Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Sur
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En el corazón de nuestro sistema democrático laten tres poderes, que representan la voz, la voluntad y la justicia del pueblo, son: ejecutivo, legislativo y judicial. Pero poco se habla de “el cuarto poder”, que incluso puede llegar a ser más influyente que los demás. Es un poder que no está grabado en las leyes ni se sienta en los parlamentos, pero que moldea nuestras percepciones y determina nuestras acciones: el poder de los medios de comunicación.
Actualmente, estos medios han adquirido una influencia sin precedentes, penetrando en cada aspecto de nuestras vidas, llegando a cada rincón del mundo. Desde la prensa impresa hasta la omnipresencia del internet y las redes sociales, los medios tienen el poder de informar, interpretar y dar forma a nuestra impresión del mundo que nos rodea.
Los medios de comunicación desempeñan un papel crucial en la estructura y el funcionamiento de nuestra sociedad democrática. Perseveran la historia, son los guardianes de la verdad, los vigilantes del poder político y los portavoces de la “justicia”.
Sin embargo, “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”, obligándose a informar con precisión, imparcialidad y ética.
Teniendo este poder en la palma de nuestra mano y con plataformas y medios que hacen visibles nuestras opiniones, como lo es “¡Goooya!”, es crucial promover una visión del mundo que no siempre es perceptible para todos. Es necesario visibilizar lo que ocurre en nuestra sociedad, especialmente cuando se trata de prácticas que perpetúan la violencia y el sufrimiento. Recientemente, se reanudó la llamada “fiesta brava”, donde aquellos que apoyan esta practica se excusan bajo el argumento de “Arte y cultura”, sin embargo, debemos reconocer que la tauromaquia es tortura y explotación, y que justificarla bajo la premisa del empleo es similar a justificar otras atrocidades como el narcotráfico, la trata de personas o la pornografía infantil, que si bien también son una fuente de “trabajo” no quiere decir que sean correctas.
El hecho de que la tauromaquia se transmita en televisión representa un problema aún mayor, ya que expone a niños y adolescentes en pleno desarrollo a la normalización de la violencia y el sufrimiento animal. Es urgente que tomemos medidas para detener esta práctica y proteger a los animales que son explotados en nombre del “entretenimiento” humano.
Te hago un llamado directo a ti, querido lector, a participar en la próxima encuesta que definirá la vida de miles de animales más. Tu voz y tu voto pueden marcar la diferencia entre perpetuar el sufrimiento o avanzar hacia un mundo más compasivo y ético. No subestimes el poder de tu acción individual para generar un gran cambio significativo en nuestra sociedad. Cada voz cuenta, y cada voto puede marcar la diferencia en la definición del futuro, incluso para aquellos que no tienen voz en el proceso político, los miles de animales cuyas vidas están en juego. Hablando por esta generación, que no necesita torturar para divertirse, tu participación en la próxima encuesta no solo refleja tus valores éticos, sino que también enviará un mensaje claro de solidaridad hacia aquellos cuyas voces no pueden ser escuchadas.
Es hora de alzar nuestra voz en contra de la crueldad y trabajar juntos hacia un futuro donde los derechos y el bienestar de todos los seres sintientes sean respetados y protegidos. Solo a través de una participación activa y comprometida podemos construir un mundo más justo y compasivo para todos, donde la bondad y la empatía prevalezcan sobre la indiferencia y la crueldad. Para muchos, especialmente las juventudes, los medios de comunicación son una ventana al mundo, fuente de inspiración y una plataforma para expresar sus opiniones y preocupaciones, pero también somos vulnerables a la desinformación, la manipulación y la polarización que pueden socavar su participación activa en la política en la sociedad.
Es crucial ahora más que nunca, desarrollar habilidades de consumo crítico, pues debemos aprender a cuestionar, analizar y discernir la información que nos llega a través de los medios, separando la verdad de la falsedad, la objetividad de la parcialidad.
Pero no basta con ser meros espectadores de este poder. Debemos ser parte de él. Debemos levantar nuestras voces, compartir nuestras perspectivas y contribuir a un debate público más rico y diverso. Solo así podemos construir una sociedad verdaderamente democrática y justa. Es hora de liberar nuestra esencia, de ser nuestra propia voz, porque juntos podemos hacer de este país un lugar mejor para todos los seres sintientes.
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