Lo que está pasando, tendencias y recomendaciones para ti.
Lo que está pasando, tendencias y recomendaciones para ti.
CRÉDITO: Isabel García Ruiz | FMVZ
Picture of Isabel García Ruiz

Isabel García Ruiz

Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia

La Megaofrenda de la UNAM 2024

Actualidad

Opinión

Un homenaje a la memoria y al cine mexicano en Día de Muertos

Picture of Isabel García Ruiz

Isabel García Ruiz

Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia

La Megaofrenda de la UNAM 2024 fue una jornada vibrante y mágica en la que el espacio universitario y el alma mexicana se encontraron. Cada año, esta ofrenda se convierte en un símbolo cultural en el que el pasado y el presente coexisten, recordándonos el valor de nuestras raíces y la importancia de honrar a los que ya no están. En esta edición, realizada en el Museo Universum bajo el tema “México visto a través de la lente”, la UNAM dedicó su festival anual a una celebración en la que se rindió homenaje al cine mexicano, abordando los filmes y figuras que han definido la identidad cultural del país a través de la pantalla grande.

Una vez al año, el aire en la Universidad Nacional Autónoma de México se transforma. La universidad, que usualmente se colma de voces apresuradas y risas de los estudiantes, cambia su bullicio por un murmullo solemne y festivo. Este año, el cambio fue especialmente mágico; la Megaofrenda 2024 había llegado al Museo Universum, y la expectativa se sentía en cada rincón. A lo largo de la explanada, 71 ofrendas fueron colocadas por cada facultad, plantel y escuela incorporada. Estas estructuras eran verdaderas piezas de arte que no solo recordaban a los muertos sino que también destacaban escenas icónicas del cine nacional. La sensación era de entrar en una dimensión alterna, un espacio sagrado de memorias colectivas y personales en el que cada altar revelaba la historia de un México vivo en la memoria y preservado en el celuloide. Se decía que la temática de esta edición miraba hacia el cine, hacia el México que había sido capturado en pantalla, a los héroes y villanos, a los momentos épicos y aquellos instantes casi etéreos.

Al entrar, los visitantes sentíamos de inmediato la presencia de algo profundo y poderoso. La entrada estaba decorada con calaveras de azúcar y caminos de cempasúchil tan vivos y anaranjados que parecían brillar por cuenta propia. Al avanzar, nos topábamos con un sinfín de altares dedicados a los íconos del cine mexicano. Cada altar parecía una ventana que daba hacia un México de historias, leyendas y melodías que habían quedado atrapadas en el tiempo.

Uno de los altares estaba dedicado a Macario, el campesino cuyo sueño de tener un banquete con su propia alma es una metáfora de los deseos y miedos de un pueblo entero. Allí, una figura de él, con su sombrero y mirada profunda, parecía mirar a los espectadores con una mezcla de melancolía y sabiduría. Justo a su lado, una figura de La Llorona, con sus ojos vacíos y su lamento silencioso, recordaba a todos la mezcla de miedo y respeto con la que se perciben estas historias en el México profundo.

Las luces y las sombras danzaban en el aire, iluminadas por las velas dispuestas en cada altar, y el aroma a incienso llenaba el espacio. La Megaofrenda se había convertido en un teatro de recuerdos, un lugar donde las historias cobraban vida y volvían a narrarse una y otra vez. Los visitantes observábamos cada altar con devoción, leíamos los mensajes, mirábamos las fotos de los ídolos del cine que se convirtieron en figuras eternas del alma mexicana. Había un ambiente de reverencia, casi de nostalgia, que envolvía a cada persona en el lugar. Adultos y ancianos compartían con los más jóvenes las anécdotas de aquellos días en que esas películas llenaban las salas de cine de barrio. Era como si, por un momento, todos ellos fueran parte de la misma historia, una en la que los vivos y los muertos, los recuerdos y los sueños, podían encontrarse bajo la luz temblorosa de una vela.

Al final de la noche, cuando el bullicio fue decayendo, se quedó un silencio cálido, un eco de risas y suspiros que parecía suspenderse en el aire. La Megaofrenda se cerró entre murmullos de agradecimiento, con el recuerdo de esos personajes y esas historias mexicanas que, como la noche, vuelven siempre para iluminar los sueños de aquellos que aún escuchan.

Más sobre Actualidad

El Día Mundial del Teatro

Por Kathy García Reyes
Celebremos este arte conociendo un poco de su historia y evolución

Leer

¿Qué pasó en el rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco?

Por José Gerónimo
No vamos a caminar con quienes nos metieron en este infierno

Leer

De brujas, escobas y resistencia

Por Isabel García
La danza como espejo del poder femenino

Leer

Un encuentro literario en los jardines de Coyoacán

Por Jaime Martínez Aguilar
Te invitamos a conocer la Feria Internacional del Libro de Coyoacán

Leer

 Los hombres y el 8M

Por José Gerónimo
¿Qué responsabilidades tenemos los hombres durante el 8M?

Leer

Un día sin migrantes

Por José Gerónimo
El sueño de Trump de deportar masivamente podría volverse una pesadilla

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

La Megaofrenda de la UNAM 2024

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

fourteen − 8 =