el día hasta que llegó el momento de que cada quien se fuera a su árbol.

— ¡Hasta mañana amiga! — cantó el pajarillo desde una rama.

  • ¡Hasta mañana! — le respondió la urraca muy feliz.

Cayó el sol, y cuando la urraca estaba a punto de dormir, la alegría recorrió su negro plumaje. Al fin había encontrado un motivo para sonreír, y ya no era por burlarse de las personas que pasaban cerca de su pino, sino porque se sentía querida por alguien.

Pasó el tiempo, y la gente que pasaba por aquel  pino verde notó  que la urraca ya no se burlaba de ellos. Esto era porque ella entendió que eso no la hacía sentirse realmente dichosa, además de que ya estaba muy ocupada para hacerlo, pues todos los días iba de paseo por las praderas cercanas disfrutando de la compañía de su ahora esposo, el pajarillo de pecho amarillo.

Y así fue como esta urraca malvada y burlona después de mucho tiempo se volvió amorosa y amable con el mundo, pues por primera vez, desde lo más profundo de su pequeño corazón, sentía la verdadera felicidad.

Fin.

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