Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
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¿Por qué las drogas son tan efectivas? Independientemente de los componentes y explicaciones biológicas y científicas, si analizamos desde el campo de las ciencias sociales, encontraremos una sociedad cansada y deprimida que busca mecanismos para evadir la realidad en la que vive. También podemos relacionar la droga con el progreso y la producción, ya que para la sociedad del consumo, aquel que no produce está condenado al rechazo social y a la pérdida financiera, por lo tanto, para no perder, se ingieren sustancias que permiten el “máximo desarrollo de nuestras capacidades”.
La función de lo lúdico, de lo entretenido, se ha transformado, como muchos conceptos, bajo la visión y función de un nuevo sistema económico que permea en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Lo divertido es sinónimo de instantáneo gracias a la era digital y al constante flujo de información que conlleva nuestra vida diaria. La rapidez, la velocidad y la falta reciente de contacto físico motiva a la individualidad, a estar en un estado que involucra la incapacidad de voltear a ver al otro. Es aquí cuando el privilegio nos hace incapaces de observar lo que sucede a nuestro alrededor.
Lo recreativo a veces está ligado con una posición de clase. No exclusivamente con las drogas, me refiero a que en múltiples espacios donde la diversión se comercializa, el nivel de entretenimiento casi siempre está asociado con el alcance socioeconómico y qué tanto se puede pagar por este. Hablar del uso lúdico de las drogas implica omitir un primer debate que debería ser fundamental en la sociedad mexicana: ¿cuáles son las personas que principalmente disfrutan los “beneficios” de dichas sustancias?
El consumo de sustancias para aumentar la creatividad o la calidad de vida implica un conocimiento de estas técnicas y un nivel socioeconómico elevado. Muchos artistas o científicos han levantado la voz para poder abrir un espacio dentro del campo médico y romper con el estigma negativo que implica el diálogo con esta situación. Sin embargo, el hecho de que hayan sido estas personalidades aquellas que se han pronunciado a favor del debate denota una cierta cuestión de privilegio. Es así que, a pesar de que en muchos países de Sudamérica se legalizó o se inició un proceso de despenalización, el consumo medicinal sigue estando en niveles bajos o inexistentes.
Canadá fue una nación pionera en la legalización del cannabis para tratar problemas relacionados con la ansiedad y el estrés. Este no está caracterizado por un cultivo propio o por consumo local, sino que el mercado está controlado por 25 empresas las cuales colaboran con monstruos comerciales como Coca Cola o Amazon para poder sumergirse en investigaciones novedosas como bebidas o apertura de mercados. Durante el año de 2021, la empresa Xebra Brands, mediante una decisión de la Suprema Corte de Justicia, comenzó a tener cultivos de marihuana dentro de territorio mexicano, a pesar de simular medidas progresistas, el consumo de estupefacientes en Canadá utiliza las mismas tácticas violentas de la descentralización y la monopolización de los productos, dando cuenta de que no son los efectos positivos de estos en las personas la principal prioridad de las leyes establecidas, sino que es la reactivación y la incursión de un nuevo producto en el mercado.
Las drogas no solamente son un producto, sino que son una demostración de poder y una capacidad de negociación más allá del goce que generen. Son un instrumento de presión política donde se utilizan como pretexto para justificar intervenciones rapaces y carentes de empatía. Las drogas son un vehículo de la violencia mundial, principalmente en América Latina, han creado un contexto violento para prácticamente todo el continente, un procedimiento tan complicado y refinado para la transportación, producción y la comercialización de las drogas que las organizaciones encargadas superan en gran medida a cualquier tipo de gobierno u organización internacional encargada de su prevención. A su vez, las drogas son una salida económica para buena parte de la población; aprovechan el contexto desigual en un continente permanentemente herido por sus antiguos colonizadores, y por aquellos que ven en él una oportunidad para explotar sus recursos y su gente a costa del bienestar de las comunidades.
Por otra parte, las drogas también forman parte de una cultura dentro de estas sociedades, el narcotráfico funge la función de una especie de “resistencia” ante un sistema que privilegia condiciones como el color de la piel, el nivel educativo-cultural de su gente y el individualismo en una cultura latinoamericana que prepondera la familia y la unión entre sus miembros. Figuras como Jesús Malverde, el santo de los narcotraficantes, indican que la función del narcotráfico y de las drogas, al menos dentro del territorio mexicano, no es la romantización de sus efectos ni el reconocimiento de sus beneficios, sino que las drogas son una manera de subsistir de aquellos que han sido relegados a segundo plano toda su vida.
Es realmente extenso abordar todas las perspectivas en las que podemos ver las drogas y esa no es mi intención. La realidad es que dentro de ámbitos académicos y estudiantiles los cuales se encuentran bajo una perspectiva privilegiada, los debates acerca de las drogas recaen en un falso moralismo, donde mientras una parte lucha por la libertad de la legalización, otros retoman valores religiosos y conservadores, invisibilizando los demás factores que pueden ayudar a tomar decisiones con respecto al tema. Sin embargo, la violencia que implica y los diferentes factores culturales es algo que no se toca comúnmente dentro de los debates tanto en el ámbito político como en el estudio académico, invisibilizando el sufrimiento que día con día millones de personas padecen dentro de sus casas, de su familia, de sus amigos y entornos cercanos.
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