Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Henrik Pfitzenmaier/Pexels

Estela

Número 4 / ENERO - MARZO 2022

Llegaste como precioso fragmento de astro en la atroz tierra… con tu hermosura

Picture of Elizabeth Wilde

Elizabeth Wilde

Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Naucalpan

Ella está ahí, yo sólo observo la furibunda figura: los ojos sacan cólera y sufrimiento, su venganza estará completada. La acción-reacción se volvía más y más contra mí, por cada movimiento efectuado el espectro parece avanzar más y con cada parpadeo la lóbrega mujer se desfiguraba de sus antes perfectos rasgos; ahora pasaba a ser un tenebroso haz, insostenible de mirar, ¡ya no quiero, no!

Ahora mismo parece que estuvieras pronunciando en serenos cantos de dolor y frustración… Te vi como una dulce melodía rociada en mi alma, no dudé que en ese momento el universo nos unió. Yo solo quería protegerte y darte la ilusión que los enamorados, pero luego mi dulce estrella, así como has llenado la vida de pasión, estrella mía, también de estragos en esta ventura: soy adicto, soy adicto a esta tentación.

Llegaste como precioso fragmento de astro en la atroz tierra… con tu hermosura. Al contemplar tal belleza di con una perspectiva diferente de esta insípida vida; esto me dio al momento un flechazo, me siguió ese presidio para dirigirte la palabra, que fue costoso…

Una sortija en ambos dedos sólo era nuestro adentramiento al infierno, porque el impertinente destino te conduciría a tu lecho de muerte y muy posiblemente la mía está al filo de suceder.

¡Por qué no me diste un hijo por qué mujer! La decepción, la llama de vesanía y perversidad de nuestros actos, le hizo daño esto a este edén destruido por su Adán y Eva, cometiéndose la irresolución.

Ese día fue el día, el día que se tiró de la borda.

Mi apatía que se conservó mientras tú con esa dulzura cortaste tu vida como siniestras rosas con espinas mi querida. Debí ser consciente de mis actos, de no haberte desgañitado, no hubieses corrido hacia el lugar de tu atropello, la cruda imagen que arde como carbón caliente en mi pecho, me hizo despertar el aciago rencor de tu alma.

Ahora veo como más y más te acercas con llamas ardientes en tus oscuras cuencas, que perforan mi pesar y me llevan contigo dulce destello mío; pero tu vas a el cielo yo al infierno por nuestras acciones, si pudiera rehacer todo como el doloroso renacimiento, lo haría.

Aquí me tienes, ejecuta la acción reacción del desconsuelo… Estela.

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