En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
Crédito: Lilian Escareño / Facultad de Medicina

Ideologías en las aulas

Número 15 / OCTUBRE - DICIEMBRE 2024

De la libertad de cátedra al adoctrinamiento político

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Mónica Valverde Saucedo

Facultad de Derecho

La libertad de cátedra puede entenderse como la facultad de que disponen los docentes para desarrollar, enseñar y discutir sobre cualquier tema o idea de interés personal sin riesgo de sanción alguna, además les permite establecer el orden de sus planes y programas de estudio de acuerdo con lo que considere más adecuado para sus estudiantes. Esta libertad se consolidó en la UNAM en 1929 a partir de la histórica obtención de la autonomía universitaria. Esto significó, para la institución, el derecho de autogobernarse, lo que contemplaba la capacidad de determinar sus programas académicos y su impartición; de esta forma, la libertad de cátedra se reafirmó en el momento en que la UNAM se liberaba del control directo del gobierno. 

La libertad de cátedra ha sido fundamental para el desarrollo de la Facultad de Derecho, pues ha permitido a nuestros profesores enseñar sin ningún tipo de censura e indagar en aquellos temas que consideran enriquecedores para nuestras lecciones. Pero, ¿hasta qué punto los docentes utilizan esta libertad de cátedra para no solo impartir conocimiento, sino imponer sus ideologías políticas? 

De acuerdo con el Marco Institucional de Docencia, segundo apartado sobre Principios Generales Relativos a la Docencia, el docente, además de poder crear y modificar libremente sus planes y programas de estudio, puede expresar sus opiniones sin restricción alguna, salvo que vulnere el respeto y tolerancia en ideas. Este marco también decreta que en la labor docente debe haber un espacio para el diálogo franco, abierto, ordenado, informado, responsable y respetuoso que permita a los involucrados expresarse sin temores; siendo, además, libre de prestarse para discusiones críticas sobre cuestiones universitarias, nacionales y universales para proponer un diagnóstico, así como análisis y soluciones alternativas. 

Pero, ¿realmente se cumple del todo este marco institucional en su ejercicio? La respuesta es no. Para empezar, el docente sí expresa sus opiniones e ideas sin ningún tipo de restricción, aun cuando están alineadas a dogmatismos o hegemonías; además, se planta en el salón como la máxima autoridad, e incluso ese pequeño escalón que separa su escritorio de los pupitres de los alumnos le proporciona cierta superioridad; su postura firme y esa mirada siempre observando y juzgando desde arriba, nos muestran una clara separación entre docente y estudiantes. 

Ahora bien, los principios previamente mencionados establecen que debe de existir un diálogo abierto, informado y respetuoso que permita la libre expresión de los individuos en un espacio crítico y analítico, no obstante, ¿cómo podemos ser críticos, tener un diálogo abierto y estar realmente informados si solo nos enseñan un lado de la moneda? Debo de aceptar que mi facultad, la H. Facultad de Derecho, falla gravemente en la pluralidad de discursos. Es bien sabido que en este lugar la mayoría de discursos y opiniones atienden a ideologías de derecha: profesores y catedráticos atienden a cuestiones políticas desde esta perspectiva y es lo que solemos escuchar en las aulas, se comete el error de mantener esta postura casi en todo momento y no dejar más que pequeños espacios para que aquellos que no comparten sus preferencias se expresen y den sus opiniones. Si solo se nos muestra una perspectiva, nunca llegaremos a formarnos de manera crítica y analítica, es por esto que como alumnos debemos exigir y trabajar por espacios más incluyentes, los cuales busquen la integración de diferentes ideales y posturas para la diversificación y mayor comprensión sobre temas sociales y políticos. 

He aquí el problema y el peligro que puede surgir con los discursos políticos a raíz de la libertad de cátedra y la falta de autocrítica para decidir qué pensar y qué creer. La ideología y posturas de derecha son lo más prominente en mi facultad, el problema que veo en la falta de diversidad en discursos es que si todo el tiempo nos educamos y escuchamos la misma ideología solo que bajo diferentes personas, a la larga puede que sea eso lo que nosotros también creamos y argumentemos. La libertad de cátedra debería ser opinar, no imponer. Nosotros, como estudiantes, debemos indagar más allá de aquello que imparten nuestros profesores, debemos buscar ser más decisivos al valorar y contemplar el panorama completo. 

Está bien que te alinees a la derecha, está bien que prefieras la izquierda, está bien que te consideres apartidista, está bien que tengas cualquier opinión que sostengas, lo importante es que tengas esa opinión porque tú mismo la crees, no porque es lo que único que escuchaste y se te enseñó.

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