Facultad de Psicología
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Consciente o inconscientemente, los profesionales de la salud actúan de acuerdo con un modelo de relación atención de la salud-usuarios de los servicios de salud (se opta por este término sobre el de relación médico-paciente, pues contempla la complejidad de la relación y a las dos realidades que interactúan1) que han aprendido a lo largo de su formación, siendo, en la mayoría de las veces, el modelo biomédico, al que además consideran más vanguardista. El problema con el enfoque biomédico de la atención radica en que simplifica los problemas de salud, pues promueve una forma de relación fría e incompleta con los usuarios.
Por ejemplo, en 2007 el entonces presidente de México, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, declaró la guerra al narcotráfico. Desde su perspectiva, la solución era clara: muerto el perro, terminada la rabia. No obstante, esta es una respuesta sencilla para un problema complejo. Si no se entienden los determinantes estructurales responsables del narcotráfico en México, lo único que se logra con esta estrategia es inaugurar una fábrica de muertes prevenibles, principalmente de hombres jóvenes2. Con esto pretendo ilustrar el riesgo de simplificar los problemas, al tiempo que enfatizo la importancia de entender los fenómenos en toda su extensión para proponer soluciones complejas y correctas a problemas complejos.
Ciertamente, la pandemia producida por el virus SARS-CoV-19 fue algo para lo que ninguna sociedad estaba preparada. La respuesta rápida es un factor importante para reducir el número de muertes en cualquier pandemia, presente o futura. En México surgió un debate en torno a la respuesta que debió ofrecer el gobierno. Unos promovieron la cuarentena obligatoria, lo cual coincide con un modelo paternalista de atención sanitaria. Esta solución implica que los profesionales de la salud saben lo que se debe hacer para controlar la pandemia, pero no consideran a los usuarios de los sistemas de salud ni a la realidad social. Además, es posible que esta enfermedad pueda volverse endémica, como ocurrió con la gripe española, por lo cual las sociedades deben aprender a vivir con la enfermedad. Cabe mencionar que los países que optaron por la cuarentena obligatoria están presentando rebrotes con altos contagios, pues el confinamiento no puede durar sin comprometer la economía de las sociedades.
La otra opción requiere de la participación conjunta del sistema de salud con la sociedad. De acuerdo con el modelo de las decisiones compartidas, los usuarios deben comprometerse con su salud, adaptando las propuestas de los expertos a su propia realidad. La diversidad cultural y social de México ejemplifica la imposibilidad de aplicar soluciones universales, pues cada caso es único. El modelo de la toma de decisiones compartidas es particularmente enfático en este punto, pues se requiere considerar la realidad del paciente, donde las recomendaciones clínicas se inserten en su vida diaria y no entren en conflicto con sus valores. La persona sana debe poder desarrollar sus potencialidades para contribuir productivamente con su comunidad.
En un caso como la pandemia de COVID-19, el compromiso de los ciudadanos con la prevención de la enfermedad y la preservación de la salud es indispensable, pero requiere de la colaboración con los profesionales, incluso con el gobierno, para encontrar y aplicar las mejores soluciones para cada uno.
Además, la pandemia ha puesto de manifiesto las enfermedades crónicas, ya que se encuentran relacionadas con una mayor letalidad de COVID-19. En México, el perfil epidemiológico ha venido cambiando. En ese sentido, las enfermedades crónicas son ya la principal causa de mortalidad.3 En conjunto, el actual perfil epidemiológico de México y la posibilidad de que la COVID-19 se vuelva endémica, hace prioritaria la reducción de la incidencia de las enfermedades crónicas para reducir las muertes por este virus en el futuro. Hay que añadir el hecho de que la esperanza de vida va en aumento y, a mayor edad, mayor probabilidad de padecer una enfermedad crónica.3 Ciertamente, se trata de un fenómeno complejo, que requiere de los profesionales de la salud, los usuarios de los servicios y hasta de los desarrolladores de políticas públicas. Es aquí donde entra el modelo de las decisiones compartidas de la relación profesional de la salud-usuario de los servicios de salud, pues, con el fin de reducir la incidencia de las enfermedades crónicas, se necesita la formación de hábitos saludables, siendo crucial la participación y compromiso de los usuarios de los servicios, tanto para establecer metas como para innovar en las soluciones específicas aplicables al ambiente físico y a la realidad social de los usuarios.4 El modelo de las decisiones compartidas, como se ha analizado en el presente trabajo, también ayuda a guiar a los profesionales de la salud en la forma en la que explican a los usuarios las enfermedades y los diversos tipos de tratamientos (preventivos, curativos, paliativos), mejorando la adherencia terapéutica y evitando daños involuntarios a los usuarios.5 No sólo se requiere traducir la información, se requiere conocer la cultura y valores, los referentes conceptuales del grupo, para poder desarrollar estrategias informativas y de autocuidado en la población.
Reflexión final
Para terminar este texto, es importante notar que los retos que implica la pandemia de COVID-19 ahora y en el futuro cercano posiblemente acelerarán el establecimiento del modelo de las decisiones compartidas de la relación atención de la salud-usuarios de los sistemas de salud como el modelo más general en las interacciones entre los profesionales y los usuarios de los servicios de salud.
Referencias
1. Rodríguez Arce, M.A. Relación médico-paciente. La Habana: Ciencias Médicas, 2008, p. 112.
2. Laurell, A.C. Apuntes sobre violencia, exclusión social y salud colectiva. Apuntes sobre violencia, exclusión y salud colectiva, 11, pp. 38-46, 2017.
3. Soto-Estrada, G., Moreno-Altamirano L., Pahua, G. Panorama epidemiológico de México, principales causas de morbilidad y mortalidad. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM, 56(6), pp. 8-22, 2016.
4. Serra Valdés, M.A., Serra Ruíz, M., Viera García, M. Las enfermedades crónicas no transmisibles: magnitud actual y tendencias futuras. Revista Finlay, 8(2), pp. 140-8, 2018.5. Sánchez D., Contreras Y. La relación médico-paciente y su importancia en la práctica médica. Revista Cubana de Medicina Militar, 43(4), pp. 528-33, 2014.
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