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Crédito: Foto de Balázs Benjamin de Pexels

La milpa

Número 12 / ENERO - MARZO 2024

Hubiera preferido quedarme en la milpa, donde el miedo no lo provoca la sociedad

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Aline Abril Carbajal de León

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 2

Hace unas semanas mi familia y yo salimos de paseo a un terreno rural aislado de las multitudes, un lugar de mi infancia que refleja en su hermoso lago azul los atardeceres que causaban en mí un maravilloso sentimiento, rodeada del terroso perfume que transmiten los árboles bajo el efecto de la repentina lluvia, que alimenta los campos tan bellos y florecientes. 

Sobre la campiña se encontraban volando múltiples mariposas y golondrinas que manipulaban con sus alas el viento templado, mezclándose con los tímidos rayos de sol que atravesaban los árboles.  

Mi familia y yo llegamos a comer carne asada y elotes provenientes del hermoso terreno. Mis primas y yo estábamos sentadas a la entrada del campo, por lo que teníamos una vista bastante agradable. Ante tal situación, creo que nada podía salir mal. 

Surgió la idea de ir a recolectar más elotes. En la milpa, sentí una vibra muy extraña que jamás había sentido en mi vida. ¡Sentía que me vigilaban! Al ser una niña muy miedosa y sensible ante cualquier peligro, me sentí más vulnerable que nunca.  

Las primas que me acompañaban dijeron que mi cabello se levantó como si algo lo atrajera, además, constantemente me agarraba de ellas porque sentía que me jalaban de los pies o del cabello, pero yo no recuerdo nada de eso, solo recuerdo que sentí una leve comezón en la cabeza. En mi cuerpo se notaban unas ansias desesperadas por salir de ese lugar, ¿habrá sido cierto?

Según ellas, yo las obligué a salir de ahí. Llegamos a donde estaban reunidos todos y una tía bastante supersticiosa me dijo que no regresara a los cultivos. Para nada regresé, por temor.

Después me quedé sentada leyendo un libro, como era mi costumbre; cuando, de pronto, al cerrar los ojos para imaginarme cómo era la trama de la historia que leía, de inmediato ya estaba en medio de la milpa. 

Podía ver a mi alrededor lo que más me temía, ese cultivo. Solo podía escuchar insustanciales murmullos, pero por más que gritaba y gritaba, nadie me escuchaba. No podía moverme, sentía que me agarraban de la espalda unas invernales manos. Volteé a todos lados, no había nada, solo mi libro y la naturaleza me acompañaban. El temor e incertidumbre me atacaban, me preguntaba qué pasaba, pero no logré contestarme.

De pronto, sentí un fuerte brinco que me llevaba a lo más profundo que había sentido en mi vida. No lograba ver o escuchar algo, pero de lo que estaba segura, es que el miedo ya no me acechaba. Al final de sentir ese insípido vacío en el estómago por un mínimo instante, aterricé sentada donde originalmente estaba, rodeada de mi familia, conviviendo, pero no lograba explicarme qué había pasado. 

Les pregunté a mis papás acerca de lo sucedido, a lo que solo respondieron que me quedé dormida mientras leía. 

Tras un confuso escenario, no sabía si creerme que había despertado, me di cuenta que era mejor no despertar de una realidad verdaderamente frustrante, donde el miedo me perseguía más aún que en la supuesta alucinación que tuve al quedarme dormida. Es una realidad en la que se estaba haciendo imposible vivir. 

Hubiera preferido quedarme en la milpa, donde los gritos son inauditos e invisibles, donde la inmovilidad es por ansiedad de salir de ese lugar inexplorado y donde las manos frías solo eran de un fantasma… Hubiera preferido quedarme en la milpa, donde el miedo no lo provoca la sociedad, sino fragmentos de cultivo. 

A veces una pesadilla es mejor que nuestra horrenda realidad. Al despertar, las mujeres somos víctimas de mi visión en la milpa, los gritos de desesperación al no poder contar situaciones que muchos no comprenden. La inmovilidad, sembrada por el miedo, que por más que quieras actuar, tus acciones se convierten en polvo. Y esas manos frías de la misoginia, el machismo y el acoso que desgraciadamente se está haciendo cotidiano para esta sociedad que no sabe despertar de un sueño en la milpa. 

Yo me quedé dormida, tuve la fortuna de despertar, pero muchas mujeres ya no pudieron, y es mi oportunidad de gritar por ellas. 

 

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